jueves, 27 de septiembre de 2012

EL MODELO ECONÓMICO DE ARGENTINA

POR EL PROFESOR ALDO FERRER*


“Modelo” es la expresión que suele utilizarse en las ciencias sociales para caracterizar la gestión y el comportamiento de la economía de un país. Cuando el modelo se prolonga suficientemente en el tiempo, deja huellas profundas en el tejido económico y social e inserción internacional. Constituye, entonces, una etapa del desarrollo de ese país a través de su historia.

                                            Modelos y etapas.

En la Argentina pueden identificarse varios modelos y etapas de su desarrollo económico. Desde los tiempos iniciales de la conquista hasta finales del siglo XVIII, dentro del régimen del imperio español, prevalecieron las actividades de subsistencia, en regiones de bajo nivel de relaciones recíprocas entre sí y con el resto del mundo. Fue la etapa de las economías regionales de subsistencia. Hasta mediados del siglo XIX, la sucede un período de transición, en el cual comienza una progresiva vinculación con el mercado mundial, mientras se configura la organización nacional después de la Independencia.

A partir de esa época, la revolución industrial liderada por Gran Bretaña “descubre” a la región pampeana del territorio argentino. Por primera vez en su historia, el país surge como un importante centro productor de alimentos y materias primas, mercado para la importación de manufacturas y radicación de capitales. La atracción de corrientes inmigratorias, en un sistema caracterizado por la concentración en la propiedad de la tierra, configura la fragmentación social y liderazgos, económicos y políticos, asociados a la potencia hegemónica y a su estrategia de libre cambio. Fue el modelo liberal y la etapa de la economía primaria exportadora. Los límites de ese sistema para el desarrollo económico del país y el derrumbe del orden mundial con la crisis de 1930 abrieron un nuevo período. En el mismo, comenzó el demorado proceso de industrialización, en el contexto de la inestabilidad institucional. La transformación no alcanzó para conformar una economía avanzada ni logró consolidar los equilibrios macroeconómicos fundamentales. Fue el período de la “industrialización inconclusa”, que se cierra con el golpe de Estado de 1976.

A partir de entonces, la política económica se somete a las reglas de la especulación dentro de la financiarización del orden económico internacional, la desregulación del mercado y la extranjerización del patrimonio público. Esa etapa (1976-2001), de la “hegemonía neoliberal”, es la peor de la historia económica del país, que concluye con un deterioro profundo de su tejido económico y social, una deuda externa impagable y el descalabro del régimen económico y financiero.

                                                  La actualidad.

Desde la salida de la crisis de principios de este siglo XXI impera otro modelo. Que llegue a constituir una etapa de la historia económica del país depende de la consolidación de los factores que posibilitaron el cambio de rumbo. Entre los rasgos dominantes del modelo actual, se destacan el énfasis en el desarrollo industrial, la agregación de valor a la producción primaria, el protagonismo de la ciencia y la tecnología, la reestructuración de la deuda y la autonomía financiera, la redistribución progresiva del ingreso y la atención a los sectores vulnerables, la recuperación de instrumentales de acción del Estado nacional y el énfasis en la integración sudamericana.

Estos objetivos y políticas en ejecución definen un modelo con rasgos propios, distinto del primario exportador y del neoliberal y con algunas coincidencias con la etapa de la industrialización inconclusa. Como en los períodos y modelos anteriores, los acontecimientos internacionales ejercen mucha influencia y plantean desafíos. La perspectiva desde la cual se observa la realidad resulta así fundamental para el diseño de la estrategia de desarrollo e inserción en el orden global.

Las ideas. Una virtud fundacional del modelo actual es que no observa la globalización desde el canon neoliberal, es decir, desde el pensamiento céntrico promovido, como, en su tiempo, destacó Raúl Prebisch, por los países hegemónicos en el orden mundial. Desde la perspectiva del canon neoliberal y, aun, de un progresismo resignado, las fuerzas de la globalización son tan abrumadoras que han dejado de ser viables los proyectos nacionales de desarrollo. Sólo sería posible, en la actualidad, buscar nichos del mercado en donde acomodarse y esperar que los impulsos externos promuevan el desarrollo. Esta postura reproduce el subdesarrollo y la condición periférica.

Nuestra experiencia y la actual crisis de las economías avanzadas del Atlántico Norte revelan que el neoliberalismo produce malas respuestas a los desafíos y oportunidades de la globalización. En sentido contrario, el éxito de las economías emergentes de Asia se funda en la fortaleza de sus Estados nacionales e impulso al protagonismo, de la ciencia y la tecnología, en el desarrollo económico y la transformación social. Sobre estas bases, han construido un nuevo lugar, simétrico y no subordinado, en las relaciones internacionales.

En resumen, las buenas respuestas a la globalización consisten en movilizar el ahorro y los recursos propios, consolidar los equilibrios macroeconómicos y la gobernabilidad de la economía e impulsar el cambio técnico y la transformación productiva. Éstas son condiciones necesarias para la inclusión social y el reparto equitativo de los frutos del desarrollo. Para tales fines, es indispensable la presencia de un Estado capaz de ejecutar las políticas públicas necesarias.

La densidad nacional. Cuando los países cuentan con suficiente densidad nacional, la experiencia histórica demuestra la viabilidad del desarrollo nacional en un orden global. La densidad nacional incluye la cohesión social, la existencia de liderazgos privados y públicos impulsores del desarrollo, la estabilidad institucional y el pensamiento crítico. En definitiva, cada país tiene la globalización que se merece en virtud de la fortaleza de su densidad nacional. En tales condiciones es posible no transformar el mundo, pero sí cambiar cómo se está en ese mundo. En definitiva, el éxito de un modelo de desarrollo y proyecto de país radica siempre en su capacidad de fortalecer la densidad nacional.

Las cuestiones fundamentales que configuran la naturaleza de un modelo incluyen la estructura económica y la inserción internacional, las relaciones entre el crecimiento y la distribución y el papel del Estado y los liderazgos del desarrollo. Es oportuno observar estas cuestiones, entre otros motivos, para aclarar el actual debate sobre la política económica del país.
   

*Fuente: "Buenos Aires Económico".

12 de julio de 2012.

sábado, 15 de septiembre de 2012

EL PRESIDENTE MUJICA Y LA EDUCACIÓN


Confieso que escribo este artículo con pesar y dolor porque es un tema y una labor que me toca de muy cerca por mis 54 años dedicados a ella y porque pienso que el avance hacia el progreso de nuestro país depende del fortalecimiento del Frente Amplio que es una alianza social de las capas medias y la clase trabajadora. Los partidos de la oligarquía sólo quieren conservar las estructuras económicas arcaicas en una época en que las grandes masas reclaman a gritos mayor justicia social.

Creo que José Mujica es un hombre honrado que tiene claridad estratégica en política exterior, en la política de seguridad y prevención del delito. En la política carcelaria y la recuperación del INAU así como su preocupación, en una época de crisis global por el excesivo consumismo, pero que su pensamiento y sus acciones son muy confusas cuando se trata de temas como la educación o la forma de combatir las drogas que están minando a nuestra juventud.

Una cuestión de método, lo diría Perogrullo, exige en cualquier problema, la realización de un diagnóstico preciso para luego trazar la estrategia para resolverlo.

La educación forma parte de un contexto social (otra perogrullada), que la condiciona de manera diferente según la demografía y las peculiaridades regionales de un país.

Los problemas de Montevideo, donde se concentra casi la mitad de la población del país, son diferentes, por ejemplo, a los departamentos de Salto o Cerro Largo.

En Montevideo hay una media docena de barrios marginales que las crisis económicas y sus efectos sociales han inmerso en la miseria, la desintegración familiar y la droga, donde prolifera el delito.

Aquí es donde es más alta la deserción del sistema escolar y el fracaso y, en consecuencia, la imposibilidad de que los niños y los adolescentes reciban una educación para la vida.

Pienso que este es el problema fundamental que exige una batería de políticas integrales de mediano y largo plazo.

Los partidos oligárquicos ocultan este hecho y reclaman, como respuesta, la represión con “gatillo fácil” y la reducción de la edad de no imputabilidad penal de los menores.

Si no me equivoco, Mujica quiere resolver este problema, promoviendo la enseñanza de oficios que le proporcionen a esa niñez desvalida las herramientas para su inserción social.

Recordemos que la enseñanza industrial nació en la época de Latorre como una institución cuartelera para niños y adolescentes “incorregibles”, concepción que empezó a cambiar a finales del siglo XIX.

Las transformaciones económicas y estatales a comienzos del siglo XX, permitieron el crecimiento de las capas medias pero éstas desecharon los oficios manuales y buscaron el ascenso social en las profesiones liberales que ofrecía la Universidad de la República, en forma gratuita. Fueron vanos los esfuerzos de modificar esta tendencia y así lo reconoció el Dr. Antonio María Grompone en 1947. Los recursos del Estado le dieron prioridad a la extensión de la enseñanza secundaria como complemento de Primaria y camino hacia la Universidad, quedando la enseñanza industrial y agraria como “cenicienta” del sistema.

Sin embargo la Revolución Científico Técnica que hizo su aparición en la década de 1960, con la automatización y robotización de los procesos industriales con base en la electrónica, exigió la formación de un trabajador con conocimientos muy superiores, especialmente en matemáticas y física.

Ahora, determinadas máquinas eran capaces de realizar funciones que antes estaban reservadas al cerebro humano.

El entonces Rector de la Universidad, Oscar Maggiolo, decía en 1967, que mientras la técnica industrial de la primera mitad del siglo XX tenía una base empírica, la de la nueva técnica era científica. En consecuencia había que cambiar toda la concepción de la enseñanza industrial y agraria dotándola de los conocimientos científicos y tecnológicos más modernos.

Hasta ese momento, las currícula de la enseñanza inudstrial y agraria, era un círculo estrecho que le cerraba a los estudiantes la posibilidad de acceder a instancias superiores de conocimientos y graduación.

Maggiolo había expuesto las bases en su Plan de 1967 para todo el sistema educacional público y, después de 1985, se abrieron las compuertas y la creación del Bachillerato Técnico y los convenios bilaterales con la Universidad, dejaron expedito el camino hasta entonces bloqueado.

La “masa crítica” de ese conocimiento científico solo lo tiene la Universidad y está concentrado en Montevideo.

Por ello, la propuesta reformista del Presidente Mujica, tiene en mi opinión, dos errores: plantea una enseñanza politécnica de oficios de niveles académicos limitados, adaptada a exigencias productivas regionales, en una época en que la tecnología requiere una base altamente científica, cuando la masa crítica está en la capital y, en segundo lugar, el problema educacional fundamental está en los barrios marginales de Montevideo y en la alta “ratio” docente/alumno por insuficiencia de las infraestructuras.

Por otra parte, es contradictoria su posición de fortalecer institucionalmente la enseñanza técnica, llevando al CODICEN justamente a directivos de aquella enseñanza cuando este órgano central debe transferir competencias a los Consejos Desconcentrados.

Finalmente, el Presidente no puede continuar “quemando” a técnicos de elevada competencia para resolver problemas que le plantea la política menuda, agitada por la oposición. Ya son muchos los “decapitados” en la enseñanza y en otros lugares de la administración pública, cuyas causas reales son desconocidas y que no dejan bien parada la imagen del Primer Magistrado del Estado.

jueves, 6 de septiembre de 2012

DERROTA POLÍTICA DEL IMPERIALISMO EN TEHERAN


Entre los días 26 y 31 de agosto, se celebró en la capital de Irán, la XVI Conferencia del Movimiento de Países No Alineados, con la participación de 118 delegados ( representantes de los dos tercios de la membresía de la ONU y 55% de la población mundial), del más alto nivel de estos países.
El Movimiento se constituyó en 1961, en Belgrado, a iniciativa del Mariscal Josif Broz (Tito), Ahmed Sukarno y Gamal Abdel Nasser, presidentes de Yugoslavia, Indonesia y Egipto, respectivamente, así como del Primer Ministro de la India, Jawaharlal Nehru.

Se denominaron “No Alineados” por no pertenecer a ninguno de los dos bloques militares enfrentados, existentes en esa época, proponiéndose llevar en conjunto una activa política de coexistencia pacífica cuyos principios ya habían sido definidos en la Conferencia de Bandung de 1955, a saber: 1) respeto mutuo por la integridad territorial y la soberanía de los países; 2) no agresión mutua; 3) no interferencia en los asuntos internos de cada país; 4) igualdad y mutuo beneficio y 5) coexistencia pacífica.

Las acciones del bloque tuvieron sus altibajos, provocados por cambios en la situación interna de algunos países de importancia estratégica en su respectivas zonas. Una de estas regiones es el Medio Oriente. Nasser murió en 1970, sucediéndole Anuar El Sadat, que rompió el frente nacionalista árabe; en 1979, fue derrocado el Shah de Irán, asumiendo el poder la mayoría islámica chiita que fundó la República Islámica; en 1980 entraaron en guerra Iraq e Irán; en 1991, Estados Unidos organizó la Primera Guerra del Golfo contra Iraq; en el 2003, nuevamente Estados Unidos atacó a Iraq, invocando falsamente la posesión de armas de destrucción masiva, derrocando al gobierno encabezado por Saddam Hussein y ocupando militarmente el país. Anteriormente había atacado a Afganistán a quien responsabilizó de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Los hechos mostraban, más allá de toda duda, que Estados Unidos, aprovechando la desintegración de la Unión Soviética, procuraba lograr un poder hegemónico mundial, calificando de “Estados basura” a los que se oponión a esos designios.

No obstante, subsistía el conflicto entre el pueblo palestino e Israel, en torno al cual se generaban las mayores tensiones en la región por los alineamientos hacia las partes que implicaba. Sadat fue asesinado en 1981 por un comando militar islámico egipcio, en 1981 y le sucedió Hosni Mubarak, que continuó su política gobernando a el país con mano de hierro hasta su derrocamiento por una insurrección popular, en febrero del año pasado y en las elecciones presidenciales de junio de este año, obtuvo la victoria, Mohamed Morsi, perteneciente a la Hermandad Musulmana, una organización islámica duramente perseguida por el régimen anterior.

              “Unidos por la necesidad y respetuosos de la diversidad racial
                                ideológica, cultural y religiosa
      

Dese hace tres años Egipto, presidido por Mubarak, ejercía la presidencia “pro tempore” de tres años del NAM, cargo que debía ser transferido, en las mismas condiciones, a Irán. Morsi asistió a la cumbre en Teherán y, pese a sus diferencias religiosas y políticas con Irán, fue recibido de una manera amistosa por sus anfitriones, respondiendo él de la misma forma. Irán había roto relaciones con Egipto en 1979, cuando Sadat firmó la paz con Israel.

La Conferencia se realizaba en un momento muy difícil en el Medio Oriente, por la amenaza permanente de Israel y Estados Unidos de atacar a Irán al que acusan de estar en vías de construir armas atómicas; la ocupación por Israel, desde 1967, del territorio palestino y su negativa a reconocer un Estado en el territorio que le asignó las Naciones Unidas en 1947 y, en este marco, la guerra civil, con un indisimulado apoyo económico y militar de Estados Unidos, Arabia Saudita, Turquía y Qatar a sectores de la Hermandad Musulmana de Siria.

Presidió el evento, el Presidente de la República Islámica de Irán, Mahmud Ahmadineyad.

La apertura de la Cumbre correspondió al Jefe Supremo, espiritual y político de la Revolución Islámica, el Ayatollah Alí Khamenei, quien fijó la posición de su país no eludiendo ninguno de los temas polémicos. Comenzó expresando: “Nuestros huéspedes, reunidos aquí, pertenecen a diferentes nacionalidades y razas con historias peculiares, pero como dijo Ahmed Sukarno en su famoso discurso en la Conferencia de Bandung, en 1955, las bases de este Movimiento de No Alineados no son geográficas, ideológicas o raciales y religiosas sino la unidad de las necesidades. En esta época, los Estados miembros del Movimiento de No Alineados tienen la necesidad de adoptar medidas que los protejan del autoritarismo arrogante e insaciable y hoy con el progreso de los instrumentos de hegemonía esa necesidad de unidad aun es mayor”. Estas palabras de tolerancia y respeto a la diversidad de los Estados miembros, generó el clima adecuado para un examen abierto y sincero de los temas de la agenda.

                 El presidente egipcio ataca a su homólogo de Siria

Así, el discurso de M. Morsi, recogido ampliamente por las cadenas de información occidentales que omitieron otros aspectos fundamentales de la reunión, fue muy crítico del régimen de Al Assad en Siria, si se considera que éste cuenta con un amplio respaldo de Irán.  Dijo que el gobierno de Bashar Al Assad “ha perdido legitimidad” y agregó: "El derramamiento de sangre en Siria es responsabilidad de todos nosotros y debemos saber que este derramamiento de sangre no se detendrá sin la interferencia activa de todos. La crisis siria está desangrando nuestros corazones". Sin embargo, como lo expresa la Declaración final de la Conferencia, la opinión de Morsi no tuvo el eco que buscó ya que la reunión condenó cualquier intervención extranjera de conformidad con la posición de principio del  Movimiento.

El tema central del debate fue la ocupación  de Israel de los territorios palestinos y la opresión a que somete a este pueblo. Khamenei en su discurso inaugural había calificado a Israel de “Estado usurpador” y propuso como solución al conflicto, la realización de un referéndum en la que participaran los dos pueblos para definir el futuro y alcanzar la paz. Esta iniciativa fue apoyada por Venezuela pero la Conferencia mantuvo la posición de las Naciones Unidas de 1947 que delimitó los territorios para dos Estados.

                                 El programa nuclear de Irán

Sobre la presunta amenaza del programa nuclear iraní, que está sirviendo de pretexto a Israel, Estados Unidos y la OTAN, para un ataque militar preventivo a la República Islámica, el apoyo de la Conferencia a su anfitrión fue absoluto, pese a la intervención del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que instó a Irán a adoptar medidas que eliminaran la “desconfianza” de algunos países.

La posición de Irán fue expuesta con claridad por el Ayatollah Alí Khamenei en su discurso de apertura. “Honorable audiencia, la paz y la seguridad internacionales son algunos de los temas críticos del mundo de hoy y la eliminación de las armas de destrucción en masa es una necesidad urgente y una demanda universal. En el mundo actual, la seguridad es una necesidad compartida donde no hay lugar para la discriminación. Los que almacenen estas armas anti-humanas en sus arsenales no tienen el derecho a declararse abanderados de la seguridad mundial. Sin duda, esto no traerá seguridad tampoco para ellos” (…) “Las armas nucleares no garantizan la seguridad, ni consolidan el poder político, sino que son una amenaza para la seguridad y el poder político. Los acontecimientos que tuvieron lugar en la década de 1990 mostró que la posesión de tales armas ni siquiera pudo proteger a un régimen como el de la Unión Soviética. Y hoy vemos que algunos países están expuestos a olas de inseguridad mortal a pesar de poseer bombas atómicas”.

“La República Islámica de Irán considera que el uso de armas nucleares y químicas constituye un gran pecado  imperdonable. Hemos propuesto la idea de "Oriente Medio libre de armas nucleares" y estamos comprometidos con ella. Esto no significa renunciar a nuestro derecho al uso pacífico de la energía nuclear y la producción de combustible nuclear. Sobre la base de las leyes internacionales, el uso pacífico de la energía nuclear es un derecho de todos los países. Todos deben ser capaces de emplear esta fuente saludable de energía para diferentes usos vitales para beneficio de su país y su gente, sin tener que depender de otros para el ejercicio de este derecho. Algunos países occidentales, sí que poseen armas nucleares y siendo los culpables de esta acción ilegal, quieren monopolizar la producción de combustible nuclear. Movimientos subrepticios están en marcha para consolidar un monopolio permanente sobre la producción y venta de combustible nuclear en centros que llevan una etiqueta internacional, pero de hecho están bajo el control de unos pocos países occidentales”.

“Una amarga ironía de nuestra época es que el gobierno de EE.UU., que posee las reservas más grandes y más letales de las armas nucleares y otras armas de destrucción en masa y el único culpable de su uso, empuña hoy la bandera de la oposición a la proliferación nuclear. Los EE.UU. y sus aliados occidentales han armado el régimen usurpador sionista con armas nucleares y ha creado una gran amenaza para esta sensible región. Sin embargo, el grupo utilizando mentiras no tolera el uso pacífico de la energía nuclear en los países independientes, e incluso se opone, con toda su fuerza, a la producción de combustible nuclear para los radiofármacos y otros fines pacíficos y humanitarios. Su pretexto es el temor a la producción de armas nucleares. En el caso de la República Islámica de Irán, ellos saben que están mintiendo, pero las mentiras son descubiertas por el tipo de política que está totalmente desprovista de la más mínima huella de espiritualidad. ¿Aquel que utiliza, en el siglo 21, la amenaza nuclear como instrumento de su política y no se siente avergonzado, se sentirá avergonzado de sus mentiras?”.

Con esta contundente respuesta el asunto de la amenaza para la paz del programa nuclear iraní, el tema quedó liquidado contando Irán con el respaldo de los dos tercios de las Naciones Unidas presentes en la Conferencia. No obstante, ninguna cadena de información y agencias occidentales mencionó ni este fragmento ni otros del discurso del líder iraní que constituyeron un vigoroso alegato a favor de la paz y la solidaridad del género humano.

                          La Carta de la ONU debe ser reformada

La Cumbre llamó a un cambio en la integración del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que refleje la actual configuración del mundo. Condenó el bloqueo económico a Cuba, apoyó la posición argentina sobre las Islas Malvinas, se solidarizó con Ecuador en su defensa del derecho de asilo, y condenó el golpe de estado constitucional en el Paraguay. Otros tópicos incluidos en la Declaración fueron la política de “dos reglas” del imperialismo para calificar al terrorismo, la seguridad alimenticia, la lucha contra la pobreza, el impacto de las pandemias y los fenómenos naturales en la economía de los países en vías de desarrollo.

El Documento insistió, por otra parte, en el papel que debe desempeñar la Organización de las Naciones Unidas en la solución pacífica de las disputas, la defensa de la paz global y el diálogo entre las civilizaciones, las diferentes religiones y la diversidad cultural.
Finalmente, la Conferencia seleccionó a Venezuela como organizadora de la 17º Conferencia en 2015 y la presidencia del Movimiento en los siguientes tres años.

                    La Cumbre fortaleció al Movimiento de los No Alineados

La realización de esta Cumbre en Teherán fue una gran victoria diplomática y política de la República Islámica de Irán, acosada por todo tipo de amenazas por parte de Israel, Estados Unidos y la OTAN. La asistencia de 118 delegaciones y 35 Jefes de Estado, así como las resoluciones adoptadas, muestran un importante renacimiento del Movimiento, en un cambio de época donde el histórico capitalismo occidental entra en una fase de declinación mientras el centro de la historia se desplaza al Oriente.

Muy significativo fue el papel de la India en esta Cumbre y los acuerdos de carácter estratégicos alcanzados con Paquistán e Irán. El primer ministro hindú, M. Singh declaró que había que fortalecer los lazos económicos y políticos con el occidente asiático, señalando que hasta ahora, el énfasis había sido puesto en el sudeste asiático. De acuerdo a este punto de vista la India, cuya economía está dando pasos de gigante, sería el pivot de esta integración regional que sale al cruce de los planes estratégicos en la región de Estados Unidos e Israel. Esto probaría que la India, repondiendo a la línea histórica de su política exterior, no está dispuesta a secundar las intrigas imperialistas de “divide e impera” para impedir la consolidación del bloque asiático del BRICS.






jueves, 23 de agosto de 2012

LA POLÍTICA EXTERIOR DE URUGUAY


Sudamérica, Centro y el Caribe, alientan, desde la independencia política, la idea de un continente que rompa con la dependencia y forje su destino de acuerdo a sus mejores intereses. Con la excepción de Cuba, han tenido “tutores”: en el siglo XIX, el Imperio Británico; en el siglo XX, el imperialismo norteamericano.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la existencia de un Campo Socialista y especialmente la Revolución Cubana, hubo un importante esfuerzo por romper, revolucionariamente, esa dependencia, pero las acciones imperialistas de Estado Unidos, aliadas a las burguesías locales y, más tarde, la desintegración de la Unión Soviética cerraron aquel camino.

No obstante, ni los pueblos renunciaron a sus anhelos ni las contradicciones geopolíticas con grandes países emergentes, desaparecieron. A ello se agrega la etapa senil que está atravesando el capitalismo occidental, minado por el parasitario capital financiero.

No obstante, la estrategia del desarrollo independiente ha cambiado por la nueva configuración del mundo y el drástico cambio en la relación de fuerzas. Hoy hay una nueva realidad, muy diversa en el continente pero con un aspecto común: la necesidad de la integración económica de los países relativamente menos desarrollados así como una política exterior independiente basada en los principios de autodeterminación y, en consecuencia, de no intervención en los asuntos internos de un país.

El derrotero es claro pero el ritmo es necesariamente lento y lleno de contradicciones secundarias. Existe un área avanzada –eñ ALBA- y otra más amplia, la UNASUR, que marcan un movimiento en “dos velocidades”, impuestas por las diversidades económicas, sociales y políticas.

Dentro de este panorama, la política exterior de Uruguay es más próxima a la UNASUR que al ALBA..  Sin ignorar la existencia de posiciones oportunistas en ciertos sectores del Frente Amplio y en el gobierno, hay una situación objetiva de la estructura económica y social del país que proyecta sus efectos en la política exterior. El Frente Amplio –una coalición de partidos progresistas y de izquierda- asumió el gobierno en marzo del 2005, desplazando a los partidos de la oligarquía. El primer problema que tuvo que enfrentar fue la deuda externa como consecuencia de la crisis financiera y económica del 2002, que llegaba al 110% del PBI.

Si bien la caída del dólar en el mercado exterior y el aumento de los precios de los alimentos, significó una disminución de la presión de la deuda sobre las finanzas, la dependencia de los centros financieros que, naturalmente, conlleva condicionamientos políticos, significó un obstáculo para una política exterior independiente. Voceros deWashington y del Fondo Monetario Internacional, decían sin eufemismos que “Uruguay tenía poco margen para hacer otra cosa”. El Presidente Tabaré Vázquez llegó a promover un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, posición que dividió al Frente Amplio y al propio gobierno.

La política exterior del Presidente José Mujica ha sido más clara que la de su antecesor, defendiendo en todas las reuniones de mandatarios sudamericanos, la integración económica continental. Pero cuida, al mismo tiempo, las relaciones con Estados Unidos que quiere conservar a nuestro país como “Estado tapón” a su servicio para impedir la unidad regional como motor de la unión sudamericana en condiciones diferentes a al movimiento de la década de los 60 del siglo pasado pero que igualmente está destinada a liberarnos de la condición de reserva estratégica de los intereses imperiales..

En mi opinión, actitud del mandatario uruguayo se debe al modelo económico que sigue el Uruguay desde la dictadura militar, que se apoya en tres pilares: las exportaciones agroindustriales, el turismo y la plaza financiera. Esta última, recomendada a la dictadura militar, en 1974, por el Fondo Monetario Internacional, ha sido cuestionada por Argentina ya que este mercado financiero se nutre con dinero negro generado por la evasión fiscal de la economía argentina. Es voluntad de un sector mayoritario del Frente Amplio  sancionar una ley que otorgue vigencia a un convenio de “información tributaria” con el vecino país, acordado en abril entre ambos gobiernos, convenio que aprobó el Congreso Argentino el 22 de agosto y que es cuestionado por el sector financiero e inmobiliario de Punta del Este. Sostienen, con el respaldo de la oposición oligárquica, que su sanción parlamentaria frenará el ingreso de inversiones, comprometiendo el crecimiento económico y la estabilidad macroeconómica.

La solución para compensar este “recorte sucio del modelo” sería una ampliación del MERCOSUR, para incentivar el comercio intracontinental que hasta el 2011 representaba solo el 20% de las exportaciones de los países sudamericanos.


viernes, 17 de agosto de 2012


                                          EL ENIGMA EGIPCIO

 ¿GOLPE DE LOS JÓVENES OFICIALES O ARREGLO NEGOCIADO?

El domingo 12 de agosto, el pueblo egipcio y el mundo fueron sorprendidos por la decisión del presidente de Egipto, Mohamed Morsi que descabezó la cúpula militar que, en los hechos, gobernaba el país, ya que se había arrogado facultades extraordinarias, legislativas y ejecutivas, que anulaban las potestades constitucionales del Presidente, electo en junio de este año.

La decisión de Morsi ha dado lugar a todo tipo de especulaciones, desde una victoria del poder civil sobre el poder militar, hasta la  que todo fue un arreglo negociado entre Morsi y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. La primera interpretación es la que ofrece el diario cairota “Al Ahram”; la segunda, es la del diario israelí, “Jerusalem Post”, un medio que cuenta con importantes contactos con el gobierno de Netanyahu y el ejército. Este medio sostiene, citando fuentes militares, que el sucesor del poderoso Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Mariscal de Campo, Mohamed Hussein Tantawi, el general Abdel Fatah el Sissi así como el nuevo Jefe de Estado Mayor, general Sobliv, que sustituyó al general Sami Anan, “proceden del mismo lugar”, agregando que no hay que olvidar que los militares egipcios han recibido y continúan recibiendo miles de millones de dólares de Estados Unidos, situación que los nuevos jefes no podrán cambiar. Asimismo, el portavoz de la Secretaría de Defensa de EE.UU. tampoco  mostró preocupación, señalando que los relevos ya habían sido resueltos tiempo antes.

No obstante, hubo una segunda sorpresa. El Presidente Morsi derogó la enmienda constitucional que había impuesto el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas por la cual se reservaba poderes legislativos y ejecutivos. Por el nuevo decreto, Morsi recupera sus competencias y además ejercerá el poder legiltivo hasta la elección de la nueva Asamblea del Pueblo.

Personalmente, me inclino por la interpretación del diario israelí, porque por más desgaste y aislamiento que tuviera el Consejo Supremo Militar, es una estructura muy poderosa que no ppuede derrumbarse en menos de 24 horas. Más, el día siguiente, Morsi puso en el pecho de los jefes destituidos, las condecoraciones más altas que otorga el Estado egipcio y los designó sus asesores. Esto avalaría la versión de que hubo negociaciones durante todo este período a las que no ha sido ajeno el gobierno norteamericano.

Es natural que a Washington le preocupara la inestabilidad política de Egipto con una dualidad de poder que estaba originando un verdadero caos y podía conducir a una situación que se le escapara de las manos.
En definitiva, serán los hechos futuros los que darán las respuestas al enigma que rodea los sucesos.

Es un lugar común decir que Egipto, por su ubicación geoestratégica y su historia, es la llave del Medio Oriente y que Estados Unidos que ha entregado tanto  dinero a sus militares, desde que Sadat, acordó con Israel, la paz, en 1979, para garantizar la seguridad de Israel y aislar al pueblo palestino, no puede encogerse de hombros ante los cambios que se operen en la cúpula militar egipcia.

Por otra parte, hay que observar las nuevas relaciones de Estados Unidos con determinadas organizaciones musulmanas que responden a la corriente islámica sunita como la “Hermandad”. El ex primer ministro ruso, Evguenny Primakov, un experto en cuestiones del Medio Oriente, dijo hace unos meses que “Estados Unidos y Al Qaeda están en el mismo barco”. Con el dinero de Arabia Saudita y Qatar y las armas de Estados Unidos, los militantes musulmanes sunitas lograron los cambios en Túnez, el apoyo de la OTAN para la guerra en Libia y actualmente en Siria, no para fortalecer la democracia y el estado laico sino para implantar una ley coránica “moderada”, ya que sus promotores –“Qatar, Arabia Saudita- son monarquías absolutas sostenidas por las regalías de los pozos petrolíferos que explotan los monopolios norteamericanos, a las que se agregan las “hermandades” sunitas de Turquía, ahora Egipto y Jordania. Por ello, tienen una alianza estratégica con el imperialismo contra Irán y  toda concepción fundamentalista de la religión que persiga la recuperación de los recursos naturales que pertenecen a la nación.

En Afganistán, donde los países de la OTAN ya han anunciado el retiro de sus tropas, el presidente títere, Hamid Karzai, está negociando con un sector de los talibanes su ingreso al gobierno.

El 11 de agosto, la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, se reunió en Estambul con gobernantes y militares  turcos. La señora Clinton expuso la postura de su gobierno  sobre la crisis siria en una rueda de prensa conjunta con su homólogo turco Ahmet Davutoglu. Ante los periodistas expresó sin eufemismos, que el apoyo  a la oposición tanto dentro como fuera de Siria es ahora la prioridad de Estados Unidos y que  coordinará sus pasos estrechamente con Turquía. Aplicaba así una estocada mortal a los intentos de mediación de las Naciones Unidas.

Brzezinski, en su libro “El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y el imperativo geoestratégico”(“The Grand Chessboard: American Primacy and its geostretegic imperatives”) (2003),  aconsjaba este cambio de táctica ya que Estados Unidos no puede enviar a sus “muchachos” a combatir en el extranjero porque la sociedad se opone y, además, la alta tecnología militar con armas de destrucción masiva, “hacen imposible utilizar la guerra como herramienta política”. “ES necesaria la maniobra diplomática, la construcción de coaliciones y un variado despliegue de acciones geoestratégicas en el tablero euroasiático”, sostenía Brzezniski.

La misma doctrina fue sostenida en 2006 por la Comisión Bicameral del Congreso de Estados Unidos, presidida por el ex Secretario de Estado, James A. Baker y que integró el actual Secretario de Defensa, León Panetta y su predecesor, Robert Gates. The Iraq Study Group Report se oponía a la estrategia militsar del grupo de halcones que rodeaba al Presidente Bush, personificados en el vicepresidente, Dick Cheney y el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Hay que recordar que uno de los militares de más prestigio en el Pentágono, General Colin Powell que, fue en una primera etapa, Secretario de Estado del gobierno de Bush, también se oponía a la guerra en Iraq y fue sustituido por Condoleezza Rice.

Este “Grupo de Estudio”, elaboró una estrategia para asegurar la supremacía de Estados Unidos en el Medio Oriente, a la que se ha ceñido Obama a través de sus ejecutores, los Secretarios de Defensa, Gates primero y ahora León Panetta, así como la Secretaria de Estado, Hillary Clinton.  Dice el Informe: “Cerca de 2.900 estadounidenses han perdido sus vidas sirviendo en Iraq. Otros 21.000 han sido heridos, algunos con lesiones muy graves- Hasta la fecha (diciembre de 2006), Estados Unidos ha gastado 400 mil millones de dólares y promedian 8 mil millones por mes. Se estima que al finalizar la intervención de Estados Unidos en Iraq, la cifra del costo total llegue a los 2 billones de dólares. A pesar de este esfuerzo, la estabilidad de Iraq es incierta mientras la situación se deteriora día a día…La salida de Estados Unidos de Iraq debe acelerarse”.

El documento del Grupo aconseja un cambio de política que asegure la estabilidad de Iraq y la región. Para ello, Estados Unidos debe iniciar una ofensiva diplomática para obtener un consenso de sus aliados en el cual la Liga Árabe debe jugar un papel fundamental en el esfuerzo por reconciliar a las facciones opuestas en Iraq, adoptar medidas conjuntas de setguridad en las fronteras y aportar ayuda económica para la reconstrucción del país. El informe subraya luego_ “Esta ofensiva diplo,ática no tendrá éxito si no participan todos los países que temen la caida de Iraq en el caos. Pero cada país ve el problema por el lente de sus intereses y así Turquía teme por un Kurdistán independiente y Arabia Saudita y Jordania comparten la preocupación sunita por el aumento de la influencia chiita (Irán e Iraq) en la región como un todo”. “Ninguno de los países vecinos de Iraq como Egipto, Arabia Saudita e Israel ven con buenos ojos un Iraq bajo la influencia determinante de Irán”. “Por otra parte, ellos pueden dar pasos activos para limitar la influencia de Irán en la región, pasos que podrían conducir a un conflicto intrarregional”.

Los hechos no han seguido el guión del Informe del Grupo Bicameral pero surge a todas luces que la “ofensiva diplomática para alcanzar un consenso con los países de la región, teniendo a la Liga Arabe como eje, ha tenido como consecuencia la expansión del islamismo sunita, incluyendo a Egipto, Libia y Túnez.

Las cadenas de información occidentales dicen que la “Hermandad Musulmana”, es una organización “moderada”. Mohammed Morsi (60) es Ingeniero, graduado en la Universidad del Cairo y Doctor en Ingeniería, grado obtenido en la Universidad de California del Sur donde luego fue profesor asistente (1982-1985). Regresó a su pais, dedicándose a la enseñanza universitaria en su especialidad, hasta el 2010.. Si bien fue presidente de la “Hermandad Musulmana”, para respaldar su candidatura a la Presidencia, fundó el Partido “Libertad y Justicia”, una coalición que agrupó a la oposición al régimen militar. Este Partido no presentó un programa y se manejó en la campaña electoral solo con slogans. Al asumir la Presidencia, declaró que su gobierno respetaría todos los compromisos asumidos por el país, entre ellos el “Acuerdo de Camp David con Israel” de 1979, firmado por Anuar Ek Sadat y Menaghem Begin.

Con respecto a la oficialidad, todos sus integrantes han hecho cursos especiales en academias norteamericanas, incluyendo a los nuevos jefes.

De estas consideraciones podemos concluir que el poder político del las Fuerzas Armadas Egipcias era incompatible con el nuevo curso de los acontecimientos internos y externos. El detonante de la mal llamada “Revolución Egipcia o Primavera Árabe”, fueron las concentraciones en la Plaza Tamir de El Cairo de la intelectualidad juvenil, autoconvocada por las redes sociales pero las elecciones le dieron la victoria a la coalición encabezada por la “Hermandad Musulmana”. Esta victoria islámica sunita fue saludada en forma entusiasta por las “hermandades” dominantes en Arabia Saudita, Turquía y Jordania cuando ya habían iniciado la intervención en Siria. Resta por ver si este cambio táctico de la política exterior norteamericana que hasta hace poco había confiado en las corruptas dictaduras militares y monarquías medievales le permitirá conservar, en el mediano plazo, la supremacía económica y militar que hoy tiene en el Medio Oriente.





miércoles, 8 de agosto de 2012


                          LA DESESPERACIÓN DE LAS OLIGARQUÍAS

Por Ruiz Pereyra Faget

Llamo oligarquía a la clase alta tradicional que en América Latina monopoliza la tierra desde la ruptura del vínculo colonial con España y enlaza el negocio del agro con la banca y el comercio exterior. A cambio de sus exportaciones, importan manufacturas industriales. En el siglo XIX adoraron la libra esterlina y en el siglo XX y lo que va del XXI, adoran el dólar.

Las oligarquías de Paraguay y Uruguay –y los partidos políticos que las expresan-, están desesperadas por el ingreso de Venezuela al Mercosur, resuelta en Mendoza por los presidentes de Brasil, Argentina y Uruguay, después de la suspensión de Paraguay por el Golpe de Estado que derrocó al Presidente Lugo, partidario de ese ingreso pero obstaculizado por un Congreso oligárquico.

Estas oligarquías, de ambos países, que nunca respetaron el orden jurídico, ya que la de Paraguay entronizó la dictadura de Stroessner y la uruguaya ató toda su política exterior como fiel servidora del imperialismo norteamericano, se “prenden”  del derecho como “última ratio”, para cubrir con esa cortina de humo su verdadero papel de servidoras del imperio de nuestra época y de la que Améerica Latina y el Caribe han sido su “reserva estratégica” o “patio trasero”.

El problema fundamental para el que ha sido hasta hace diez años el “subcontiente americano” es si sus repúblicas se integran económica y políticamente, para ser realmente independientes o se mantienen divididas y atadas, cada uno de ellas a los tratados comerciales, financieros y militares bilaterales que les impone Estados Unidos, incorporánlas a su “sueño” de hegemonía mundial en el que se encuentra embarcado.

En la Carta de Jamaica, del 6 de setiembre de 1815, el Libertador Simón Bolívar, veía con claridad el destino de nuestras repúblicas cuando recién Estados Unidos consolidaba su independencia, después del intento recolonizador de Inglaterra en 1812: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América. ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración…”

Bolívar admitía las enormes dificultades, en ese momento, para poner en marcha su proyecto integrador pero después de la victoria de Sucre en Ayacucho, en 1824, que puso fin al intento restaurador de España, convocó un Congreso a realizarse en Panamá, pero los intereses y egoísmos nacionales de las oligarquías criollas, le cerraron el camino.

No obstante, parece “que la época dichosa de nuestra regeneración”, ha llegado porque la historia es lucha y no se detiene.

Los imperios se hunden, como sucedió con el Romano y Británico, y surgen otros poderes que persiguen el equilibrio global, única forma de asegurar la paz, condición indispensable para desplegar la cooperación internacional abriendo un amplio sendero por el que transite el desarrollo económico y social de todos los pueblos.

Este es el sentimiento que prevalece en la América Meridional, después del ascenso al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela (1999) y de Luiz Ignacio (Lula) da Silva en Brasil (2003), al que siguieron el de Néstor Kichner en Argentina (2003), el Frente Amplio en Uruguay (2005) y Rafael Correa en Ecuador (2007).

El punto de partida común fue el rescate de los recursos naturales, el desendeudamiento, el fortalecimiento de la industria nacional y una distribución más justa de la renta nacional, con prioridad de los sectores sociales más desamparados. Esta política salía al cruce del “Consenso de Washington” (1990), cuyos arquitectos consideraban que América Latina no se podía librar de su cuantiosa deuda externa y que debía abrir las puertas, sin restricciones, al capital extranjero y a sus manufacturas, lo           que significaba profundizar la dependencia, convirtiéndose el Estado en un mero administrador de ese capital, bajo la celosa vigilancia del Fondo Monetario Internacional y de las Agencias Calificadoras de Riesgo.

Intentos de integración regional, como el Pacto Andino, para facilitar el comercio zonal, habían surgido (1969), pero sin afectar los intereses fundamentales de Estados Unidos. En 1985, en el encuentro de Foz de Iguazú, los presidentes de Argentina –Raúl Alfonsín-, y Brasil –José Sarney-, emitieron una Declaración el 30 de noviembre, sobre temas fundamentales trazando una inequívoca línea de independencia en matera económica y política.

Los puntos 18, 19 y 20 del histórico documento, expresan: “18) (Ambos Presidentes) expresaron su firme voluntad política de acelerar el proceso de integración bilateral. En armonía con los esfuerzos de cooperación y desarrollo regional, expresaron su firme convicción de que esta tarea debe ser profundizada por los gobiernos con la indispensable participación de todos los sectores de sus    comunidades nacionales, a quienes convocaron a unirse a este esfuerzo, ya que cabe también a ellos explorar nuevos caminos en la búsqueda de un espacio económico regional latinoamericano”; “19) Con esa finalidad, decidieron la creación de una Comisión Mixta de alto nivel de cooperación e integración económica bilateral, presidida por sus Ministros de Relaciones Exteriores e integrada por representantes gubernamentales y de los sectores empresarios de los dos países, para examinar y proponer programas, proyectos y modalidades de integración económica”;  “20) “Esta Comisión, que abarca todos los sectores susceptibles de una mayor integración entre los dos países, será constituida en el primer trimestre de 1986 y deberá presentar, antes del 30 de junio próximo, un informe a los dos presidentes con las prioridades propuestas para lograr una rápida profundización de los vínculos de cooperación e integración económica, especialmente en lo referido a las áreas de complementación industrial, energía, transporte y comunicaciones, desarrollo científico – técnico, comercio bilateral y con terceros mercados”.

En Uruguay y Paraguay, esta firme voluntad de “integración bilateral”, causó gran preocupación. Los dos países  tenían tratados comerciales preferenciales con Brasil y Argentina. Si éstos establecían un arancel protector, ese comercio resultaría afectado. En consecuencia solicitaron integrar el mercado que creaban Argentina y Brasil y en 1991, se formalizó, con el Tratado de Asunción, la creación del Mercosur. Esta es la verdadera historia.

Actualmente, con el curso dado por el Presidente Chávez a la política interna y continental de Venezuela, la ampliación del Mercosur era una demanda impostergable, de la que todos los integrantes de este mercado, incluyendo a Paraguay y Uruguay, resultan beneficiados. Sin embargo, por razones meramente políticas, respaldadas por Estados Unidos, que se opone a la existencia de un bloque independiente sudamericano, el Parlamento guaraní vetó sistemáticamente el ingreso de la república bolivariana, sirviéndose de las normas de un Tratado al que ingresó la patria de Solano López, por la gracia de Brasil y Argentina, contrariando el fundamento estratégico del Mercosur diseñado por los presidntes Raúl Alfonsín y José Sarney. Por ello, no sorprende que la decisión adoptada en Mendoza, a instancia de Brasil, haya contado con el respaldo absoluto de los parlamentos de Argentina y Brasil y aparezcan cuestionándola el gobierno oligárquico de Paraguay y la oposición oligárquica de Uruguay.

Los medios, que expresan estos intereses, difunden las objeciones jurídicas y confunden a la opinión pública desprevenida o manipulada, ocultando la sustancia del problema en cuestión que hemos tratado brevemente de explicar.

lunes, 30 de julio de 2012

EL IMPERIALISMO EN EL URUGUAY


La lucha contra el imperialismo y la contradicción
 fundamental de la sociedad uruguaya

Rodney Arismendi: “Problemas de una Revolución Continental”,
             Tomo II, p.73 – Edición de la Fundación Rodney     
              Arismendi. 1997.


Uruguay es un país dependiente del imperialismo, sometido, en particular, como los otros pueblos de la América Latina, a la égida económica y política de los Estados Unidos. Es decir, sobre la nación uruguaya gravita la opresión extranjera, que condiciona el cuño antimperialista de la revolución. La ley de la necesaria correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, actúa, en este caso, en una sociedad cuya estructura está sometida no sólo a sus procesos internos, sino que es objeto de una opresión y expoliación extranjeras. ¿Refleja adecuadamente este factor -el factor nacional- nuestro enunciado referente a la contradicción fundamental?

Este interrogante estuvo en nuestras preocupaciones, durante el estudio del programa. Examinamos, entonces, la posibilidad de proyectar especialmente, del núcleo de contradicciones que se generan en torno a la pugna entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, el antagonismo nacional -que opone nuestro pueblo al imperialismo yanqui. Sin embargo, no lo hicimos: creemos que el factor nacional aparece correctamente subrayado en el programa, y que, por otra parte, a estricto sentido, la opresión imperialista integra -en lo sustancial- las relaciones de producción, la base material de la caduca estructura de la sociedad uruguaya, que la revolución deberá romper. La superación revolucionaria de tales relaciones sociales destruirá los cimientos de la dominación imperialista sobre nuestro pueblo.
Rechazamos, además, toda idea de jerarquizar estas contradicciones, de establecer un orden que pudiera llevar a pensar que la dominación imperialista es, en Uruguay, un fenómeno exclusivamente externo, es decir, desprendido de sus vinculaciones con las clases dominantes nativas.

La división de las contradicciones en tales jerarquías, no corresponde a la realidad material, al enfrentamiento de las clases, al juego de las tendencias antagónicas y, por lo tanto, puede acarrear consecuencias perjudiciales para el movimiento.
Sería un error hipostasiar un término de la contradicción, en detrimento de la realidad: la imagen teórica perdería su complejidad dialéctica, se alejaría de la vida real.
A veces se opone a este planteamiento, una razón de orden táctico: se cree que, de otro modo, se podría concentrar mejor la lucha contra el enemigo principal, aprovechar con más eficiencia la gama de contradicciones que genera la presencia opresora del imperialismo yanqui. Este modo de razonar invierte los términos: hace de la táctica una categoría lógica impuesta a la realidad, en vez de partir de la existencia material, del ser social, de la lucha de clases, a fin de trazar la conducta política. Este error metodológico, puede llevarnos a creer que los postulados agrarios y antimperialistas de la revolución pueden separarse, o ser escalonados.

Tal idea tiene una sola y lógica derivación estratégica: la alianza obrero-campesina dejaría de ser la base, el núcleo fundamental, del frente democrático nacional. La revolución antimperialista y la revolución agraria corresponderían a etapas diferentes del desarrollo. Y la burguesía nacional estaría llamada a un período revolucionario en que hasta podría, quizá, asumir un desempeño primordial. Como los disparos mal apuntados, las tesis teóricas incorrectas acrecienten su margen de error a medida que avanzan.

En última instancia, se beneficiaría objetivamente a los latifundistas y grandes capitalistas antinacionales, que seguirían saqueando a nuestro pueblo. Nos llevaría a autoengañarnos, y a desarmar al pueblo.

Confundiríamos cada pequeña fricción de las clases dominantes con el imperialismo (que dentro de ciertos límites se deben tener en cuenta) con toda una teoría de la emancipación nacional. Idealizaríamos la ninguna aptitud antimperialista de los terratenientes y grandes burgueses, y perderíamos de vista que la base social, la vértebra de la lucha nacional, son las grandes masas, entre ellas, los campesinos y las masas pobres del campo, aliados primordiales del proletariado.

Estas masas del campo se levantarán contra el imperialismo, en la misma medida en que lo vean como un monstruo bifronte, cuyo otro rostro es el latifundio, los monopolios, los usureros y comerciantes que las esquilman con fría impiedad. La alianza obrero-campesina es, incuestionablemente, la base del frente democrático nacional.
En particular, tal separación de la lucha nacional y social nos conduciría a rebajar la acción de la clase obrera, a diluir su independencia ideológica, su acción reivindicativa sindical y política. Y entrañaría una desvalorización del papel del Partido.
Los caminos que se podrían pensar más amplios, hacia el frente democrático nacional, resultan, pues, ilusorios, y vanidad la creencia en una táctica más flexible cuando ésta no corresponde a la correlación social y política verdadera, en que nos toca actuar. Por el contrario: sobre la plataforma de un ceñido análisis de las fuerzas de clase, se puede construir con más eficiencia la arquitectura de las alianzas del proletariado y la más detallada y ágil política. La conducta táctica debe girar, siempre, en torno a un protagonista: la movilización, el combate y la experiencia de las grandes masas, lo que denominamos el desarrollo del frente único de lucha.
En una palabra, el imperialismo oprime a nuestro pueblo; la dominación económica extranjera es la piedra de toque para calificar el elemento nacional de nuestra revolución: pero esta opresión está enclavada en la propia estructura económico-social. Las razones de táctica no nos pueden hacer modfificar la realidad material.
Uruguay es un país dependiente; pero desde un punto de vista político objetivo -con todas las restricciones conocidas- obtuvo su independencia hace más de un siglo. La opresión imperialista no se manifiesta de la misma manera que en una nación sometida a la administración u ocupación extranjera, o marcada por una intervención imperialista más desnuda y directa. En casos excepcionales de la vida de un pueblo, por ejemplo la ocupación extranjera, ciertas fases de una guerra nacional muy difícil, es posible que el Partido de la clase obrera y las fuerzas patrióticas pospongan momentáneamente determinados objetivos sociales, en materia agraria, o ciertas reivindicaciones anticapitalistas, para enfrentarse mejor al invasor u ocupante extranjero. Pero, en primer término, ello ocurre en circunstancias muy particulares y, en general, por tiempo limitado ; y, en segundo término, no modifica ni puede hacer desaparecer, la naturaleza objetiva, material, auténtica, de la contradicción principal que se manifestará, en última instancia, de modo ineludible. En consecuencia, aun existiendo la posibilidad de ciertos giros tácticos, en situaciones peculiares, ello no modifica nuestra definición; no puede significar que cambie por ello la existencia social, y menos aun se podría inferir que los términos de la contradicción son separables, como piezas que se desmontan, en mecanismos paralelos.

Concebiríamos la lucha del pueblo uruguayo contra el imperialismo yanqui, a través de las anteojeras del idealismo filosófico.

El razonamiento táctico es también discutible desde otro aspecto: contrapone, falsamente, las categorías de amplitud y profundidad de las luchas. Incurre, así, en una oposición metafísica. Estas categorías no se excluyen mecánicamente. Sin duda, la extensión (amplitud táctica) de las fuerzas sociales que participan en la revolución, facilita la ulterior intervención más profunda de las masas; pero también es cierto que la verdadera profundidad de la acción revolucionaria de los obreros, campesinos, trabajadores, capas medias urbanas, es inseparable de la lucha por sus reivindicaciones, de su experiencia y sus conquistas. La profundidad de la acción revolucionaria de las grandes masas -cuyo eje es la alianza obrero-campesina- si por un lado, y a medida que la revolución avanza, restringe la amplitud, por otro es un sostén de esa amplitud. Creemos que esta idea dialéctica se resume, en su forma estratégica y táctica, en la Declaración de los 81 Partidos Comunistas y Obreros:
     
     "La alianza de la clase obrera y campesinos -dice- es
     la fuerza más importante para conquistar y defender la
     independencia nacional, realizar profundas transformaciones
     democráticas y asegurar el progreso social. Esta alianza
     está llamada a ser la base de un amplio frente nacional.
     De su fuerza y solidez depende también en no pequeña
     medida el grado de participación de la burguesía nacional
     en la lucha liberadora. Pueden desempeñar un gran papel
     todas las fuerzas patrióticas nacionales, todos los
     elementos de la nación dispuestos a luchar por la
     independencia nacional, contra el imperialismo". (Ediciones
     de la revista "Estudios", Montevideo, 1961, pág. 36.
     Subrayado por mí. - RA).

Esta experiencia es universal. Cuba la confirma, independientemente de que el dramatismo de la situación cubana precipitó la dureza del proceso interior, como lo explicara Fidel Castro el 1º de mayo de 1960. Aníbal Escalante decía con acierto en la VIII Asamblea Nacional del Partido Socialista Popular en agosto de 1960:

     "Es sabido que la burguesía nacional cubana -y en ella
     actúa como toda burguesía -está penetrada de un fuerte
     temor a los cambios revolucionarios, sobre todo al
     influjo de la clase obrera en la revolución que dé contenido
     más hondo y radical al proceso...la revolución no echa a
     la burguesía nacional de su lado; es ella la que vacila;
     y es de ella de donde, sobre la base de su temor al prole-
     tariado y al avance de la revolución...surgen constante-
     mente las tendencias a capitular ante el imperialismo y
     las traiciones a la patria...Mantenemos la estrategia de
     clases con que se originó la revolución. Procuramos que
     la burguesía nacional se sostenga en el campo revolucio-
     nario, aunque, desde luego, sin concesiones lesivas para
     el desarrollo revolucionario" .

En fin, concebimos la base material de la revolución uruguaya -el antagonismo entre el desenvolvimiento de las fuerzas productivas y las relaciones de producción- como una unidad de contradicciones; de esa unidad es parte, a su vez, contradictoria, en lo económico, político y nacional, la pugna que opone nuestro pueblo al imperialismo, en particular a la oligarquía financiera del dólar. Esta contradicción es relevante e influye el curso de la lucha.

     4. Relaciones de producción y monopolios extranjeros

La opresión imperialista posee un doble carácter: por un lado el imperialismo forma parte de las relaciones de producción del Uruguay; por otro, es un factor foráneo, extranjero, esquilma desde el exterior a la mayoría del pueblo, marchita nuestra independencia política y veja la soberanía nacional. La situación de nuestro continente -principal dependencia del imperialismo yanqui y el papel de EE.UU.- cabeza mundial de la reacción, la guerra y el colonialismo - subrayan la gravitación de este factor externo.

Pese a esta dualidad, la conquista de nuestra independencia económica (la Declaración lo especifica en reivindicaciones antimperialistas radicales) es la clave material para volver auténtico nuestro perfil independiente y tornar nuestra actuación soberana.
Y si bien no podríamos abarcar integralmente todo lo que sifnifica para Uruguay el fenómeno imperialista sólo con medir el número de propiedades y empresas o su presencia subyugadora en el mercado exterior, debemos partir de estos datos, si queremos definir la condición y el grado de la subordinación nacional. Simplificaríamos excesivamente el planteamiento si identificáramos ambas definiciones, si creyéramos que se corresponden del mismo modo que dos figuras superpuestas de exacta geometría; sin embargo, la intervención del capital imperialista en la economía nacional es el índice primordial para emprender toda definición de la condición de nuestro país como un país dependiente. La opresión nacional se integra, pues, en el conjunto de las caducas relaciones de producción, que obstruyen el desenvolvimiento de las fuerzas productivas; es parte de la estructura económico-social del Uruguay.
Recurramos, para una más sencilla demostración, a las definiciones básicas. Ellas son bien conocidas para el lector advertido, pero vale la pena repetirlas ya que no estamos exhibiendo originalidades, sino desmontando en piezas la armazón sustentadora de nuestros conceptos.

A fin de poder arrancarle a la naturaleza lo indispensable para satisfacer sus necesidades y asegurar la continuidad de la especie, los hombres deben entrar, necesariamente, en determinadas relaciones sociales . Estas relaciones se establecen -independientemente de su voluntad- en el proceso de la producción de bienes materiales. Las relaciones de producción incluyen: las formas de propiedad sobre los medios de producción, que tienen carácter determinante sobre toda la estructura social; el lugar que ocupan en la producción los distintos grupos sociales y sus vínculos mutuos, o sea las clases o capas sociales y sus relaciones recíprocas; y las diversas formas de distribución de los bienes materiales .

De este conjunto de relaciones sociales, la propiedad de los medios principales de producción es lo más importante para la definición de la base material de una sociedad.
Por lo mismo, con criterio científico riguroso, no se pueden deslindar la dominación imperialista y las relaciones de producción, como si fueran cosas distintas, mecánicamente separables, o por lo menos paralelas.
El principal rasgo económico que caracteriza al imperialismo es la exportación de capital. La inversión imperialista en el país colonial o dependiente puede tener simplemente la forma de un empréstito o de una colocación de capitales en empresas. Sirvámonos del ejemplo más claro: la inversión en empresas o fincas. En toda América Latina es evidente la apropiación, por el imperialismo de importantísimos medios de producción: tierras, minas, bosques, la instalación de empresas transformadoras o semielaboradoras de materia prima, o, sencillamente, la colocación de capitales en "empresas mixtas" originarias del capital nativo que son así engranadas y sometidas a los monopolios imperialistas. Los bancos, las grandes empresas comerciales, las vías de comunicación o los servicios públicos, etc. en poder total o parcial del capital financiero -imperialista- forman parte indiscutiblemente de las relaciones de producción, de la estructura económico-social de un país.

Esto es así también en Uruguay. Los guarismos que registran la inversión imperialista "directa" en Uruguay son los más bajos de Latinoamérica, en relación con el monto de capitales invertidos en la producción industrial y agraria; pero también en la economía uruguaya el imperialismo ocupa un lugar destacado.

Al considerar las bases materiales de la revolución uruguaya no se debe estimar, pues, la opresión imperialista exclusivamente como un factor externo; algo así como una gran prensa que oprime al país desde afuera y que no integra sus relaciones de producción, la infraestructura de la sociedad uruguaya. Esta es una concepción simplista.

Tampoco debemos perder de vista el otro aspecto: los monopolios imperialistas no son propietarios cualesquiera de los medios de producción; son imperialistas. Al afincarse en la economía nacional personifican una fuerza extraña que se apropia y lleva hacia la metrópoli una buena parte de la renta nacional; que gravita en el mercado interno con las ventajas y los métodos del capital monopolista en detrimento de otros propietarios nativos de los medios de producción. Este aspecto diferencia, precisamente, la apropiación de los medios de producción por los monopolios extranjeros de su apropiación por una parte de los capitalistas nativos, por ejemplo la media y pequeña burguesía.

El imperialismo integra un sistema mundial a cuyas leyes se opone, en tanto que nación sometida, el desenvolvimiento social del Uruguay. La opresión imperialista involucra, en una unidad de contradicciones, el aspecto exterior, la opresión nacional y la presencia interna, como parte de la caduca estructura económico-social del país. Creemos que éste es el enfoque dialéctico de la cuestión, bien lejano por cierto, del mecanicismo, pero también de la sofística.

5. ¿No hay distinción entre el capital nacional y
               el capital imperialista?

Así es en la realidad. Y porque ocurre en la realidad nos previene contra dos fallas de interpretación: el error de creer que la dominación imperialista es nítidamente separable en nuestro país de la opresión de los terratenientes y grandes capitalistas antinacionales; y el error que recientemente hemos visto repetir a un autor argentino:

    "Dividir el capitalismo...en términos nacional y
    extranjero, es una patraña..." dice: "El capialismo
    actual es uno e indivisible, y siempre imperialista e
    internacional"

Este aserto tan rotundo y absoluto lleva a pensar que, tanto desde el punto de vista histórico como del de la economía política, el autor entiende poco de lo que es el imperialismo. Como lo prueba además el propio texto media página más adelante: "...consideramos indispensable la promoción del desarrollo industrial del país, a condición de que no se ahogue el crecimiento del agro y de la minería".
Esa industrialización a que alude, ¿es la industrialización socialista, sólo posible después de la toma del poder por el proletariado? Ostensiblemente no. Lo prueban sus invocaciones al "establecimiento de un salario mínimo vital" (frase confusa para una reivindicación que no pasa el límite tolerable de cualquier régimen burgués) y cuya no observancia es una de las críticas que formula a la "industrialización" peronista. Condiciona ese incremento industrial a una posible reforma agraria que -por la descripción- se llevaría a cabo también dentro de las fronteras del régimen burgués.
La división del capitalismo en "términos nacional y extranjero" no es una patraña. Y si bien el "capitalismo es uno" cuando se trata de hablar del tipo de relaciones de producción que establece -trabajo asalariado y producción para el mercado-, el capitalismo deja de ser "uno e indivisible", si consideramos los cambios cualitativos que se produjeron en la estructura del capitalismo en determinados países, a fines del siglo XIX, cambios que definieron el dominio del capital monopolista, la existencia del imperialismo como una empresa de subyugamiento colonial de la mayoría de la población de la tierra, a la cual succionan las oligarquías financieras de un puñado de potencias capitalistas.

Lenin define el imperialismo en frase conocida:

     "...sin olvidar la significación condicional y relativa de
     todas las definiciones en general, las cuales no pueden
     abarcar en todos sus aspectos las relaciones del fenómeno
     en su desarrollo completo, conviene dar una definción del
     imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales
     siguientes: 1) la concentración de la producción y del capi-
     tal llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo, que
     ha creado el monopolio, el cual desempeña un papel decisivo
     en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con
     el industrial y la creación, sobre la base de este "capital
     financiero", de la oligarquía financiera; 3) la exportación
     de capital, a diferencia de la exportación de mercancías,
     adquiere una importancia particular; 4) la formación de
     asociaciones internacionales monopolistas capitalistas, las
     cuales se reparten el mundo, y 5) la terminación del reparto
     territorial del mundo entre las potencias capitalistas más
     importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase
     de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de
     los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una
     importancia de primer orden la exportación de capital, ha
     empezado el reparto del mundo por los trusts internaciona-
     les y ha terminado el reparto del mismo entre los países
     capitalistas más importantes .

Este es el abecé de toda definición económica o histórica del imperialismo y es justamente el fundamento objetivo de toda la actual crisis y desintegración del sistema colonial. ¿Se puede decir que el capitalismo de Indonesia y el de EE.UU. o Inglaterra -desde este punto de vista-, son el mismo capitalismo? ¿Que el industrial indonesio es imperialista? Los nuevos Estados nacionales independientes que han surgido en Asia y Africa no forman ya parte del sistema imperialista, aunque muchos no han salido de la economía capitalista mundial; pero en ella ocupan una situación peculiar y, en general, siguen siendo explotados en muchos aspectos por los monopolios imperialistas.
En otro aspecto: ¿era "internacional" e imperialista, el inmigrante italiano, español, más tarde israelita, que en Uruguay y Argentina empezaron como artesanos, luego como pequeños fabricantes que explotaban dos, tres o diez obreros, en la metalurgia, el textil, el calzado o la producción de muebles, y que hoy son industriales medios? No está en cuestión que son capitalistas que, por lo tanto, extraen plusvalía a sus obreros, inclusive que algunos pueden ser grandes capitalistas reaccionarios sin el menor ánimo de luchar por la independencia nacional frente al imperialismo. Pero de ahí no es posible inferir que son parte "indivisible" de los monopolios imperialistas, y que ellos mismos sean y "siempre" -concepto de tiempo: ayer, hoy y mañana- internacionales e imperialistas. Puede pertenecer alguno a una capa social ya inepta para la tarea nacional-liberadora: nosotros hemos demostrado, más de una vez, que la gran burguesía conciliadora no será en Uruguay un aliado estratégico del proletariado; pero nadie podría decir que esa gran burguesía uruguaya, que además, no es meramente intermediaria del imperialismo, sea..."imperialista" e "internacional". El imperialismo supone el capitalismo de monopolio como base económica, y la dominación colonial, la sujeción financiera, económica, política, nacional, de otros pueblos. Y por mucha ojeriza que le podamos tener a esta capa de grandes burgueses, nos hundiríamos en el ridículo teórico si la calificáramos de imperialista.

(Problemas de una Revolución Continental” – Tomo II, P. 73.
Edición de la Fundación Rodney Arismendi. Montevideo, 1997).