lunes, 2 de julio de 2012

                            LAS OLIGARQUÍAS SON SOLIDARIAS



Los partidos tradicionales –Colorado y Blanco- que nacieron en 1837,  en los albores de la República Oriental del Uruguay, en encarnizada pelea por la propiedad de la tierra, que era pública en todo el norte del país, y el pago de la deuda a sus respectivos acreedores, con dineros del Estado, que financiaron esas guerras, e interesados también en esas tierras, se han solidarizado con el “Presidente” de Paraguay, Federico Franco, que se prestó al golpe contra el titular, Fernando Lugo.

La posesión y concentración de la tierra, y el control del sistema bancario y del comercio exterior, fue el proceso de consolidación de las estructuras económicas en el siglo XIX, en alianza con Inglaterra que compraba los productos agropecuarios y nos vendía sus manufacturas e invertía en ferrocarriles, frigoríficos y comunicaciones. Ese papel , en el siglo XX, después de la Primera Guerra Mundial, ha sido cumplido hasta el presente por Estados Unidos.

Este rápido bosquejo es, con peculiaridades secundarias, es el panorama de los países periféricos frente a los países globalmente dominantes. El capitalismo creció a saltos, empezando por Gran Bretaña que, en el siglo XIX, después de la derrota de Napoleón, se convirtió en el “Sol” económico del planeta.

Llamo oligarquías, a una minoría que entrelaza los negocios del agro, el vcomercio exterior y la banca.

En el Uruguay se opuso a la industrialización y a las políticas sociales que conlleva, impulsadas por el líder colorado, José Batlle y Ordóñez., en 1911 y al Consejo Nacional de Administración al que derrocó en 1933; en Argentina, se opuso a Hipólito Yrigoyen, al que derrocó, mediante un golpe militar en 1930 y en Brasil, derribó a Getulio Vargas en 1954.

En todos estos golpes, tuvo como aliados a Gran Bretaña o a Estados Unidos, que se oponían –y se oponen- a la industrialización de estos países a quienes les reservaban solo el papel de proveedores de alimentos y materias primas del subsuelo.

                                                  El Paraguay

La historia de Paraguay es más dramática que la uruguaya porque tuvo el “pecado” de declararse independiente en 1811 y poner en marcha un proyecto económico destinado a alcanzar la autonomía en esta materia, prescindiendo de las industrias extranjeras. Fue el primero que tuvo ferrocarril y hornos de fundición de hierro. El auor de este proyecto fue Gaspar Rodríguez de Francia y sus continuadores, Carlos Antonio López y su hijo, Francisco Solano López (1862-1870).

Este desafío era intolerable para Inglaterra que, junto con Bartolomé Mitre de Argentina y el Emperador Pedro II del Brasil –y la concurrencia “gratuita”, del dictador uruguayo, Venancio Flores-, conformaron una “Triple Alianza”, en junio de 1964.  (los ingleses se mantuvieron discretamente en las sombras pero financiaron con abundantes préstamos a los agresores y eran quienes tenían los hilos de la conspiración), para invadir y derrocar al “dictador que oprimía al pueblo paraguayo”. (¿Contemporáneamente suena este pretexto, en otros lares del mundo?).

El pueblo paraguayo resistió, cubriendo una de las páginas de heroísmo, quizás la más grande de América Latina, pero fue derrotado y su presidente asesinado. Las consecuencias de la guerra para el Paraguay fueron desastrosas: Quedó arrasado, perdió el 90% de la población masculina; sus industrias y comunicaciones destruidas- Antes de la guerra fno tenía deuda externa; después de la guerra debió recurrir a la banca londinense: perdió territorios en el este y en el oeste, que fueron apropiados por Brasil y Argentina, respectivamente.  

Las “reglas” económicas, establecidas por Inglaterra se impusieron y el nuevo ejército paraguayo se encargó, dictaduras militares mediante, de consolidar las nuevas estructuras enajenadas, accediendo a una parte del botín.

En Uruguay, los créditos concedidos por el Banco Mauá a Venancio Glores para financiar su participación en la guerra contra el Paraguay, desbordó ampliamente los límites legales impuestos a la emisión, lo que condujo a la gran crisis bancaria de 1868, ante la imposibilidad de convertir en oro sus billetes, de acuerdo a las normas del patrón oro. Esta crisis obligó al gobierno al curso forzoso de los billetes, ante la protesta de los hacendados y exportadores, situación que la resolvió Latorre en 1876 con la liquidación del Banco de Mauá y su papel de agente financiero del Estado por la banca británica.

Hoy la mayoría de las grandes extensiones de tierra en el Paraguay son controladas por exponentes del Partido Colorado y de las multinacionales, y el ejército, controlado también por este Partido, es la garantía del status dominante. En el siglo pasado, solo la dictadura del general Alfredo Stroessner (que no fue la única), duró 35 años (1954-89). Fernando Lugo ha sido el primer presidente no proveniente de esa organización y, contando con un gran respaldo popular, con un ancla fuerte en los campesinos sin tierra, el que alcanzó la Presidencia en el 2008, obteniendo el 40% de los votos electorales.

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Decíamos arriba, que los partidos representativos de la oligarquía uruguaya, que controla la tierra, junto con las multinacionales, así como la banca privada y el comercio exterior, ha puesto el grito en el cielo por la resolución del Mercosur y Unasur de suspender al gobierno paraguayo, separándolo transitoriamente de ambas organizaciones- hasta las elecciones del 21 de abril de 2013, instancia en que el pueblo paraguayo elegirá a un nuevo gobierno.

Esgrimen airados que se ha violado el principio de “no intervención”, que es la piedra angular de la política exterior uruguaya.

Al respecto, debo decir dos cosas: 1) No se ha violado el principio de “no intervención” y 2) Ninguno de los dos partidos el Colorado y el Blanco- tienen autoridad moral y política para esgrimir este argumento.

Vayamos a la primera cuestión. El gobierno paraguayo, junto con los otros miembros del Mercosur y la Unasur, firmaron, en diciembre del año pasado, el Protocolo de Montevideo, Usuahia II, que en sus considerandos dice “que la plena vigencia de las instituciones democráticas y el  respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales son condiciones esenciales para la vigencia y evolución del proceso de integración entre las Partes”, “Reiterando el compromiso con la promoción, defensa  y protección del orden democrático, del estado de derecho y sus instituciones, de los derechos humanos y las libertades fundamentales, como condiciones esenciales e indispensables para el desarrollo del proceso de integración y para la participación en el MERCOSUR”, “ARTICULO 1 - El presente Protocolo se aplicará en caso de ruptura o amenaza de ruptura del  orden democrático, de una violación del orden constitucional o de cualquier situación que ponga en riesgo el legítimo ejercicio del poder y la vigencia de los valores y principios democráticos”

Este protocolo recoge un anhelo de los pueblos latinoamericanos que han visto burlados sus derechos y su voluntad expresada democráticamente en las urnas, por golpes oligárquicos, apoyados por el imperialismo de turno, del que está repleta la historia de nuestro Continente. La violación del orden constitucional por el parlamento paraguayo, es notorio, porque un acuerdo entre dos partidos políticos articuló un “juicio político”, entre gallos y medianoche, que falló en poco más de 24 horas sin conceder los “plazos indispensables”, a la defensa.

La Constitución del Paraguay, de 1992, en su artículo 225 establece las garantías “de cualquier proceso del que pueda derivarse pena o sanción” y en el literal 9º de este artículo indica que al acusado se le deben conceder “plazos indispensables para la preparación de su defensa en libre comunicación”. A Lugo se le concedieron solo dos horas para defenderse de manera que es falso el argumento de que el Congreso actuó de acuerdo a derecho, como sostiene la oposición uruguaya.

Ahora, el segundo punto. El Partido Colorado, en Uruguay, ha realizado todos los golpes de Estado, con militares o sin ellos, qie recoge la historia del país. Y en el
período de  1945 en adelante, en que ejerció el gobierno constitucionalmente, apoyo todas las intervenciones norteamericanas en América del Sur, con el respaldo de los medios electrónicos monopólicos. Una de esas instancias fue el derrocamiento del gobierno constitucional de Guatemala, presidido por el Coronel Jacobo Arbenz, en 1954.

Una situación similar es la conducta del Partido Blanco.

En el siglo XIX fueron a las guerras civiles para tratar de arrancarle a los colorados el poder, logrando una parte del mismo con la Paz de Abril de 1872.

Pero en el siglo XX, se aliaron con los colorados para repartirse el poder y en 1933, el sector liderado por Luis Alberto de Herrera, apoyó el autogolpe de Gabriel Terra y se repartieron la administración “fifty-fifty”. Pocos años después, Herrera y Terra rompieron con el gobierno legítimo de la República Española  y reconocieron a la insurrecta Junta de Burgos, presidida por el golpista Francisco Franco.  

En 1946, el Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Amézaga, Eduardo Rodríguez Larreta, del Partido Blanco Independiente (opuesto a Herrera y hoy liderado por Larrañaga), lanzó, obedeciendo a la línea de la política exterior de Estados Unidos, la doctrina de la intervención colectiva en defensa de la democracia, para derribar al Presidente Perón que había derrotado en las urnas a toda la oposición unida.

Durante su primer gobierno, en el siglo XX (1959-1963), el Partido Blanco apoyó la descarada intervención de Estados Unidos en Cuba y se sumó al bloqueo político y económico de la hermana del Caribe, obedeciendo a la política exterior de Washington hacia América Latina y el Caribe.

Los blancos se llaman también “Nacionalistas” porque en 1863 el gobierno de Bernardo Berro enfrentó la invasión de Flores, apoyada y financiada por Mitre y a la flota brasilera, quemando en la plaza pública los Tratados de Lamas (Colorado) con el Brasil, que habían convertido a Uruguay en una virtual y rediviva “Provincia Cisplatina”.

Pero de este nacionalismo, después, no les quedó nada. Hicierorn “mangas y capirotes” del derecho en lo interno, apoyando o dando golpes de Estado _el último fue el de Juan María Bordaberry, que era “rosado”, apoyado por los Tenientes de Artigas, logia militar creada por el ex candidato blanco a la Presidencia de la República, general Mario Oscar Aguerrondo, y en la externo, siguiendo obsecuentemente la línea de la política norteamericana, contra cualquier país que quisiera la independencia económica, para librarse de la coyunda de sus monopolios.

En consecuencia, la posición de colorados y blancos frente a la decisión del Mercosur, no es una cuestión de derecho, al que nunca han respetado, cuando las circunstancias eran contrarias a ñ
los intereses egoístas de un pequeño grupo que no quiere perder su control hegemónico en la economía uruguaya, siempre en alianza demoníaca (los hechos históricos son ilevantables) con los Estados Unidos.





domingo, 24 de junio de 2012

EL DERROCAMIENTO DEL PRESIDENTE LUGO



En un fulminante “juicio Político”, que violó los plazos procesales, el Congreso Paraguayo destituyó al presidente Fernando Lugo, que había sido electo el 20 de abril de 2008, por una coalición de partidos de centro izquierda –la Alianza Patriótica para el Cambio-, que desplazó del gobierno al Partido Colorado, que había ejercido la dictadura o breves períodos constitucionales durante 74 años.

La Alianza Patriótica para el Cambio llevó como candidato a la Presidencia a Lugo y a Federico Franco, del Partido  Liberal Radical Auténtico –la segunda fuerza política del país- como Vice. Esta fórmula resultó victoriosa al obtener el 40% de los votos emitidos y diez puntos porcentuales de ventaja sobre la candidata del Partido Colorado. El presidente electo asumió el 15 de agosto, para cumplir un mandato de 4 años y entregar el gobierno al que resulte vencedor en las elecciones de 21 de abril de 2013.

                                        Un frágil respaldo parlamentario

La Cámara de Diputados está integrada por 80 legisladores. 33 corresponden al Partido Colorado; 29 al Partido Liberal Radical Auténtico; 12 a la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos y 6 a partidos menores, entre los cuales el Frente Guasú, una coalición de izquierda, formada en el 2010, que apoyaba al gobierno.

El Senado está integrado por 46 senadores. Al Partido Colorado, corresponden 16, incluyendo a Wasmosy que es senador vitalicio; 10 al Partido Liberal Radical Auténtico; 9 a la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos; 4 al Partido Patria Querida y los 5 restantes a partidos menores.

La Cámara de Diputados designó a 5 fiscales para presentar la acusación contra Lugo ante el Senado que actuó como Tribunal. Ellos fueron: Oscar Luis Tuma (ANR-Capital), Carlos Liseras (ANR-Central), Jorge Avalos Mariño (PLRA-Paraguarí), José López Chávez (UNACE-Central) y Clemente Barrios Monges (ANR-Paraguarí). En otras palabra, 3 pertenecen al Partido Colorado (ANR), 1 al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y 1 a la Unión  Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE). Tuvo también activa participación el Partido Patria Querida (PPQ), sobretodo en el Senado donde su integrante, Marcelo Duarte, se encargó de las propuestas de cambios al reglamento. La única defensa política del Presidente Lugo en el Senado fue la del renunciante ministro del Interior, Carlos Fillizzola y la jurídica, a cargo de los abogados Emilio Camacho, José Enrique García y Adolfo Ferreiro.

                                     Un juicio con ridículo plazo procesal

Fillizzola señaló que se trataba de una maniobra política urdida por el Partido Colorado y que muchos senadores habían cambiado de opinión a último momento. En tanto el abogado Ferreiro dijo que el cuerpo no había tenido en cuenta el artículo 17 de la Constitución que establece que se le debe conceder a la defensa tiempo suficiente (sin fijar plazos) y que, en este caso, para llenar el vacío se debe recurrir al Código de Procedimiento Civil que tien4e “carácter supletorio”. El plazo que establece este cuerpo normativo es de 18 días. Agregó que la defensa no podía responder al contenido de la acusación, porque si se trataba de enjuiciar la gestión política del Presidente, había que analizar sus casi cuatro años de gobierno. El Senado denegó la solicitud de y pasó a evaluar las “pruebas” de la acusación. Alas 16 y 30, hora del Paraguay, el Senado declaró culpable al Presidente de la República y tomó juramente de inmediato a Federico Franco. Lugo en un breve discurso difundido por los medios electrónicos, se sometió al fallo, agradeció a todas las fuerzas sociales y políticas que lo apoyaron en esta emergencia y pidió a los manifestantes que se concentraron en las afueras del Congreso, que se retiraran pacíficamente para evitar derramamientos de sangre.

La Presidencia de la Cámara fue ejercida por Víctor Alcides Bogado, del Partido Colorado y la del Senado por José Oviedo Mateo del Partido Unión Nacional de Ciudadanos Éticos.

                                 Opinión del Frente Guasú

El Secretario General del Frente Guasú,  Ricardo Canese,  definió la crisis, en declaraciones a Telesur, de la siguiente manera: “El plan para derrocar a Lugo se fraguó de manera premeditada con el concierto del Congreso y el Poder judicial que en vez de ponerse en favor del pueblo, actúan para favorecer a los ladrones de la tierra, de la oligarquía, que posee al menos 8 millones de tierras mal habidas".

Dijo que el juicio político, organizado a tambor batiente viola la Constitución ya que le dieron solo dos horas al presidente democráticamente electo para que se defienda.

"Eso sólo habla de la intención golpista de estos sectores que, en lugar de respetar la Constitución, buscan prostituirla y decir que esto es legal. Quieren introducir un Honduras en el corazón de América del Sur", concluyó Canese.

                                              Las causas reales

En nuestra opinión, una explicación de las causas reales de este golpe institucional hay que buscarla en la situación social y política interna de Paraguay y en los procesos políticos que se desarrollan en América del Sur. No hay duda que la llegada de Fernando Lugo a la Presidencia, con el respaldo de amplios sectores sociales que apoyaron su programa de reformas económicas estructurales, sobretodo la Reforma Agraria y su alianza electoral con el Partido Liberal, creaban de por sí una situación contradictoria que obligaba a Lugo a un hábil juego político para no defraudar a unos sin provocar la reacción conservadora de su principal aliado electoral.

Uno de los fiscales, el diputado colorado, Oscar Luis Tuma, acusó a Lugo de “negligencia cómplice” con los movimientos sociales que atentaban contra la propiedad, “estimulando la lucha de clases con la finalidad de generar el caos y asumir la totalidad del poder e imponer un modelo de país antidemocrático”.

La proximidad de las elecciones y la eventualidad de dar forma a política a un amplio movimiento de masas, habría sido la razón principal del Partido Colorado de anticipar el desplazamiento de Lugo, criterio al que se sumó, en defensa de sus propios intereses políticos, el Partido Liberal, haciendo jugar esa carta al Vicepresidente, Federico Franco que, con el apoyo del Partido Colorado, gobernará hasta el 15 de agosto del año próximo, usando el poder para intentar consolidar el dominio de la oligarquía tradicional, presuntamente amenazada.

Un golpe importante recibe, con el derrocamiento de Lugo, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), En esta crisis no hay que descartar una activa participación del imperialismo norteamericano, que ha venido perdiendo fuerza, en su “patio trasero”, como lo reveló la Conferencia de la OEA, realizada recientemente en Colombia.

                                              MERCOSUR y UNASUR

Por la situación política interna del Paraguay y la enconada hostilidad del Congreso de este país hacia el Presidente Hugo Chávez, era el punto ideal para una “clavada de alfil” en el tablero de la UNASUR, ya que los intentos de desestabilizar al gobierno bolivariano, a Rafael Correa o a Cristina Fernández, con sólidos respaldos ciudadanos y parlamentarios, no resultaba posible. En estos casos, la estrategia imperial es otra.

La UNASUR tiene ahora un desafío muy grande. ¿Qué actitud asumirá frente al nuevo gobierno paraguayo, que ha edulcorado su golpe con un “paraguas constitucional”?  Ya, algunas declaraciones y decisiones indican que la reacción será enérgica. Argentina, Brasil y Bolivia, que son sus vecinos más cercanos han condenado el golpe y le han negado el reconocimiento al nuevo gobierno. No olvidemos que Paraguay es un país mediterráneo que tiene la única salida al mar por el Río Paraná que es la principal vía de agua argentina. Se anticipa que no será reconocido como presidente pro tempore del MERCOSUR, que ejercía Lugo, y Brasil ha propuesto su expulsión de la Organización No obstante, Estados Unidos se va a mover, y  no sería sorprendente una “solución a la hondureña” que implique no tocar a Lugo y permitirle que pueda hacer campaña política para las elecciones del 21 de abril. Federico Franco ha apelado a la CNN para que le mejore la imagen de “demócrata convencido”, en in largo reportaje en la noche del 23.

Pero estas, naturalmente, son especulaciones. Nadie puede pronosticar el curso futuro de los acontecimientos, pero no creemos que el señor Federico Franco pueda tener un gobierno tranquilo, cuando se ha prestado a un acto que descalifica su autoridad moral y política.




miércoles, 13 de junio de 2012

EL CAPITALISMO NO OFRECE SOLUCIONES


`pr Ruiz Pereyra Faget



No es una afirmación de un izquierdista “desmelenado”. Basta observar la historia y, si alguna ventaja tenemos los veteranos sobre las nuevas generaciones, es que hemos vivido muchos años las mismas peripecias y las vueltas de la noria siempre son las mismas.

El capitalismo es un modo de producción que se basa en la ganancia individual. No es una construcción colectiva donde el producto del trabajo se distribuya según el principio “de cada uno según sus capacidades y a cada uno según sus necesidades”. No tengo que recurrir a ejemplos pues tenemos los hechos a la vista y que las estadísticas, aun las oficiales, no pueden ocultar.

El mercado es, según Adam Smith (primer economista de la época industrial manufacturera), la “mano invisible”, que permite el triunfo de los productores más exitosos. Su éxito se basa en que sus costos de producción son más bajos que los de sus competidores y esto por dos razones: porque los salarios de sus trabajadores son más bajos o el trabajo más intenso y, transitoriamente, porque su tecnología es superior.

Si la ganancia es el resultado de un valor, producido por los trabajadores,  que está por encima de la remuneración salarial, hay una brecha que impide que ese producto pueda ser consumido en su totalidad por quienes lo producen. En consecuencia, tiene que ser exportado pero se encontrarán con la competencia en el mercado mundial de otros países que tienen el mismo problema. ¿Y como se defienden? Protegiendo su producción para mantener un nivel de ocupación por lo menos del 5% de su fuerza laboral activa.

Esta lucha por controlar los mercados de ventas y suministro de materias primas y alimentos, es lo que conduce a las guerras, incluso mundiales.

Desde mediados del siglo XIX, en los países de Europa Occidental –sobre todo en Inglaterra y Francia-, el desarrollo industrial provocó el surgimiento de una poderosa fuerza laboral que, bajo condiciones durísimas de explotación, se organizó en sindicatos. Pronto, este movimiento social, comprendió que su condición de parias no se resolvía con alcanzar ciertas reivindicaciones como la jornada de 8 horas, prohibición del trabajo de menores y mejora de las condiciones ambientales de trabajo, pues era el sistema que había que cambiarlo.

En este punto (1840), la cultura filosófica juega un papel fundamental. Los intelectuales, que son los generadores de ideas, tienen su bagaje –los de izquierda- en la filosofía clásica alemana, especialmente en su “gran pope”, Emmanuel Kant y su “imperativo categórico”: “no hagas a otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. En otras palabras, la solución a la cuestión social, es “un problema moral”. La Iglesia Católica también sostiene que es un problema moral, cuando invoca el “reparto del pan”, en la última cena de Jesús con sus discípulos, pero con Santo Tomás cae en una contradicción de la que no se puede desprender jamás: “este mundo, con todas sus miserias, es un orden natural, creado por Dios”. La solución es la caridad, “el buen corazón de los ricos” que mitiga pero no puede cambiar el orden dispuesto por Dios..

Sin embargo, otro filósofo, Karl Marx, lanza otra interpretación: el capitalismo responde a leyes objetivas, es decir, independientes de la moral que es una opción subjetiva, y las demuestra matemáticamente en su obra “El Capital” (1867). La clase obrera es una fuerza social internacinal que organizada, consciente y educada en la nueva doctrina, puede cambiar el sistema económico que la oprime e instaurar otro modo de producción, basado en la construcción colectiva y en la solidaridad.

No obstante, este punto de vista no fue aceptado por todos los interesados que creyeron que utilizando el parlamento y a través de la ley podían realizar esa tarea. Estos se denominaron “Socialdemócratas” y los primeros, “Comunistas”.

Anarquistas y Comunistas, intentaron una primera experiencia en Francia, en 1871 –la Comuna de París-,, que duró 70 días, que fue aplastada y los bolcheviques, bajo las enseñanzas y liderazgo de Lenin, insistieron en 1917 en Rusia, que duró 70 años, y fracasó, por problemas internos y por la relación de fuerzas desfavorable en el campo exterior.

A partir de 1991, quedaron dos fuerzas políticas alternativas para dirigir el sistema capitalista: los Conservadores del orden dominante y los Socialdemócratas que insistían en las reformas legales. Las constituciones fueron reformadas, eliminándose a las minorías del Parlamento y consagrando el bipartidismo. ¿Cómo ha funcionado este sistema político? Con el auxilio de los medios de comunicación, que son propiedad mayoritariamente de los conservadores, manipulan al electorado que, por el “voto castigo”, creen que van a cambiar la situación. Cuando se trata de una crisis cíclica, que estalla cuando hay superproducción y pleno empleo, lo que reduce la tasa de ganancia,la alternativa puede dar resultado pues a la recesión, que lleva a la desocupación, seguirá la fase de ascenso que devolverá el pleno empleo y otra vez a la recesión.

Pero la crisis actual, a diferencia de las crisis cíclicas, es estructural. ¿Qué quiere decir esto? Que el sistema capitalista altamente desarrollado, basado en la producción privada –industrial dominante- y en la plusvalía, ha sido estrangulado por el capital financiero. Existe lo que algunos economistas llaman un cambio en la forma de acumulación capitalista que no es la fabricación de mercancía y la plusvalía, sino la especulación bursátil, el comercio de divisas, es decir la “economía casino” mediante la manipulación de los tipos de cambio en un sistema abierto de movimiento de capitales, en otras palabras, una montaña de papeles que exhiben un valor ficticio que no tiene ninguna base material.

La política central, en estos momentos en Estados Unidos y en la Zona Euro, es salvar ese enorme capital ficticio, con créditos colosales o emisiones sin respaldo, que los conservadores exigen que los pague el pueblo que ha perdido su trabajo o que está endeudado.

No me pregunten cómo se sale de este círculo vicioso porque no practico la futurología, pero una cosa parece cierta: es insostenible en el largo plazo. Lo que observamos son tres grandes tendencias que pueden significar un cambio de época: por un lado, un bloque capitalista euroasiático, integrado por China, Rusia y la India, que se fortalece y necesita la paz para crecer y, por el otro, un bloque capitalista, hasta hoy dominante, integrado por Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, que se hunde, provocando en su caída guerras interminables con una saña que no ha conocido, salvo en la época del nazismo, la historia de la humanidad.

Entre tanto, América Latina intenta construir un tercer bloque, en medio de grandes dificultades, cuyo futuro no se perfila aun como irreversible por el peso de las fuerzas económicas tradicionales sobre los aparatos industriales, con excepción de Brasil. Un cambio negativo de esta tendencia, que beneficiaría a Estados Unidos, en una etapa senil de su poderío económico, haría más lento el proceso integracionista y, tambien, más trágico.




jueves, 24 de mayo de 2012

                            APOCALIPSIS, MUY PRONTO


Por Paul Krugman

(Premio Nobel de Economía 2008).

Columnista de The New York Tines
Publicado el 18 de mayo de 2012.

De repente, se advierte cuán fácil es ver cómo el euro - el gran experimento de lograr la unión monetaria sin una unión política - podría venirse abajo. No estamos hablando de una posibilidad remota. Las cosas podrían derrumbarse con una velocidad impresionante, en cuestión de meses, no años. Y los costos,  económicos  i políticos –los más importantes-, podríam ser mayores.

Esto no tiene por qué suceder, el euro (o al menos la mayor parte de su área) todavía podría ser salvado. Pero para ello será necesario que los líderes europeos, especialmente en Alemania y en el Banco Central Europeo, empiecen a actuar de manera muy diferente de la forma en que han actuado en estos últimos años. Tienen que dejar de moralizar y hacer frente a la realidad, tienen que dejar de contemporizar y, por una vez, adelantarse a los hechos.

Me gustaría poder decir que yo era optimista.

La historia hasta ahora: cuando se creó el euro, hubo una gran ola de optimismo en Europa - y  resultó que era lo peor que le pudo haber pasado. El dinero vertido en España y otras naciones, que fueron vistas entonces como inversiones seguras, inundaron de capitales que crearon  enormes burbujas de la vivienda y  enormes déficit comerciales. Luego, con la crisis financiera de 2008, la inundación se secó, provocando depresiones severas en las mismas naciones que habían abastecodp antes.

En ese momento, la falta de una Europa unida políticamente, se convirtió en una responsabilidad grave. Florida y España,  tenían  burbujas inmobiliarias, pero cuando estalló la burbuja de la Florida, los jubilados todavía podían contar con la Seguridad Social y los cheques de Medicare de Washington. España no recibe ninguna ayuda comparable. Así que el estallido de la burbuja se convirtió, también, en una crisis fiscal.

La respuesta de Europa ha sido la austeridad: recortes salvajes del gasto en un intento por tranquilizar a los mercados de bonos. Sin embargo, como cualquier economista sensato podría haber dicho (y lo hicimos nosotros), estos recortes  profundizaron la depresión en las economías de Europa con problemas, minaron aún más la confianza de los inversionistas y llevó a una creciente inestabilidad política.

Y ahora ññrhs el momento de la verdad.

Grecia es, por el momento, el punto focal. Los votantes que están comprensiblemente enojados con las políticas que han producido 22 por ciento de desempleados - más del 50 por ciento son jóvenes – res`pnsabilizaron a los partidos por la aplicación de esas políticas. Y en efecto, como la clase política griega fue, forzada a aprobar una ortodoxia económica condenada, el resultado del rechazo de los votantes ha aumentado el poder de los extremistas. Incluso si las encuestas están equivocadas y la coalición de gobierno de alguna manera trata de ganarse la mayoría en la próxima ronda de votación,  Grecia no podrá aplicar las políticas que Alemania y el Banco Central Europeo están exigiendo.

¿Y ahora qué? En este momento, Grecia está experimentando lo que se llama una corrida bancaria un poco lenta, ya que los depositantes más y más sacan su dinero en previsión de una posible salida griega del euro. El Banco Central de Europa está, en efecto,  financiando esta corrida bancaria facilitada por los préstamos a Grecia de los euros necesarios, y  si (probablemente) el banco central decide que puede prestar más, Grecia se verá obligada a abandonar el euro y emitir su propia moneda de nuevo.

Esta sería una demostración de que el euro es, de hecho, reversible y arrastraría, a su vez, a los bancos españoles e italianos. Una vez más el Banco Central Europeo tendría que optar entre la financiación general y la negativa a hacerlo, loque haría estallar a toda la zona euro.  

Sin embargo, la financiación no es suficiente. Italia y, en particular, España deben ofrecer un entorno económico en el que tengan alguna posibilidad razonable de salir de la austeridad y la depresión. Siendo realistas, la única manera de proporcionar ese entorno sería que el banco central abandonara su obsesión por la estabilidad de precios, y aceptara y alentara  de hecho, durante varios años, una inflación de un 3 por ciento o 4 por cientoen Europa (y más que eso en Alemania).

Tanto los bancos centrales y los alemanes odian esta idea, pero es la única manera plausible paara que el euro se salve. Durante los últimos dos años y medio, los líderes europeos han respondido a la crisis con medidas a medias que compran tiempo; sin embargo, no han hecho uso de ese tiempo. Ahora el tiempo se ha agotado.

¿Europa, finalmente, estará a la altura de las circunstancias? Esperemos que así sea - y no sólo porque una ruptura del euro tendría efectos negativos dominó en todo el mundo. El mayor costo de fracaso del euro sería probablemente político.

Pensemos de esta manera: el fracaso del euro equivaldría a una enorme derrota para el proyecto europeo que es el intento de traer la paz, la prosperidad y la democracia en un continente con una historia terrible. También tendría el mismo efecto que teniendo en Grecia, desacreditar a los partidos políticos u fortalecer a los extremistas.

Todos nosotros, entonces, tenemos un gran interés en el éxito europeo. Sin embargo, depende de los propios europeos  lograr ese éxito. El mundo entero está esperando para ver si están a esa altura.


viernes, 18 de mayo de 2012

DEBATES EN BRASIL SOBRE LA POLÍTICA ECONÓMICA

por Eduardo Luis Curia

Fuente: Buenos Aires Económico.


07 - 05 – 2012

En varias oportunidades, y por motivos obvios, abordamos en esta columna aspectos de la economía brasileña. Uno de éstos, clave, es el relativo a la llamada “desindustrialización relativa” que vino enfrentando nuestro vecino. Justamente, en este orden, viene a cuento cierta situación paradojal que se perfila en Brasil en lo que hace a las relaciones entre la dirigencia industrial de ese país y el gobierno de Dilma Rousseff.
La actual presidenta es continuadora política del ex presidente Lula. Ahora bien, en los hechos, el período de gestión de Lula coincidió fuertemente con el avance de aquella desindustrialización, de la mano de un modelo –exitoso y alabado, en su orden– sustentado en el apalancamiento en el ahorro externo, las altas tasas de interés y la severa apreciación cambiaria real. Brasil es una economía comparativamente “referencial” en el mundo, en materia de altas tasas y sobrevaluación cambiaria. En un tal marco se explica que el sector manufacturero –en especial, el de mayor grado de transformación– haya perdido peso relativo en la economía. Se dio la peculiaridad de la aplicación de una política social muy activa con una acusada instancia de desindustrialización relativa.

Cuando Rousseff llega a la presidencia –incluso, antes, durante la campaña comicial–, el tema de la desindustrialización fue ganando espacio en la agenda pública y en su propia agenda. La continuidad política de los presidentes se matizó en lo económico. Aquel fenómeno y las variables asociadas –vgr., altas tasas y sobrevaluación del real– obtuvieron una atención antes desconocida.
En lo instrumental, el ministro del área económica, G. Mantega, que también lo fue de Lula, es quien lidera ese cierto reacomodamiento, influyendo asimismo el titular de Industria y el del Banco Central. Mantega procede de círculos desarrollistas, aunque, claro, su orientación en el plano oficial ha sido más bien almibarado.

Lo que resulta paradojal en esta circunstancia es que a pesar del reconocimiento que hasta determinado punto hace el gobierno de Rousseff de los problemas de la desindustrialización relativa y de la sobrevaluación cambiaria y de algunos intentos rectificatorios, las quejas que parten de sectores del empresariado industrial están alzando sus decibeles, marcando la insuficiencia de esos intentos y reclamando decisiones más drásticas, incluyendo lo cambiario como tópico relevante. En medio de una instancia incómoda de la economía mundial y con una desaceleración interna en curso (en marzo atisbó algún repunte), es como si se hubiera “abierto un grifo” que ahora es más arduo cerrar.

Los pasos oficiales. Siempre caracterizamos al esquema económico brasileño, tan ensalzado en diversos ámbitos, como una gestalt o conjunto. De la mano del régimen del inflation targeting, descansando intensamente en el ahorro externo, las altas tasas de interés y la apreciación rampante del real, se montó una fórmula macroeconómica muy definida. Por ende, la apreciación cambiaria es componente inescindible de esa gestalt, y, a la par, esta última posee un soporte esencial en la sobrevaluación del real.

Esta dimensión gestáltica exuda bastante cuando las autoridades brasileñas, en el plano principista, imputan a sus homólogos de los EE.UU. el promover la “guerra de monedas” a través de su laxa política monetaria, lo que presionaría la apreciación del real. El reclamo suena bastante ornamental, porque, en rigor, EE.UU. busca incentivar su propia demanda –lo que también tiene algo de “multiplicador mundial”– y la implicancia cambiaria del asunto, aunque característica, opera por vía indirecta; es difícil negar al país del norte que encare aquella búsqueda. Por lo demás, la dinámica mundial imperante años atrás de bajas tasas de interés “ayudó” mucho al modelo brasileño fundamentado en el apalancamiento en el ahorro externo. Entonces, ¿en qué quedamos?

Es como si el gobierno brasileño deseara “desplumar la gallina sin que haga ruido”. Apuntó a influir aplicando impuestos –con idas y vueltas– al ingreso de capitales especulativos, interviniendo algo más en el mercado de cambios y procediendo a una paulatina disminución de la tasa de interés SELIC. A su vez, encaró un “salpicado” de medidas limitantes de importaciones en determinados rubros, a lo que se sumaron determinadas alzas de aranceles y reducciones de impuestos y cargas laborales. En resumen: opera un combo que integra un manejo más bien tímido en el frente cambiario para frenar y revertir algo la apreciación del real, más un cierto arsenal de política comercial externa, de ofertismo y de un aporte de créditos.

Finalmente, computando además algunos ruidos externos, la moneda brasileña tendería a moverse en la franja de valores del Real que va de 1,85 a 1,89/90 por dólar, dentro de un cuadro más amplio y extendido de oscilación, durante los últimos meses, bastante pronunciado.

Es este punto donde crecientes sectores del empresariado industrial brasileño manifiestan una impaciencia en ascenso. Consideran que, a esta altura, un real por debajo de la paridad (respecto del dólar) de “2x1”, refleja un tipo de cambio real excesivamente apreciado. Adicionalmente, fastidia el agudo grado de fluctuación del valor cambiario. Las otras medidas de apoyo son aceptadas, pero se las concibe como un aporte acotado frente a la entidad que trasunta el problema competitivo. Se reclama, por lo tanto, una mayor competitividad cambiaria y una mayor estabilidad en el valor de referencia. El ministro Pimentel, por su lado, señaló que la paridad de reales 1,80 por dólar es razonable, y que se intentará mantenerla, aunque no se apelará a la administración del tipo de cambio. Sin duda, se estira la brecha entre las posiciones.
Algunas argumentaciones. Lo dicho antes grafica bastante un debate ascendente en el Brasil. Las autoridades del vecino no asumen hasta el momento una ruptura más enérgica con la anterior matriz modélica macro proahorro externo y prosobrevaluación cambiaria, por lo que se conforman con toques módicos aplicados a la misma, con los resultados aludidos más arriba. Entonces, crece el lote de voces que reputa este enfoque como insuficiente, señalando, además, que las demás medidas carecen de envergadura como para compensar la distorsión competitiva fundamental.

Esta postura es “teorizada” por el economista Bresser-Pereira, ex ministro de Economía, referente neodesarrollista, y vinculado a la FIESP. En un reportaje de días atrás, el citado economista, aludiendo a las medidas de política industrial aplicadas por Rousseff con vistas a corregir la desindustrialización relativa, señalaba que, esencialmente, aquel factor no se halla en discusión, recordando su conocida postura favorable al respecto. De todos modos, también aclaraba que esas medidas carecían de potencialidad como para sustituir –salvo “infinitos” aranceles y subsidios a las exportaciones– a la política macroeconómica en relación con el tipo de interés y el tipo de cambio, computando los daños de la sobrevaluación cambiaria. De aquí su recomendación de apelar a la administración del tipo de cambio –apuntando a un valor de reales 2,40 por dólar (un valor asimilado del tipo de cambio competitivo industrial)–, reduciendo drásticamente la tasa de interés real, reforzando la disciplina fiscal (priorizando de paso la inversión en infraestructura) y estableciendo retenciones a las ventas externas de commodities. Así se perfilaría, añade el colega, una solución más integral, sin grandes riesgos en el frente inflacionario.

En la visión comentada, lo que opera es una confrontación directa de matrices macroeconómicas, como criterio clave para el examen del fenómeno de la desindustrialización en Brasil. Irrumpe un planteo integral con eje en la paridad real-dólar de 2,40, no muy lejana a la que reclaman diversos sectores industriales brasileños. Se trataría de recurrir en el plano cambiario a lo que Frenkel, en otro reportaje, denomina una “intervención contundente” (tomando como ejemplo una reciente decisión adoptada por Suiza).

Es evidente que, dadas nuestras condiciones en curso, el que las autoridades brasileñas, en hipótesis, se inclinaran en la práctica hacia este enfoque más alternativo, nos pegaría inconvenientemente en lo inmediato. No obstante, es oportuno asumir una visual analítica más ampliada, procesando algunos de los importantes debates que circulan en un país cuya economía es tan significativa para nosotros.

jueves, 3 de mayo de 2012

TIEMPOS DE CAMBIOS Y DE NUEVOS DESAFÍOS


Por Carlos Heller

Diputado argentino
Partido Solidario
Integra el "Frente para la Victoria”
Partido de Gobierno

Resulta difícil abstraerse del tema YPF, pues constituye un punto de inflexión en la historia argentina. Esta consideración fue el eje de mi presentación, el lunes pasado, del libro de mi autoría La Argentina actual y los desafíos para el cambio. La aparición del libro se realiza en un momento maravilloso, en medio de un proceso de profundos cambios, que están llenos de tensiones; pero no podía ser de otra manera, puesto que los conservadores, es decir la derecha, no aceptan pasivamente el cambio. Puede aseverarse que la crispación que aparece en estos momentos no es de quienes proponemos los cambios y trabajamos para ellos, sino de quienes, utilizando todos los recursos, se oponen de las formas más arteras a que esos cambios puedan llevarse a cabo.

Esta nacionalización de YPF no hubiera sido posible si no hubiese existido en 2005 el No al ALCA, y no es difícil imaginar dónde estaría hoy nuestro país si eso no hubiera pasado. La nacionalización de estos días también es tributaria del valor que tuvo el gobierno para enfrentar la negociación de la deuda externa, una pesada cadena de dependencia de la que años atrás ni siquiera hubiéramos imaginado librarnos; o del pago total al FMI, otra pesada cadena de condicionamientos que se rompió.

También podemos mencionar la reestatización de Aerolíneas Argentinas, la implementación de la Asignación Universal por Hijo y para las embarazadas y los fuertes aumentos en la cantidad de jubilados, así como en sus haberes.

Contribuye a las fortalezas de este momento el haber ganado otras batallas ideológicas, como lo fue la eliminación de las AFJP y la implementación del Fondo de Desendeudamiento, que sufrieron furiosos embates de la derecha preanunciando todo tipo de catástrofes y que la realidad demostró que fueron medidas eficientes y justas. En el mismo camino aparece la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central.

Sin haber transitado por estas transformaciones significativas, y sin la fuerza del 54% de los votos y el apoyo popular, no hubiera sido posible este proceso de nacionalización de YPF que recién se está iniciando y que abre grandes esperanzas.

No menos importante es, junto con el fortalecimiento del papel del Estado, la vuelta a la planificación, a través de los Planes Estratégicos Industrial, Agropecuario y Agroalimentario 2020.

Sin duda se ha avanzado mucho, se han logrado cambios impensables en los aciagos días de 2002, pero aún falta mucho más por caminar, para profundizar y mejorar este modelo, una cuestión indispensable para que mantenga las características que lo definen.

Puede pensarse la profundización del modelo como un proceso orientado a desarmar la legislación heredada de la dictadura y de la década de los ’90, que instauró el más acendrado ideario neoliberal, otorgando al mercado gran discrecionalidad y generando desamparo en los trabajadores y consumidores.

Hay que avanzar en mayores regulaciones para las inversiones extranjeras mediante dos vías, hay que pensar en tener una nueva Ley de Inversiones Extranjeras, así como desactivar los Tratados Bilaterales de Inversión, temas que dificultan el camino hoy encarado de nacionalización de YPF. La actual Ley de Inversiones Extranjeras, la 21.382, es el ejemplo de la total desregulación, gestada en 1976 a escasos meses de la instalación de la dictadura genocida y que ha sido, junto con la Ley de Entidades Financieras, los cimientos legales que han abierto las puertas a la desregulación de los capitales y la desnacionalización de la economía.

También deben denunciarse, para que comiencen a caducar, los más de 50 Tratados Bilaterales de Inversión, la mayoría de ellos firmados en los años noventa, y que impiden hacer diferencias entre las inversiones nacionales y las extranjeras, un tema propio del Consenso de Washington y que beneficia injustamente a los capitales externos.

Aún resta la derogación de la Ley de Entidades Financieras de la dictadura, para ser remplazada por una ley de la democracia que consagre a la actividad financiera como un servicio público, y oriente el crédito a partir de los importantes cambios realizados recientemente en la Carta Orgánica del BCRA.

De la misma forma que se está avanzando en la reforma del Código Penal y del Código Civil, otro de los grandes cambios históricos que está imprimiendo este gobierno y quienes lo apoyamos, hay que encarar la reforma impositiva de una vez por todas y de manera integral.

Una reforma fiscal que establezca un sistema impositivo coherente, que fomente la producción y mejore la distribución del ingreso.

En este sentido, hay que gravar las ganancias provenientes de la renta financiera, cuidando de no alcanzar a los pequeños y medianos ahorristas en el sistema financiero; las ganancias empresariales deben centrarse en cabeza de las personas que las reciben más que en las empresas como sucede hoy día, lo que permite a muchos accionistas eludir impuestos.

Hay que volver a un IVA con una menor tasa y que tenga el efecto redistribuidor con el que fue diseñado originalmente, exceptuando del gravamen a los alimentos, los medicamentos y los insumos escolares, entre otros.

El nuevo rediseño impositivo requiere de la participación activa del gobierno, así como un amplio debate en la sociedad y en el Parlamento.

La tasa de desocupación ha ido cayendo en forma continua, llegando al 6,7% al finalizar 2011. No obstante, los niveles de subocupación se mantuvieron prácticamente inalterados en el mismo período, con una tasa del 8,5%, de los cuales un 5,9% se considera “demandante”, es decir, que las personas afectadas desearían trabajar más horas. Esto es un fiel reflejo de la aún elevada proporción de trabajadores no registrados que llega al 34,2% de la población empleada, una tasa que habrá que ir disminuyendo sostenidamente, brindando a las pymes herramientas de fomento para que formalicen a sus trabajadores.

Si bien se ha reducido significativamente la pobreza y la indigencia, el único nivel aceptable de estos indicadores es cero. En lo inmediato, habría que establecer un ajuste periódico en el monto de la Asignación Universal, con una fórmula muy cercana a la que se aplica a los jubilados.

Un tema importante es la promoción de la economía social. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró 2012 como el Año Internacional de las Cooperativas, destacando su contribución al desarrollo socioeconómico, y reconociendo en particular su impacto sobre la reducción de la pobreza, la generación de empleo y la integración social.

Las cooperativas tienen un auspicioso futuro para su desarrollo en la economía argentina, pero, para que ello se concrete, necesitan políticas de estímulo que reconozcan la característica diferencial de la actividad no lucrativa, que fomenten la inversión, que auspicien la reinversión de utilidades, que reconozcan la especial característica de servicios y producciones locales de las cooperativas. También se deben eliminar regulaciones que tratan a las cooperativas con la misma vara que a las empresas oligopólicas; la Ley de Medios Audiovisuales es un ejemplo de cómo regular y establecer diferencias positivas para las empresas solidarias. Quedan en el tintero una gran cantidad de logros alcanzados y futuros cambios políticos y sociales que, por la limitación del espacio y por ser esta una columna de economía, no han sido considerados.


Fuente:

http://www.carlosheller.com.ar/2012/05/02/tiempos-de-cambios-y-de-nuevos-desafios/#more-5270

domingo, 8 de abril de 2012

OTRAS CONSIDERACIONES SOBRE LA GUERRA DE LAS ISLAS MALVINAS

por Ruiz Pereyra faget


A 30 años de la Guerra de las Malvinas, la interpretación de los acontecimientos se focalizan en la desesperación de dos gobiernos que querían sobrevivir a toda costa: en Argentina, la dictadura militar y en el Reino Unido, la primer ministro, Margaret Thatcher, por igual motivo.

Esta interpretación simplifica las cosas para el gran público pero no es toda la verdad.

Hay tres puntos fundamentales que no entran en el análisis: las relaciones del presidente de la Junta, General Galtieri, con el presidente norteamericano, Ronald Reagan, la alianza del dictador chileno, Augusto Pinochet con Gran Bretaña y el financiamiento de la guerra por el Banco Ambrosiano. Sin duda, hay una razón ideológica por el ocultamiento de estos hechos por los analistas y los medios de información e incluso de la posición de la presidente Cristina Fernández.

La dictadura militar argentina, instalada en 1976, coincidió con la llegada a la Casa Blanca del presidente demócrata, James Carter (1977). Aunque la política del “establishment” económico y militar, no es diferente, salvo con matices, entre los dos Partidos, Carter y el Departamento de Estado querían lavarle un poco el rostro, después del apoyo de la CIA y del asesor de seguridad de Nixon, H. Kissinger, al golpe en Chile, atendiendo un poco más el tema de los derechos humanos. Los golpistas argentinos, acusaron, repetidamente, este impacto mientras influyentes escribas de la dictadura como Mariano Grondona trataban de tranquilizarlos diciéndoles que ellos habían llegado para “regenerar a la democracia” y debían quedarse hasta cumplir su tarea. (El mismo mensaje enviaba Grondona a la dictadura militar uruguaya a través de la Revista “Búsqueda”).

Pero la Administración Carter debió enfrentar grandes problemas tanto en política interna como externa: un estancamiento económico con inflación y en 1979, tres acontecimientos que prendieron la luz roja en el tablero del imperialismo: el derrocamiento del Shah Reza Pahlevi de Irán, la intervención soviética en Afganistán y el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua. Estos sucesos precipitaron la derrota de Carter en las elecciones de 1980 y el advenimiento del republicano Ronald Reagan a la jefatura del gobierno.

Intereses comunes de Reagan y Galtieri

Reagan y su equipo de halcones dividió el mundo entre buenos y malos, doctrina que retomaría George Bush Jr luego del 11 de setiembre de 2001. La Embajadora de Estados Unidos en la ONU, Jeanne Kirpatrick, fue clara: los regímenes militares, si son “amigos” de Estados Unidos, son “autoritarios” –no dictaduras- y deben contar con el apoyo de Washington; los estados socialistas y aquellos que ponen trabas a los capitales yanquis, son “totalitarios” y deben ser combatidos. La política exterior de Estados Unidos se apoyará en esta línea y no la que divide a democracias y dictaduras.

No obstante, un hecho colocó al presidente Reagan al borde de un eventual “impeachment” del Congreso como el que precipitó la renuncia de Richard Nixon en 1974, y que fue la operación “Irán-Contras”, concebida por la CIA para desestabilizar al gobierno revolucionario sandinista. Estados Unidos debía retirar sus instructores militares de Honduras pero antes debía encontrar quienes los sustituyeran y continuaran la tarea. El Pentágono y la CIA encontraron a su “socio” en el general Leopoldo F. Galtieri, Comandante en Jefe del Ejército Argentino, que se oponía a la política exterior del Presidente de la Junta, general Roberto E. Viola y su ministro de Relaciones Exteriores, Oscar Camilión.

La dictadura militar argentina, en 1979, se encontraba en graves dificultades económicas. Se habían combinado dos factores que habían frenado sus exportaciones y marcaban el final de la “plata dulce”: la contracción de la demanda internacional por el segundo “boom” del petróleo y la sobrevaluación artificial de la moneda para atraer capitales, que había puesto en práctica el ministro de Economía, José Martínez de Hoz. El gobierno tuvo que devaluar en 1980 y comenzó a trepar la inflación. Cuando Viola sucedió a Videla, en enero de 1981, el ministro de Economía, Lorenzo Sigaut, continuó con las devaluaciones, pasando el valor del dólar, en un año, de 2000 pesos a 10.000. Las quiebras empresarias y personales se generalizaron. En diciembre de 1981, Galtieri derrocó a Viola, decidido a devolverle al régimen la solidez económica y política que había perdido y para lograrlo, contó con todo el apoyo de Reagan que necesitaba a las dictaduras latinoamericanas, en su cruzada contra el “Imperio del mal”.

Sin embargo, la delicada situación económica y social, requería una “gran operación patriótica”, que hiciera prevalecer las emociones sobre la racionalidad de un pueblo en el que crecía el descontento. Y esta operación no era otra que la recuperación de la soberanía sobre las Islas Malvinas, arrebatada por el imperialismo británico en 1833. Galtieri, en estrecho contacto con el experimentado agente de la CIA, coronel Vernon Walters, y del Secretario de Estado, general Alexander Haig, prepararon el escenario diplomático, confiando que la reacción de Londres se limitaría a una airada protesta sin imaginar acciones militares ya que el Reino Unido atravesaba, también, dificultades económicas y la movilización de una flota a un objetivo, situado a 12 mil quilómetros era impensable.

Todo este cálculo falló y Estados Unidos , que había dado la “guiñada”, debió optar por los compromisos establecidos en la OTAN y la suerte de la operación patriótica de Galtieri quedó sellada.


Intereses comunes de Pinochet y Thatcher

En 1977, la Reina Isabel II de Gran Bretaña, dictó el laudo arbitral sobre la soberanía en el Canal de Beagle, cumpliendo con el acuerdo alcanzado en 1971,, entre el Presidente de Chile, Salvador Allende, y el dictador argentino, general Alejandro Agustín Lanusse. Se trataba un diferendo centenario entre los dos países en la frontera sur que los dos mandataarios habían decidido resolverlo por la vía del arbitraje de la Corona Británica.

Al conocerse el dictamen, Chile, ahora bajo la dictadura de Augusto Pinochet, lo aceptó mientras Argentina lo rechazó en forma contundente por considerarlo, entre otros argumentos, “viciado de parcialidad”. De inmediato, la Junta Militar Argentina se preparó para la guerra, logrando el apoyo de Bolivia que también le reclamaba a Chile una franja en la zona de Arica que había perdido en la Guerra del Pacífico (1879-1884).

Un conflicto bélico con Chile era contrario a los intereses geopolíticos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Pinochet había contado con el apoyo de Estados Unidos en el derrocamiento de Salvador Allende y el gobierno de Londres le vendía pertrechos militares. Por otra parte, el régimen encabezado por el general Videla, que se había propuesto eliminar a los movimientos de izquierda y al peronismo, juntos, y alineado firmemente con el campo imperialista en la Guerra Fría, no debía ser desestabilizado.

Un sector dentro del ejército argentino, entre los que se encontraba el Jefe de Estado Mayor, general Roberto Viola, se oponían pero el jefe de la Armada y miembro de la Junta, almirante Emilio Massera, sostenía con entusiasmo esta alternativa.

Sin apoyo externo y ante el riesgo de una guerra sudamericana en gran escala, el proyecto quedó trabado, perdiendo fuerza durante el gobierno de Viola y el pase a retiro de Massera. Pero la “necesidad” de una guerra por la sobrevivencia del régimen militar estaba presente y la opción fue la recuperación de las Malvinas, fortalecida con la asunción del ambicioso Galtieri en diciembre de 1981.

En este contexto el apoyo logístico y de inteligencia del Chile de Pinochet a las fuerzas británicas durante el conflicto, no es sorprendente, aunque Chile y Argentina estaban unidos por el “Plan Cóndor” de extermino de los opositores.

En una carta dirigida al periódico “The Times”, el 21 de octubre de 1998, Margaret Thatcher, ahora desde su retiro, reclamó la libertad de Pinochet, encarcelado ante una demanda del Juez espaañol, Baltasar Garzón, invocando la responsabilidad del ex dictador chileno en delitos de lesa humanidad. La prisión conincidió con una visita del entonces presidente Carlos Menem a Londres, para normalizar las relaciones entre las partes que intervinieron en el conflicto. Thatcher dice en su carta: "Sería vergonzoso predicar la reconciliación con uno (por el presidente Menem, que el martes próximo comienza una visita oficial a Gran Bretaña) mientras se mantiene arrestado a alguien que, durante aquel conflicto, hizo tanto para salvar vidas de británicos". A su vez, el jefe de las fuerzas inglesas de tierra, general retirado, Jeremy Moore, declaró: "Sólo sé que desde el sur de Chile, desde las altas montañas, se espiaba el movimiento de las bases argentinas, por ejemplo con radares, y se nos informaba sobre la salida de los aviones. "En pocas palabras, los chilenos nos daban información y señales de advertencia." Un testigo de estos acontecimientos, Lord Parkinson, miembro del Consejo de Guerra que asesoraba a Thatcher, dijo que esta información fue fundamental para la decisión de Thatcher de dar la orden de hundimiento del acorazado “Belgrano”, el 2 de mayo de 1982, que provocó 323 muertos, y que se encontraba fuera del área de exclusión de las operaciones establecida por los británicos.


La Logia P-2, el Banco Ambrosiano y la Junta Militar Argentina

El 14 de junio terminó la Guerra de las Malvinas, con la rendición del ejército argentino y el 18 del mismo mes, apareció colgado debajo del puente “Los Monjes Negros” (The blackfriars) de Londres, el Presidente del Banco Ambrosiano, Roberto Calvi, conocido como el “Banquero de Dios”. La policía británica explicó que fue un suicidio pero tiempos después admitió, como consecuencia de una investigación que realizaba una comisión del Parlamento Italiano que había sido asesinado. Esta Comisión bicameral, presidida por el senador Franco Calamandrei, continuaba las lainvestigación de las actividades de una logia masónica de derecha, “Propaganda 2”, conocida como “P-2”, -iniciada el año anterior por la Comisión Anselmi) que había sido organizada por un influyente empresario, Licio Gelli. Con antecedentes fascistas, obsesionado como muchos otros empresarios y neofascistas, activos en la política, el ejército y la policía, por el poderío del Partido Comunista Italiano y las tensiones internas en la Democracia Cristiana. Gelli tuvo gran influencia en la Argentina, a comienzos de los 70’ entre políticos y militares de derecha. En un allanamiento realizado en 1981, a su villa en Arezzo, por orden de la Comisión presidida por la diputada Tina Anselmi, se encontró una lista con los nombres de más de 900 miembros de la P-2, entre los que se encontraban José López Rega, su yerno Raúl Lastiri (Presidente interino después de la renuncia de Cámpora), Alberto Vignes (Ministro de Relaciones Exteriores de Perón), César de la Vega (Grado 33 de la Masonería argentina), el almirante Emilio Massera, el general Carlos Guillermo Suárez Mason (Jefe del Primer Ejército con asiento en Campo de Mayo) y otros que integrarían la cúpula gobernante durante la dictadura militar. Gelli también participó en la fundación de la organización paramilitar de la OTAN – Gladio- que fue creada para realizar atentados que eran imputados a las organizaciones italianas de izquierda. El asesinato del ex Primer Ministro Aldo Moro, se inscribe en este oscuro panorama.

Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano, era uno de los miembros acrtivos de la P-2.
¿Cómo surgió este Banco cuya sede central estaba en Luxemburgo, gozando de todos los privilegios de esa plaza financiera? Se sustentaba en tres poderosos pilares: el Instituto de Obras Religiosas (IOR, el Banco del Vaticano), los capitales de la mafia manejados por el banquero Michele Sindona y la logia Propaganda 2, dirigida por su Gran Maestre, Licio Gelli.

Los negocios comunes del IOR (que había nacido con los fondos que le entregó Mussolini al Vaticano por el Tratado de Letrán de 1929) y de la mafia, alcanzaron un nivel más alto, cuando el Papa Pablo VI, designó a Michele Sindona, el banquero de la mafia, como su Consejero financiero y le atribuyó poderes especiales para manejar los dineros de la Banca Vaticana. Esto fue en 1969, cuando una reforma fiscal, sancionada por el parlamento italiano, dispuso fuertes impuestos sobre las inversiones bancarias, incluyendo al IOR que, hasta ese momento era eximido de cargas fiscales por su finalidad de realizar obras religiosas, papel confirmado por el mencionado Tratado de Letrán. El Estado Italiano ya tenía conocimiento de que el Banco se dedicaba a otros negocios muy lucrativos que no eran precisamente obras religiosas.

Pablo VI, designó presidente del IOR al Arzobispo estadounidense de ascendencia lituana, Paul Marcinkus quien, junto con Sindona, que puso a Roberto Calvi al frente del Banco Ambrosiano, diseñaron una estrategia para negocios en ultramar, basados en el contrabando y lavado de dinero, que eludiera las nuevas disposiciones de control de divisas, que prohibían la salida de dinero de Italia al extranjero. Nassau, en Bahamas, fue el centro principal, pero se agregaron otros como el Banco Andino del Perú y el Banco Comercial de Nicaragua, creado por Anastasio Somoza para lavar el producto de sus negociados.

Las relaciones de Gelli eran muy estrechas con la CIA y el Secretario de Estado, Alexander Haig (ex Comandante en Jefe de la OTAN), ya que habían actuado juntos en la implementación de la “Operación Gladio”. Los había vinculado el objetibvo común de frenar la influencia del Partido Comunista Italiano, el más poderoso de Europa Occidental. La decisión de la primer ministro, Margaret Thatcher de movilizar la flota de guerra para expulsar la presencia argentina, le planteó a la Junta presidida por Galtieri, la ncesidad de conseguir armamento para una guerra que no había previsto. Y en su auxilio acudió a la logia P-2 y su instrumento financiero, el Banco Ambrosiano.

El préstamo para comprar a Francia los misiles Exocet, lo concedió el Banco Ambrosiano a través del Banco Andino. La garantía, para los acreedore, era el IOR, pero éste introdujo en el contrato una cláusula en la que podía retirar su aval si circunstancias excepcionales lo aconsejaran. La ruptura de Reagan de su compromiso con Galtieri y su apoyo a Thatcher, llegó hasta el Vaticano y éste hizo jugar en su banco su “letrera liberatoria”, provocando con ello la quiebra del Banco. El “agujero” era de 3.500 millones de dólares. El Vaticano no reconoció nunca su participación en esta operación, pero más tarde, a instancias del Secretario de la Santa Sede, Cardenal Agostino Cassaroli, entregó a los acreedores, a título de “apoyo moral” –pero no de indemnización- 400 millones de la moneda norteamericana.

Interpretaciones de la guerra

La oposición democrática a las dictaduras militares, en ambas márgenes del Plata, saludó positivamente la victoria británica en esta guerra porque a consecuencia de ella, cayó la dictadura militar. Condenó, asimismo, que la dictadura argentina haya utilizado conscriptos inexperientes para una emprea que estaba condenada al fracaso.

Sin embargo, el gobierno cubano y algunos partidos comunistas, entre ellos el Partido Comunista Uruguayo (que se encontraba en la clandestinidad), no interpretaron el conflicto del mismo modo, por dos aspectos, por lo menos: la posición adoptada por Estados Unidos en la guerra, hizo pedazos la máscara de la doctrina Monroe que los norteamericanos utilizaron para alinear militar y políticamente al continente sudamericano y El Caribe, en la “guerra fría” contra la Unión soviética, potencia extracontinental que presuntamente amenazaba la soberanía del continente. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), de 1947, no operó ni la Organización de Estados Americanos(OEA), creada en 1948, como bloque político en la misma dirección, cumplió con el mandato de su estatuto. A raíz del conflicto, esta Organización entró en un período de decadencia.

En segundo lugar, los hechos mostraban la solidaridad de los intereses colonialistas e imperialistas de Gran Bretaña y Estados Unidos y toda la falsedad de la propaganda y de las instituciones creadas para enmascarar esos objetivos. Paradójicamente, la dictadura militar de Argentina, instalada por el imperialismo, debía adoptar, obligada por las circunstancias, una posición antiimperialista, buscando apoyo diplomático precisamente en los “demonios” comunistas y en los Países No Alineados. La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de la dictadura argentina, Nicanor Costa Méndez, a La Habana para agradecer la posición del gobierno cubano en las Naciones Unidas, es una clara muestra de esta paradoja.

La interpretación de la presidente Cristina Fernández, expuesta en el discurso pronunciado el 2 de abril en Usuahia, negó el apoyo del pueblo argentino a la operación militar. En respuesta a declaraciones del Primer Ministro británico, David Cameron, de que la ocupación militar de las Islas Malvinas, había atacado la libertad de los isleños, dijo: “No fue una decisión del pueblo argentino la del 2 de abril – el Informe Rattenbach es claro en este sentido-, ni siquiera estaba atrás de ella el intento válido de ejercer soberanía y rechazar el colonialismo, sino apenas un intento de lo que muchas veces nos acusan a los políticos que es de perpetuarse en el poder… Hoy leía que el Primer Ministro británico decía que se había atacado la libertad de los isleños. Parece ser que no estaba enterado que también estaba confiscada la libertad de todos los argentinos en esos momentos. Tampoco teníamos libertad los argentinos. Había presos sin nombre ni apellido en campos de concentración; había detenidos desaparecidos que nunca volverán a aparecer. Parece ser que no se dan por enterados”.

Las reivindicaciones de Argentina continuarán por la vía diplomática. A pesar de que su posición cuenta con un apoyo casi absoluto de la Comunidad Mundial, sólo un cambio en la relación de fuerzas económicas y militares mundiales dará la solución definitiva. Por ello, la contribución de Argentina y América Latina a la construcción de esa fuerza que ha de derrotar al colonialismo y el imperialismo, es fundamental.