viernes, 28 de agosto de 2015

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LA CRISIS DE URUGUAY DEL 2002


El 1989 marca el comienzo de una nueva fase en el desarrollo histórico del modo capitalista de producción, cuya vanguardia está en Wall Street. Ese año, con la unificación de Alemania, se inicia la desintegración del sistema social y geopolítico antagónico del este europeo que culmina el 8 de diciembre de 1991 con la disolución de la Unión Soviética.

                         NUEVO ORDEN MUNDIAL

El 20 de enero de 1989, George H. W. Bush, (ex Director de la CIA y socio en negocios petroleros y financieros de la Casa Real Saudita), sustituyó a Ronald Reagan en la Casa Blanca. El 11 de setiembre de 1991, en un discurso radiotelevisado, expresó: “Tenemos ante nosotros la mayor oportunidad de forjar para nosotros y las futuras generaciones, UN NUEVO ORDEN MUNDIAL, un mundo que sea gobernado por la Ley, no por la Ley de la Jungla, que gobierna la conducta de las naciones. Lo consignamos y lo vamos a conseguir. Tenemos una oportunidad para este Nuevo Orden Mundial, un Orden en el cual una confiable organización como las Naciones Unidas pueda desenvolver su rol para mantener la paz y cumplir la promesa y la visión de sus fundadores”.

                             NUEVO ORDEN ECONÓMICO

El Secretario del Tesoro (Ministro de Economía y Finanzas) de Bush durante todo su mandato (1989-1993), fue Nicholas F. Brady, que continuaba en ese cargo pues había sido designado por Ronald Reagan, cuatro meses antes de asumir el nuevo Presidente.

Brady fue senador republicano, estrechamente vinculado dl Gupo Rockefeller, desde que recibió su Licenciatura en Yale, en 1954, hasta que asumió como Secretario del Tesoro en setiembre de 1988. Sus vínculos con el mundo financiero es muy extenso: Presidente del Comité del Banco de Inversión “Dillon Read & Co. Inc.”; Presidente del Banco de Inversiones de Ultramar “Darby Overseas Investments, Ltd.”;  Presidente del “Fondo de Inversiones “Franklin Templeton Investment Funds”. Ha sido miembro del Consejo Directivo del Club de Economistas de Nueva York y del Consejo Directivo del “Grupo Bildelberg” que traza la estrategia del desarrollo del capitalismo en el mundo. Fue creado en 1954 y su sede está en Holanda. Está integrado por más de un centenar de políticos y empresarios de grandes monopolios internacionales estadounidenses, británicos y canadienses. Realizan conferencias anuales –cuyos contenidos no son difundidos-, para examinar la situación global del capitalismo y tiene como objetivo principal un mundo que sea gobernado por las mismas reglas económicas.

El endeudamiento y la amenaza de una cesación de pagos en cadena en importantes países de  América Latina siguiendo el ejemplo de México, significaba un peligro para la solidez de los bancos estadounidenses y para la estabilidad de las frágiles democracias que habían sustituido a las dictaduras militares.

Em 1985, el Secretariio del Tesoro, James A. Baker, había propuesto un plan para resolver la crisis de deuda del Tercer Mundo, a la que consideraba una “crisis de liquidez pero no de insolvencia”. La solución era formar un “pool” de instituciones financieras como el FMI, el Banco Mundial, los Bancos Comerciales y otras agencias financieras. Siguiendo este plan, varios países latinoamericanos realizaron refinanciaciones de sus deudas pero no lograron recuperar el crecimiento ni combatir la inflación.

El Plan Brady, anunciado el 20 de marzo de 1989, según The New York Times, era un paso adelante, pero todavía vago, al proponer distintas opciones a los bancos acreedores, incluyendo la reducción de la deuda y ofreciendo garantías del propio Tesoro de EE.UU. Su núcleo era la sustitución de los documentos bancarios por bonos denominados en dólares, que los bancos comerciales podían vender a una variedad de inversores individuales, en el mercado secundario. El Tesoro  añadía otra garantía al exigir al país deudor la compra de un “Bono Cupón Cero” emitido por esa Secretaría.

                               EL CONSENSO DE WASHINGTON

No obstante, los países deudores no recuperaban su soberanía. A comienzos de 1990, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos, alcanzaron en Washington un “Consenso” sobre las reglas de política económica que debían cumplir todos los países que solicitaran acceso a créditos externos. Era el complemento del discurso de George H. W. Bush del 11 de setiembre de 1991, sobre el Nuevo Orden Mundial.

El economista, John Williamson, resumió, en 1999, las diez reglas adoptadas por las instituciones nombradas, para los países asfixiados por la crisis: 1)  Disciplina fiscal; 2) Eliminación de subsidios; 3) Reforma tributaria que amplíe su base con Impuesto Progresivo a los Ingresos Personales o aumento de tarifas; 4) Tasas de interés determinadas por el mercado; 5)  Tipo de cambio determinado por la oferta y la demanda del mercado local; 6) Liberación del comercio; 7) Apertura a la inversión extranjera directa; 8) Privatización de las empresas del Estado; 9) Eliminación de trabas que distorsionen el funcionamiento del mercado, excepto aquellas que estén referidas a la seguridad; 10) Seguridad jurídica para los derechos de propiedad.

México fue el primer país que se acogió al Plan Brady, en 1989, luego que asumiera el Presidente Carlos Salinas de Gortari, el año anterior. Para William Rhodes, presidente del Citicorp, que incluye al Citibank, ese acuerdo era el modelo que debían seguir los otros países endeudados que se acogieran al Plan.

Em la negociación, los bancos acreedores le ofrecieron a México tres opciones: 1) El cambio de los documentos bancarios por bonos a 30 años, con un descuento del 35% y una tasa de interés del 13-16% por encima de la tasa Libor de Londres; 2) el cambio de los documentos bancarios por bonos a la par, a 30 años, con un interés de un punto porcentual por debajo de la tasa Libor (6,25%). Los bancos podrían proporcionar fondos frescos hasta un 25% por encima de la deuda negociada;  3) el banco acreedor podía negociar dentro de un rango flexible de reducción del capital y los intereses, con un piso en el 65% del capital y servicios de deuda más elevados, según fuere esa reducción.

En el acuerdo con México el 49% de la deuda fue convertida en bonos “dólar” con descuentos; el 41% con bonos a la par y un nuevo préstamo equivalente  al 10% del total de la deuda. Estos bonos, a su  vez, fueron garantizados por  bonos del Tesoro de Estados Unidos –Bonos Cupón Cero, comprados por los países deudores-,  y financiados por el FMI y el Banco Mundial.

Los países latinoamericanos que siguieron a México, fueron; Costa Rica (1989), Venezuela (1990), Uruguay (1991), Atgentina (1992) y Brasil (1992). Los gobiernos de estos países estaban presididos por Oscar Arias, Carlos Andrés Pérez, Luis Alberto Lacalle Herrera, Carlos Saúl Menem y Fernando Collor de Mello,  respectivamente que, para cumplir con lo acordado, aplicaron las políticas de “ajuste”, exigidas por el Consenso de Washington.

En todos estos gobiernos, el pago de la deuda fue la prioridad de sus presupuestos. Salinas de Gortari (1982-1987), en México, realizó una privatización masiva de empresas públicas, desnacionalizó la banca y firmó un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos; Carlos Andrés Pérez, para  realizar el “ajuste” del presupuesto, reprimió violentamente las protestas del pobrerío de Caracas, con una represión feroz que, según la Revista “Time”, dejó  más de 300 muertos en las calles de la capital (“Caracazo”, 27 de febrero - 8 de marzo de 1989); Carlos Menem, en Argentina, optó por la privatización masiva de las empresas del Estado y adoptó el “Plan Cavallo” de dolarización de la economía, volviendo a la fracasada política de Martínez de Hoz que creó una euforia durante cuatro años (1991-1995) y luego paralizó las exportaciones;  Fernando Collor de Mello (1990-1992), en Brasil, privatizó empresas públicas, redujo el gasto social, eliminó los subsidios y los controles de cambios y decretó masivos despidos de funcionarios de la administración estatal; Luis Alberto Lacalle (1990-1995), en Uruguay, aplicó una política fiscal de “shock”, que afectó los servicios básicos de educación, salud y los ingresos de los funcionarios del Estado. En su programa estaba la “revisión y reforma” de las empresas del Estado e intentó vender el servicio estatal de telecomunicaciojnes “ANTEL” que fue impedida por un plebiscito nacional. Lacalle formó un equipo económico con conocidos financistas y empresarios como los abogados Ignacio de Posadas y Ramón Díaz con estrechos vínculos con la banca internacional. Cuatro bancos privados que, para salvarlos de la quiebra en 1983, eran administrados por el Estado, se encontraban en una situación insostenible en 1989 y Lacalle entabló negociaciones, a través del Presidente del Banco Central, Contador Enrique Braga, para privatizarlos. La venta de los bancos Comercial y Pan de Azúcar, revelaron una trama de corrupción muy cercana a la cúpula de gobierno.

EL CITIBANK FIJA LA LÍNEA EOCNÓMICA DE AMÉRICA LATINA Y  EL, URUGUAY

Para la negociación del Plan Brady, Lacalle designó al abogado Nicolás Herrera, especialista en Derecho Comercial y Bancario, asesor en ese momento del Citibank que era uno de los bancos acreedores. El señor Herrera, a quien los medios de finanzas internacionales lo consideraban una “estrella” en materia de negocios bancarios, renunció al cargo de Subsecretario de Economía, luego que el Presidente Lacalle firmó el acuerdo con los bancos acreedores, representados por el Citibank de Nueva York.

Las estrechas relaciones del Presidente Lacalle con el sector financiero, que amplíó sus raíces en el Uruguay, tendrá catastróficos efectos diez años más tarde.

El Partido Colorado recuperó el gobierno en 1995, con un 32,35% de los votos emitidos; le siguió el Partido Nacional con el 31,21% y el Frente Amplio con el 30,61%. Era la segunda Presidencia del Dr. Julio María Sanguinetti (1995-2000) que continuó por el estrecho andarivel impuesto por el Plan Brady y el Consenso de Washington.

La alternancia de gobiernos de distintos colores pero de una misma política económica, estaba destinada a desgastarse y esto preocupaba a la oligarquía y la insaciable banca extranjera. La victoria del Frente Amplio en Montevideo, en las elecciones de 1989, reiterada en 1994, fue una luz roja en el tablero del “establishment” dominante.

Por ello, los partidos tradicionales apelaron a una reforma constitucional que impidiera la llegada del FA al gobierno naciomal, estableciendo  un severo “balotaje” que requería ek apoyo de la mitad más uno de los votos emitidos, a un candidato presidencial para ser electo. La reforma, aprobada en un plebiscito de noviembre de 1996, aumentaba, además, las competencias del poder central sobre los entes autónomos, en un proceso de concentración de ese poder que se había iniciado con la reforma constitucional de 1966.

Sanguinetti gobernó, en “coincidencia patriótica”, con el Partido Nacional que tuvo varios ministros y directores de entes autónomos. Privatizó parte de la Previsión social, creando las AFAP y liquidó el ferrocarril, con claro beneficio para los transportistas privados.

El Ministro de Economía, en este segundo gobierno del Dr. Sanguinetti, fue el economista Luis Mosca. Su preocupación, respondiendo a las directivas económicas de su jerarca, fue el control del gasto público. Todas las Rendiciones de Cuentas anuales tuvieron un solo artículo de “gasto cero”.

El sector bancario y la industria de la construcción, se beneficiaron del “modelo Cavallo”, de “1 peso = 1 dólar”, en Argentina que saturó nuestra plaza financiera con dinero negro, amparado por el secreto bancario. Las torres se multiplicaron en Punta del Este y el precio de los campos así como su extranjerización.

En Brasil, en julio de 1994,entró en vigencia el “Plan Real”, preparado por el equipo económico del Ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso y aprobado por el Presidente Itamar Franco. Este plan creó una nueva moneda –el “Real”-, que sustituyó al “Cruzeiro”, cuya cotización fue 1 Real = 1 dólar”. De este modo, las dos monedas –el peso argentino y Real brasilero-, estaban a la par del dólar. Ña diferencia entre ambos sistemas era jurícia: el “Plan Cavallo” se estableció por ley mientras el “Plan Cardoso”, lo fue por decreto lo que, en caso necesario, permitía al Banco Central, modificar el tipo cambiario.

El 17 de diciembre de 1994, Argentina, Brasil, Paragua y y Uruguay, firmaron el “Protocolo de Ouro Preto”, que puso en vigencia el Mercosur. El  alineamiento monetario de Argentina y Brasil, benefició a la economía uruguaya. No obstante, la crisis de los “Tigres Asiáticos” de 1997 y la crisis de Rusia de 1998, afectaron las exportaciones a esas regiones, desnivelando las balanzas comerciales y la estabilidad cambiaria, reapareciendo la inflación y la desocupación.

El 13 de enero de 1999, el Brasil abandonó la banda cambiaria y dejó librada la cotización del dólar a la ley de la oferta y la demanda. El Real se devaluó de inmediato un 60%, estabilizándose luego a un 40%. La economía argentina recibió un fuerte impacto que puso en la agenda una inevitable devaluación del peso y la convertibilidad fija 1 x 1, establecida por ley. El gobierno argentino estaba atado por esta ley y la dolarización de encajes y depósitos bancarios.

En consecuencia, estas “gangas” de monedas supervaluadas, en economías débiles, no podían durar eternamente y esos dos modelos que hicieron el gran festín de los banqueros, entraron en falencia el mismo año (los Presidentes eran Fernando H. Cardoso y Carlos Menm), arrastrando a la economía uruguaya a la recesión y también a otra inevitable devaluación. Brasil y Argentina habían privatizado gran parte de las empresas del Estado y dejaban, además, como saldo, una deuda interna y externa mucho mayor y una desocupación del 25% de la fuerza laboral activa.

        CRISIS ECONÓMICA Y BANCARIA EN URUGUAY

El endeudamiento externo y las reiteradas recesiones económicas, le impedían al país atender la deuda social Y sus infraestructuras envejecidas, que no fueron atendidas por las crisis y la succión de la renta nacional por el capital extranjero.

Em las elecciones generales de octubre de 1999, Jorge Batlle (Partido Colorado), obtuvo el 32,80% de los votos emitidos; Tabaré Vázquez (Frente Amplio), el 40,10% y Luis Alberto Lacalle (Partido Nacional), el 22,30%. Lacalle anunció su apoyo a Jorge Batlle en la segunda vuelta, alcanzando el candidato colorado el 54,13%. Vázquez obtuvo el 45,87%. El balaotaje inventado en 1966, dio resultado, pero las cifras indicaban que los dos partidos tradicionales estaban condenados.

El 1 de diciembre, Batlle y Lacalle viajaron a Buenos Aires para reunirse con el ex Presidente de Estados Unidos, George H. W. Bush (padre) el anfitrión, Carlos Saúl Menem y el recientemente electo sucesor, Fernando de la Rúa, en el domicilio del exclusivo barrio de La Recoleta, del banquero argentino, Carlos Rohm, propietario, junto con su hermano José, del Banco General de Negocios y el Banco de Santa Fe –ambos en Argentina-,  y del Banco Comercial de Uruguay. También estuvo presente, David Mulford, ex Subsecretario para Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro  de EE.UU., Vicepresidente del Credit-Suisse First Boston Bank, directivo de la Agencia Financiera de Arabia Saudita y socio del ex ministro de Economía argentino, Domingo Cavallo.

Mulford era el estratega financiero de una red de negocios bancarios internacionales, vinculados al lavado de dinero, fraudes fiscales y asesor de confianza de Bush, en cuyo gobierno había sido Subsecretario del Tesoro.

La reunión, que pretendió ser secreta, fue detectada por los periodistas locales que sorprendieron a Bush al salir de la misma, expresando que “había llegado a Argentina para pescar truchas en la Patagonia”.

Otros entrevistados en la ocasión se fueron por la tangente.

A Bush le preocupaba la política económica que seguirían los presidentes electos de Argentina y Uruguay, Fernando de la Rúa y Jorge Batlle y qué aporte podían cumplir los capitales que representaba para evitar una devaluación como la de Brasil. La presencia de Lacalle, ligado a la venta del Banco Comercial a los hermanos Carlos y José Rohm, y el papel que iba a cumplir en el gobierno de Batlle, era harto justificada. Por su parte, De la Rúa, que fue postulado por una Alianza de centro-izquierda, se había comprometido, durante la campaña electoral, a investigar el escándalo de coimas en el caso “IBM-Banco Nación”,  instrumentadas por Raúl Moneta, procesado y en la cárcel, y con estrechos vínculos de negocios financieros con Bush, Mulford, los hermanos Rohm. Moneta, era investigado, en esos momentos, por una Comisión del Congreso de Estados Unidos,  por lavado de dinero, utilizando una cuenta en las Islas Vírgenes (Paraíso fiscal).

De la Rúa no se atrevió a tocar la Ley de Convertibilidad de Menem-Cavallo, obteniendo un préstamo de 40 mil millones de dólares del FMI para “Blindar” la economía. Este dinero así como entró, se fugó, atribuyéndose estas maniobras a los hermanos Rohm y Moneta, dirigidos por Mulford.

El Presidente Argentino consiguió, un año después -2002 una refinanciación de la deuda (un “megacanfje”), que favoreció los negocios financieros del grupo mencionado anteriormente.

La economía argentina no reaccionaba por un tipo de cambio sobrevaluado, la debilidad de la moneda brasilera y porque todos los países emergentes que habían entrado en el “Plan Brady”, no se recuperaban, ya que el pago de la deuda era lo prioritario. El PIB, en Argentina había caído un 3.5%, la desocupación ascendía a un 15%, y el déficit fiscal a un 13%- A mediados del 2001, el FMI se negó a entregar la cuota para el “blindaje”.

Jorge Batlle asumió el 1 de marzo de 2000, con un país en recesión, la devaluación del “Real” y la eventualidad de una devaluación en Argentina.

Formó un equipo económico encabezado por el Contador Alberto Bensión , en la presidencia del Banco Central un primo suyo, César Rodríguez Batlle y en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, el Contador Ariel Davrieux, perteneciente al Foro Batllista.

Batlle es un abogado financista, admirador de Charlone y Végh Villegas. Conoció al ex Presdiente Bush, en Buenos Aires, en la reunión mencionada a donde fue acompañado de Lacalle, y su objetivo en el gobierno, fue asegurar el funcionamiento de Uruguay como Plaza Financiera, atrayendo capitales de cualquier naturaleza en la que los bancos privados, las consultoras y estudios jurídicos “especializados” en derecho comercial y bancario, obtendrían jugosas ganancias.

Pero los mercados regionales y mundiales, estancados o en recesión, no permitían un peso sobrevaluado. Y el “dinero caliente”, así como entra, se va si no se siente seguro.

De la Rúa, aislado económica y políticamente, renunció el 21 de diciembre de 2001.  El 2 de enero del 2002, la Asamblea Legislativa de la Nación, eligió Presidente a Eduardo Duhalde para completar el período de De la Rúa. Duhalde dijo, en el discurso de asunción, que la Argentina “estaba fundida” y expresó que la tarea principal era sacar al país de la recesión. Cuatro días después, el Congreso derogó la Ley de Convertibiidad, que alineaba a la par el peso con el dólar, y el gobierno fijó una cotización de 1.40 por dólar, que no pudo sostener y siguió cayendo.

Por las devaluaciones de Brasil y Argentina, la economía uruguaya tenía bloqueados esos mercados y, el 1º diciembre del 2001, cuando Argentina estableció el “Corralito” , sin plazo, de todos los depósitos bancarios, comenzó la fuga de capitales de extranjeros, en su mayoría argentinos, a los que se fue sumando, el de los depositantes locales. En seis meses “desaparecieron” el 44% de los depósitos.

Batlle se aferraba a la “defensa de la moneda” para preservar la salud del sistema financiero y, especialmente del Banco República” (Nota de “El Observador” del 23 de julio de 2002).

La economía uruguaya era monitoreada por el Sub Director Gerente del FMI, el chileno Eduardo Aninat, que aconsejaba la devaluación t la cesación de pagos de la deuda externa como en Argentina.. El 23 de julio, después de una interpelación, y bajo la presión del Frente Amplio, del Partido Nacional y sectores del Partido Colorado, renunció el Ministro de Economía, Alberto Bensión. Anteriormente habían renunciado César Rodríguez Batlle y Rosario Medero, integrantes del Directorio del Banco Central. Batlle designó al Dr. Alejandro Atchugarry como Ministro de Economía y al economista Julio de Brun como Presidente del Banco Central.

La moneda fue devaluada el 20 de junio y  el valor del dólar pasó de 13 pesos a 30-, y el 31 de julio, el gobierno decretó un feriado bancario “sine die”. Previamente, dispuso la suspensión del funcionamiento de cuatro bancos privados, cuya insolvencia era manifiesta.

Amplios sectores de la opinión pública –políticos, sindicales y esferas de negocios-, consideraban que la política de Batlle de asistir a bancos que estaban quebrados, era irresponsable y que debía renunciar.  El periodista, Claudio Paolillo publicó, en el 2004, el libro “Con los dias contados”, donde narra cómo, incluso dentro del Partido Colorado, se aguardaba la renuncia del Presidente.

El país estaba al borde de una crisis institucional como en Argentina y Batlle era consciente de ello. Pero tenía dos cartas en la manga que, si daban resultado, podían salvarlo: una, era su amistad con George H. W. Bush, padre del presidente, en ese momento, de Estados Unidos; la otra, era el éxito que pudiera tener el General Seregni en convencer a Tabaré Vázquez que “había que darle apoyo institucional al gobierno”.

Astori apoyaba esta salida pero el Partido Socialista y el Partido Comunista, no. Los senadores Reinaldo Gargano y José Korzeniak, tenían pronta la solicitud de juicio político a Batlle, pero el sector del gremio bancario, del mismo partido, no estaba de acuerdo. Por otra parte, el Partido Comunista exigía la renuncia de Batlle y la formación de un “Gobierno de Salvación Nacional”, encabezado por el Vicepresidente, Hierro López. Sin embargo, su Secretaria General, Marina Arismendi, apoyaba la línea de Seregni y Astori.

Estas dos cartas fueron exitosas: el Presidente George Bush le extendió un “crédito puente” a Batlle, de 1.500 millones de dólares, expresando que a Estados Unidos le interesaba la permanencia de Uruguay como plaza financiera. Con estos recursos, el gobierno levantó el 5 de agosto, el feriado bancario, habilitando el movimiento de cajas de ahorro y cuentas corrientes del Banco República, no así los plazos fijos que quedaron bajo un “corralito” que sería levantado.
 gradualmente.

Finalmente, en un plenario del Frente Amplio de noviembre de 2002. Tabaré Vázquez se pronunció sobre el “apoyo institucional” que le pedían Seregni y Astori, indicando que “el parlamento era un ámbito adecuado para concertar las políticas adecuadas para superar la crisis. Así fue. El nuevo Ministro de Economía, Alejandro Atchugarry, se convirtió en el articulador de estas políticas que tuvieron en el Contador Astori el principal protagonista del Frente Ampliio y de las políticas que se acordaron.

El Partido Nacional, integrante con cuatro ministros de la coalición de gobierno, resolvió retirar, el 13 de noviembre, a sus representantes, tratando de evitar cargar con la responsabilidad de la conducción gubernamental. Esta actitud, impulsada por Lacalle, molestó a Jorge Batlle.

El estado del país era desastroso con cuatro bancos fundidos por sus propietarios: Banco Montevideo (Peirano Facio), Banco Comercial (Hermanos Carlos y José Rohm), la Caja Obrera (Peirano Facio) y Banco de Crédito (Secta “Moon”); el Banco Hipotecario estaba al borde de la quiebra y el República pudo superar el difícil trance porque fue apuntalado por los dólares de Bush.

En la estructura social, los efectos de la crisis provocaron una desocupación del 20%, la caída vertical del salario real, el aumento de la pobreza, de los suicidios, el deterioro de la infraestructura de los servicios de educación y salud, factores que fueron la semilla de la marginación de los sectores más débiles de la sociedad y la violencia e inseguridad que hoy estamos padeciendo.



miércoles, 25 de marzo de 2015

EL IMPERIALISMO DEL DÓLAR


En 1909, el Secretario de Estado, Philander Knox, del gobierno del Presidente William Howard Taft, explicó cuál era la función del dólar: “El objetivo de la diplomacia es asegurar la estabilidad y el orden en el exterior para facilitar las oportunidades financieras y el capital privado para promover los intereses transoceánicos de Estados Unidos”.

Esta política había comenzado antes, después de la intervención de Estados Unidos en Cuba, en 1898, y la “Enmienda Platt” introducida en la Constituvción Cubana, en 1903, convirtiendo a la Isla en un “Protectorado”. A ello siguieron, de inmediato, las intervenciones militares en Centro América y Venezuela.

En esa época, donde la emisión de billetes estaba regulada por el stock de oro, el dólar era una moneda muy fuerte, fortalecida aun más por las dos guerras mundiales en las que Estados Unidos fue el gran abastecedor de armas, convirtiéndose en un poderoso acreedor.

Esta situación objetiva fue explotada en la Conferencia Monetaria de Bretton Woods, en julio de 1944, donde Washington impuso al dólar como moneda de reserva mundial –doblegando a la libra esterlina, emblema del Imperio Británico en el siglo XIX-, en condiciones igualitarias al oro.

Sin embargo, el 15 de agosto de 1971, en forma unilateral, Estados Unidos le retiró al dólar el respaldo del oro, quedando la emisión del billete verde a voluntad de su gobierno, acabando con el “Patrón Oro”. Los demás países,  que habían aceptado el Sistema Monetario –Gold-  Exchange Standard (cambio fijo de una onza de oro por 35 dólares), atados  por los vínculos comerciales y financieros, debieron aceptar Standard-, la nueva realidad que rige hasta hoy, con la excepción de la “Zona Euro” de la Unión Europea, creada en el año 2000.

En la tapa de la Revista “Time” (ver abajo) aparece la foto del banquero del “Grupo Rockefeller”, Paul Volcker –ex  Gerente General del Chase Manhattan Bank y Presidente de la Junta Ejecutiva de la Reserva Federal desde 1979 hasta 1987-, con el elocuente título: “Angusti por la tasa de interés” (Interest Rate Anguish).

Desde 1971, todo el mundo está pendiente de los manipuleos monetarios del Banco de la Reserva Federal. Las reuniones trimestrales del Comité de Política Monetaria de ese Banco Central y sus anuncios son aguardados con ansiosa expectativa por todos los gobiernos y empresas endeudadas, porque si bajan las tasas de interés, se fortalecen las monedas locales y la deuda se achica y si las suben ocurre lo contrario, las monedas locales se devalúan, huyen los capitales “calientes” atraídos por los altas tasas de los activos federales estadounidenses, dejando en los países dependientes una deuda más grande (en términos de pesos) y reducción del gasto social, porque la prioridad es el pago de una deuda más abultada, e incluso inflación de costos porque los ´productos importados valdrán más.

El 18 de este mes se reunió el Comité de Política Monetaria, en Nueva York, con creciente expectativa de que comenzaría a aumentar las tasas de interés, después de seis años de haberlas mantenido entre un 0 y un 0,25%. Las expectativas de los especuladores resultaron frustradas porque el Comité no hizo el esperado anuncio y, por el contrario señaló que las expectativas de crecimiento de la economía estadounidense son confusas. Si bien el desempleo es de un 5,5% y la inflación de 1,5%, el sector manufacturero (Detroit está paralizado) y la industria de la construcción “están muy débiles”, y ha caído el comercio exterior por contracción de la demanda.

La baja inflación es un indicador de esa debilidad, manteniéndose el diagnóstico de Krugman de que Estados Unidos se encuentra, desde 2008, en una “trampa de liquidez”, donde la abundancia de crédito no se refleja en la inversión productiva, porque el nivel de los precios por de bajo de su piso histórico no la estimula. Lo que hace es evitar una caída mayor. La actividad se realiza en sectores donde el empleo es de baja calidad e igualmente los salarios. Para Keynes – y el New Deal de Roosevelt de 1º32 lo demuestra-, la única manera de impulsar el crecimiento es un gigantesco plan de obras públicas que arrastra a todas las otras industrias y el consumo, pero el alto déficit fiscal que tiene actualmente Estados Unidos y el volumen de su deuda externa, se lo impide.

Para Uruguay, país con una deuda externa importante, la decisión del Comité es positiva porque la devaluación del Real -un 14%, de 2,80 a 3,20, en 5 meses-, virtualmente bloquea el comercio a ese país, que es el segundo socio ya que compra un 20% de nuestras exportaciones, y tiene preocupado a nuestro gobierno que no puede estabilizar el valor, en términos de dólares-, de nuestra moneda. En consecuencia, si la devaluación de nuestro peso fuera mayor –sumándose a las restricciones comerciales esternas un fortalecimiento del dólar-, Uruguay tendría que realizar un “ajuste del gasto social” ya que la prioridad es el pago de la deuda externa.

¡Por favor, que no llegue a esta situación!

jueves, 29 de enero de 2015

CAMBIO DE ÉPOCA


Estamos en un cambio de época y como una bestia se resiste a cambiar de querencia, Estados Unidos no quiere abandonar un poder hegemónico –económico, militar y tecnológico- que ha acumulado durante más de 150 años y que le ha permitido ser hoy la única superpotencia en el mundo.

El derrotero de ese poder es conocido pero es oportuno recordarlo: la conquista del Oeste hasta llegar al Pacífico, el arrebato a México de Texas, Nuevo México, Arizona y California;  la victoria del Norte capitalista sobre el Sur esclavista y, a partir de 1865,  la gigantesca acumulación y concentración de capital, la formación de los monopolios petroleros, industriales y bancarios cuyo mayor poder se expresa en tres grandes grupos: Rockefeller, Morgan y Carnegie.

En la década de 1880, se gesta el “Sueño Americano” que el sensible Martí, capta de inmediato. El territorio continental conquistado les resulta chico a los monopolios y miran hacia el Caribe, CentroAmérica y el Pacífico. Intervienen en Cuba, sumándose a la lucha de los mambises por su independencia, derrotan a España y la “Enmienda Platt” convierte a la Perla de las Antillas en su Protectorado; insatisfechos aun, en 1903, le arrebatan Panamá a Colombia, para construi y contolar la navegación interocéanica.

En América del Sur, el discurso de Lincoln en Gettysburgo (“y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra”), había pasado al olvido. Sólo impactaba la brutal imagen del “Gran Cazador” de búfalos, leones y elefantes en África (mató 512 animales en el safari que realizó en 1909-1910), Teodoro Roosevelt, que había inaugurado la política imperialista con su doctrina del “Gran Garrote” (“Big stick”), a todo aquel que no se arrodillara ante el dólar.

Rubén Darío en la “Oda” (1904) que le dedicó, advirtió: “Eres los Estados Unidos, eres el futuro invasor de la América ingenua que tiene sangre indígena, que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”.
“Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza; eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy. Y domando caballos, o asesinando tigres, eres un Alejandro-Nabucodonosor. “ (…) “Crees que la vida es incendio, que el progreso es erupción; en donde pones la bala el porvenir pones”. (…). Pero…” esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol”.

“Tened cuidado. ¡Vive la América española!”.

Cuatro años antes, nuestro José Enrique Rodó, escribía en “Ariel” este texto visionario: “”À medida que el utilitarismo genial de aquella civilización asume así caracteres más definidos, más francos, más estrechos, aumentan, con la embriaguez de la prosperidad material, las impaciencias de sus hijos por propagarla y atribuirle la predestinación de un magisterio romano”. (…) “¡Ellos aspirarían a revisar el Génesis para ocupar esa primera página!”

Rodó no niega el utilitarismo norteamericano sino la pretensión de imponerlo como un modelo completo de una nueva civilización.  Y seguidamente realiza una extensa enumeración del aporte del trabajo, las invenciones mecánicas, la actividad comercial como palancas básicas de la civilización  pero pretender que ella sea la suma de la cultura cuando aun es un “boceto tosco” está muy lejos de ser una gloria que marque definitivamente a la posteridad.


El teórico del imperialismo norteamericano fue el Almirante Alfred Mahan que, en 1890, publicó el libro “El  papel del poder marítimo en la Historia” (” The Influence of Sea Power upon History, 1660-1783”). De acuerdo a esta doctrina, Estados Unidos debía construir una poderosa fuerza naval operativa y lanzarse a la conquista de islas en El Caribe y el Pacífico, para asegurar la expansión de su economía.

-         II –


Estados Unidos intervino, en abril de 1898, en la guerra que libraban los cubanos por su independencia de España. Enfrentada a dos fuerzas enemigas, la fflota española que procuraba conservar la ciudad de Santiago, en el Oriente, fue destruida, en junio, por la flota estadounidense. Los norteamericanos ocuparon Puerto Rico y, en agosto, España solicitó un armisticio que culminó con el Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898 en que la monarquá hispánica reconoció la independencia de Cuba y entregó a Estados Unidos las Islas de Puerto Rico, Filipinas y Guam. Era la primera etapa de la concepción geoestratégica del Almirante Mahan.

La ocupación de las Islas Filipinas era un desafío a las pretensiones imperialistas de Japón en la región. En 1894, el Imperio del Sol Naciente se había establecido en la Península de Corea y Taiwán, luego de desplazar de ese territorio, por la guerra, a China.

El Imperio Ruso aspiraba también a controlar Manchuria y Corea. La victoria de Japón, en 1904, tensó las relaciones entre ambos imperios y en 1904, Japón resolvió saldar las diferencias por la guerra. Rusia fue derrotada; tuvo que renunciar a sus pretensiones sobre Corea y Manchuria y perdió la soberanía sobre la Isla de Sajalín. Esta solución al conflicto fue el resultado de una negociación, cuyo mediador fue el Presidente de Estados Unidos, Teodoro Roosevelt. El Tratado se firmó en setiembre de 1905 en Portsmouth y Roosevelt fu galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Estados Unidos asumía así, el papel de árbitro en los conflictos del sudeste asiático.

La intervención de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y su papel decisivo en la victoria de Francia y el Reino Unido sobre el Imperio Alemán, lo colocaron en una situación excepcional, pasando el dólar a dominar el escenario europeo, ya que Alemania fue mutilada económica y territorialmente por el Tratado de Versalles de 1919 y Francia y Gran Bretaña, aunque victoriosas, habían quedado agotadas financieramente y endeudadas con Estados Unidos.

No obstante, el Reino Unido previendo, con anticipación estos resultados, había trazado dos líneas de amplio desarrollo estratégico: la creación del Estado de Israel (Declaración Balfour de 1917) y la Administración, por 25 años, de los Territorios que habían pertenecido al Imperio Otomano (que se desintegró al perder la guerra), otorgada por la Sociedad de Las Naciones en 1922. Los territorios, bajo este “Fideicomiso”, eran Palestina, la Transjordania, y los comprendidos entre los ríos Éufrates y Tigris (posteriormente, Iraq) incluyendo Kuwait.

Francia también obtuvo un Mandato similar, reservándose los territorios de Siria y El Líbano. Estos “Mandatos” se extendieron hasta la inmediata post Segunda Guerra Mundial.

Alemania, por su parte, como derrotada, debía pagar indemnizaciones de guerra a los vencedores por un monto de 132 mil millones de marcos-oro. En 1920, la Sociedad de las Naciones, le entregó a Francia la administración por 15 años del Territorio del Sarre (región occidental del Ruhr), que era el pulmón carbonífero-energético de Alemania. Este país no podía pagar la pesada indemnización  con su oro y recurrió a la emisión monetaria, sin respaldo de oro, devaluando la deuda pero provocando una hiperinflación que agudizó la situación social de su población. Tampoco, con marcos devaluados, Francia y el Reino Unido, podían pagar su deuda a Estados Unidos.

En 1923, el gobierno de Estados Unidos decidió intervenir y el Director de la Oficina de Presupuesto, Charles Dawes, presentó un plan que “estiraba el calendario de pagos estableciendo, además para los primeros cinco años fijaba un pago anual de mil millones de marcos-oro y el primer año (1924), recibiría un crédito de 800 millones de marcos-oro, es decir que debía pagar solo 200 millones. Ahora bien el banco central alemán (el Reichbank) quedaba  bajo la supervisión  de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido y estaba obligado a mantener un stock de oro equivalente al 40% del papel circulante. El Plan Dawes fue aceptado por Alemania pero no impidió que floreciera la semilla del nazismo(Hitler al frente del Partido Nazi, recién fundado, intentó, el 9 de noviembre de 1923, un Golpe de Estado –el “Putsch” de Munich´, que fracasó).

Decíamos que, como consecuencia de las secuelas de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos pasó a controlar la economía europea, aunque el Reino Unido y Francia que tenían extensos ierfitorios coloniales, procuraban defender sus otrora poderosas monedas: la libra esterlina y el franco.

Estabilizadas las relaciones financieras, el Reino Unido se propuso un retorno al Patrón Oro que había sido abandonado durante la guerra. Este sistema exige un contenido de oro por cada billete en circulación, lo que significa contar con stock de oro suficiente para el respaldo y un nivel de precios bajo, cosa que no ocurría porque la cantidad de billetes en circulación era muy alta. En consecuencia, el gobierno elevó la tasa de interés, introdujo drásticos cortes al presupuesto y controló severamente los ingresos salariales. La tasa de cambio de la libra esterlina fue fijada en relación con el dólar, en el mismo nivel de pre-guerra.
En realidad, lo que buscaba Churchill, apoyado por el sector financiero, era devolverle a Londres su posición de Plaza Financiera que orgullosamente había tenido después de la derrota de Napoleón en 1815 y, especialmente en la segunda mitad del siglo XIX. Era eñ “prestigio” del Imperio y su futuro lo que estaba en juego. Pero sus efectos fueron desastrosos: se paralizó la industria carbonífera y la industria textil. El desempleo y la pobreza se expandieron por el Reino. En 1926 estalló una huelga general que fue reprimida por el ejército.

 La concepción de los financistas fue combatida, sin éxito, por un joven economista –John Maynard Keynes-, que consideraba “el culto del oro” una “reliquia bárbara”. En períodos de crisis, argumentaba, no hay que encarecer el crédito, ni reducir el gasto público; hay que mantenerlo en niveles que estimulen la producción y el consumo, generando empleo. La moneda se fortalece con el crecimiento económico y no con trabas a su desarrollo. En este caso, los únicos beneficiarios son los bancos y la especulación. Los hechos le dieron la razón. En 1926 la huega general y en 1929, los trabajadores y la clase media le dieron la victoria, por primera vez, al Partido Laborista y en 1931, el gobierno, con el apoyo de la mayoría del Partido Conservador (Churchill estaba con la minoría), devaluó la libra esterlina.

Guiado por los mismo propósitos de Churchill, el Primer Ministra francés, Raymond Poincaré, impulsa el retorno de Francia al patrón oro que fue sancionado por ley en 1928. El sector financiero estaban satisfechos pero la economía había perdido competitividad externa, las fábricas comenzaron a cerrarse y a crecer el desempleo. Duró poco tiempo porque la Gran Crisis Mundial estalló el año siguiente y ningún país pudo escapar a sus desastrosos efectos.

-         III –


Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue, según autocalificación del Presidente Franklin Roosevelt, el “Arsenal de la Democrtacia” y, también “La Gran Banca” que financió la guerra de los aliados contra la Alemania Nazi. A esto hay que agregar que, al inicio del conflicto, los gobiernos de Francia y el Reino Unido, habían enviado el oro de sus Bancos Centrales, como refugio, a Estados Unidos. El Sistema Monetario basado en el Patrón Oro fue suspendido y las instituciones respectivas emitieron dinero según las demandas de la circulación interna. A pesar del racionamiento de los alimentos y al convertirse las industrias civiles de producción en fábricas militares, el gasto presupuestal no contaba con el respaldo de la producción civil y, al finalizar el conflicto, había que ajustar la cantidad de dinero a las transacciones de bienes de una industria que debía ser modernizada.

El Presidente Roosevelt estaba decidido a intervenir en la guerra europea y el 11 de marzo de 1941, logró que el Congreso aprobara una Ley de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease Act) que era un amplio programa de suministro de pertrechos militares a los países que enfrentaban la embestida de las Divisiones “Panzer”, la aviación y la marina de guerra alemana. El programa se aplicó entre 1941 y 1945, totalizando 50 mil millones de dólares. Los receptores de estos suministros fueron el Reino Unido (31.4 mil millones), la Francia Libre (De Gaulle), la Unión Soviética (11.3 mil millones) y China. La ley establecía que estos préstamos les serían concedidos a los gobiernos “cuya defensa el Presidente considere vital para la seguriad de Estados Unidos”). No establecía plazo de devolución pero le fue exigida a la URSS, en 1947, cuando el Congreso aprobó el Plan Truman de “defensa de la Democracia” (Guerra Fría). La URSS pagó esta deuda con lingotes de oro producidos por su industria aurífera, ya que su moneda –el rublo- tenía como base la producción material, las demandas del comercio y los salarios y  era inconvertible.

Cuando se sancionó esta ley, Estados Unidos no le había declarado la guerra a Alemania, pero el Presidente Roosevelt ordena, el 28 de marzo, la incautación de barcos alemanes en puertos estadounidenses. El 14 de junio, el Presidente ordena el cierre de los consulados de Alemania e Italia en Estados Unidos, así como la confiscación de los bienes físicos y cuentas bancarias de ambos países; el 26 de julio, Roosevelt prohíbe la venta de petróleo a Japón y confisca sus bienes en Estados Unidos.



Entre el 9 y 14 de agosto de 1941, se reunieron en el buque británico, “Príncipe de Gales”, en las costas de Terranova (Canadá), el Presidente Roosevelt y el Primer Ministro británico, Winston Churchill. Al término de las conversaciones, firmaron un documento de 9 puntos titulado “Carta del Atlántico”, donde definen los principios de una alianza contra la tiranía nazi. El parágrafo 6 dice:. “Tras la destrucción total de la tiranía nazi, esperan ver establecer una paz que permita a todas las naciones vivir con seguridad en el interior de sus propias fronteras y que garantice a todos los hombres de todos los países una existencia libre sin miedo ni pobreza”. Y el 7: “Una paz así permitirá a todos los hombres navegar sin trabas sobre los mares y los océanos”.

El 7 de diciembre de 1941, aviones japoneses destruyen a la flota de Estados Unidos surta en el Puerto de Pearl Harbor, en la Isla de Hawsai, declarándole, a continuación, la guerra a Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia. El Presidente Roosevelt califica este día “el Día de la Infamia” y el 8 de diciembre, junto con el Reino Unido, Australia, Canadá, Costa Rica y El Salvador le declara la guerra a Japón.

El 11 de diciembre, Alemania e Italia le declaran la guerra a Estados Unidos y en respuesta, Costa Rica, Cuba, Guatemala y Haití declaran la guerra a Alemania e Italia.


En la postguerra, Estados Unidos fue el dominador absoluto de las economías de Europa y el Sudeste Asiático, con centro en Japón, que se rindió el 21 de setiembre de 1945.. El Plan “Marshall” de 30 mil millones de dólares, apuntaló a la reconstrucción de Europa Occidental, especialmente de Alemania Occidental, ya que los Imperios Coloniales inglés y francés tuvieron que enfrentar el proceso de descolonización, que durante quince años mantuvo en jaque las economías metropolitanas. Otro beneficiario especial del plan estadounidense fue Francisco Franco que cedió a cambio el territorio español para instaalr bases militares norteamericanas. Esta decisión de Estados Unidos echó por tierra las esperanzas de los partidos republicanos españoles de restaurar la República. Franco fue el único dirigente fascista que sobrevivió a la derrota del nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

Con este contexto, Estados Unidos pudo establecer su hegemonía económica y militar en Europa Occidental y en el Sudeste Asiático, creando así un cerco económico y militar a la Unión Soviética, a Europa Oriental y a la República Popular China que había nacido el 1º de octubre de 1949.

El dólar que fue impuesto como moneda de reserva para todo el Occidente, en la Conferencia Monetaria de Bretton Woods, de julio de 1944, reguló todas las transacciones comerciales y financieras –desplazando a la libra esterlina-, de las dos terceras partes de la tierra siendo, cumpliendo, además, como fuente de financiamiento del centenar de  bases militares de Estados Unidos en el mundo, el equipamiento militar de sus Fuerzas Armadas con la tecnología más moderna y los inmensos gastos de las guerras coloniales, como la de Vietnam, para “evitar el efecto dominó” de los pueblos que luchaban por liberarse de la coyunda colonialista.

América Latina siempre fue su “reserva estratégica”, desde 1823. En 1947, los gobiernos latinoamericanos, firmaron en Río de janeiro, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), adoptando la “Doctrina Militar” y el equiipaminto que les suministraba Washington. Y en Panamá, en la Escuela de las Américas que abrió sus puertas, los oficiales latinoamericanos recibieron cursos especiales de contrainsurgencia, introduciendo los métodos de tortura que los militares franceses habían experimentado en Vietnam y en Argelia. Decían que esta política era para evitar el “Tottalitarismo Comunista”, pero sus modelos fueron personajes como Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana, François Duvalier en Hairí, Anastasio Somoza en Nicaragua, Fulgencio Batista en Cuba y Alfredo Stroessner en Paraguay, entre otros.

La onda libertaria, que se extendió por El Caribe, Centro América y América Latina, en la década de 1960, siguiendo los pasos de la Revolución Cubana, fue aplastada , por los yanquis, con los mismos argumentos. Todavía Uruguay y otros países,  está sufriendo los efectos de ese genocidio ideológico y hechos recientes, nos muestran que, en determinados sectores sociales, ese maléfico espíritu sigue vivo.

                                                                       -IV –

A mediados de la década de los 60’, era notorio que Estados Unidos no podría mantener el compromiso contraído en Bretton Woods de cambiar billetes-dólares por oro a 35 dólares la onza troy. En una famosa conferencia de prensa, en febrero de 1965, el Presidente de Francia, Charles De Gaulle, advirtió de este peligro para los países cuyos bancos centrales tenían sus reservas en dólares. De Gaulle argumentaba que la emisión de dólares, por la Reserva Federal, era tan alta con respecto al stock de oro que había disminuido al mismo tiempo por la recuperación económica de Europa Occidental y Japón-, que era insostenible el tipo de cambio fijo –Gold Exchange Standard-, establecido en 1944.

La advertencia era correcta. El 15 de agosto de 1971, el Presidente Nixon ordenó, mediante un decreto y sin informar previamente al resto del mundo que se había adherido a aquel Tratado, la flotación libre del precio del oro, que triplicó de inmediato su valor, lo que significó una macrodevaluación del dólar con respecto al oro. En respuesta, los países exportadores de petróleo del Medio Oriente, crearon la OPEP y resolvieron una abrupta elevación del precio del “oro negro”. Durante qtince años, el precio del petróleo se había mantenido constante a 1 dólar y medio el barril de crudo. En octubre de 1973 fue fijado en 3,65 y, al finalizar la década, con nuevo aumento en 1979, el precio del barril alcanzó los 12 dólares.
Esta evolución de los precios provocó una “inflación de costos” que detuvo el crecimiento económico en los países capitalistas desarrollados, y más grave aun de los países subdesarrollados no productores de petróleo, que los economistas denominaron “stagflation”, (estancamiento con inflación).

Los estrategas del capitalismo, con el Grupo Rockefeller a la cabeza y sus asesores, Henry Kissinger y Zbegnew Brzezinski, crearon la Comisión Trilateral, trazando una estrategia que consistió en trasladar los monopolios industriales a los “Tigres Asiáticos” (Singapur, Malasia, Thailandia, Indonesia, Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán), cuyas juventudes tenían un buen nivel de educación ténica, salarios baratos y sistemas políticos autoritarios y seguros. La Reserva Federal, ahora sin ataduras con el oro, multiplicó sus emisiones que aprovecharon los bancos de inversión de los propios monopolios para expandir su producción industrial en el sudeste asiático y competir ventajosamente en el mercado mundial. A esta estrategia se plegó Japón, aumentó la desocupación en Estados Unidos, transformándose progresivamente en un país rentista con abultada deuda externa, financiada por Japón.

En el plano político-militar, Estados Unidos estaba perdiendo la guerra en Vietnam y, en 1972, el Presidente Nixon, por consejo de Kissinger que era su asesor de seguridad, decidió levantar el bloqueo económico y diplomático a la República Popular de China y estrechar lazos con Mao Tsé Tung para aislar a la Unión Soviética y enmascarar mediante una maniobra política la derrota en Indochina que se consumaría en 1975, con la liberación de Saigón por los patriotas.

Mao murió el 9 de setiembre de 1975. La economía de china estaba estancada y la tasa de crecimiento poblacional crecía sin control. Esta situación se debía al fracaso del “Gran Salto Adelante”, de 1956 y diez años más tarde a la Revolución Cultural que dividió al Partido Comunista Chino agudizando la crisis económica y el aislamiento internacional del país con el Grupo de No Alineados. Un sector conciliador había permanecido en el Comité Central cuyo líder era el  Ministro de Relaciones Exteriores y hábil político, Chou-En-Lai. Este sector pensaba que algo había que hacer para superar la crisis.

Al salir del escenario el líder histórico, los conciliadores facilitaron el retorno al máximo organismo de dirección del Partido, a los dirigentes que habían sido desplazados y que aun vivían. Uno de ellos era Deng Xiaoping que pronto tomó las riendas del Partido –que previamente había expulsado a los partidarios de Mao incluyendo a su esposa-, y dijo sin ambages: “Estamos al borde del precipicio; ningún pueblo sostiene a un gobierno que lo condena al hambre; es necesario salir del encierro y de la centralización estatal hermética y abrir la economía al mundo”. “La planificación económica centralizada no es un principio marxista sino un mecanismo económico”. Deng emprendió, en 1976, una gira por el sur para explicar sus ideas. Allí reiteró que el Socialismo es el único sistema que puede sacar a la humanidad de la encrucijada en que se encuentra. En ese camino se pueden tener muchos retrocesos pero, al final, triunfará la lucha de los trabajadores. El marxismo, continuó, es una ciencia objetiva y extrae la verdad de los hechos. Debemos liberar la mente y servirnos de la experiencia. El problema de China es la parálisis de sus fuerzas productivas y para ello se necesitan tres modernizaciones: Agricultura, Industria, Ciencia y Tecnología y apertura al exterior.

Sobre la base de estas ideas que tendrían la divisa de “Socialismo con peculiaridades chinas”, el gobierno puso en ejecución un plan de control de la natalidad y creó siete zonas francas -, la primera en la Provincia de Guandong, fronteriza con la colonia británica de Hong-Kong-, para atraer inversiones extranjeras en el sector manufacturero de tecnologías de vanguardia cuya producción fue destinada al comercio de exportación, siendo Estados Unidos y el Reino Unido sus principales mercados. En los hechos se trataba de un retorno parcial al capitalismo como modo de producción ya que el Estado retenía las tierras (entregadas en usufructo a granjas familiares con metas precisas de producción) industrias y servicios estratégicos así como el sistema bancario. La competencia de las tecnologías importadas con las tecnologías envejecidas de las industrias nacionales llevaría a éstas a modernizarse bajo la dirección y créditos del Estado o, de lo contrario, desapareceíanr.

El programa impulsado por Deng Xiaoping, comenzó en 1979 y, hasta 2012, la economía de la República Popular China creció a tasas de 9 y 10 % anual, convirtiéndose hoy en el primer país exportador de productos tecnológicos de vanguardia y la segunda economía mundial si su Producto Bruto Interno es medido por la capacidad de compra. China tiene un mercado interno para estos productos de 500 millones de habitantes y su población es de 1.300 millones. Cuando el 62%, que está aun fuera de ese mercado (el campesinado de la región occidental), se incorpore al mismo, la República Popular China será el primer mercado mundial. Esto ocurrirá, según sus proyecciones estadísticas, en el año 2049, cuando se conmemore el primer centenario de la fundación de la “China Nueva”.

Este es el comienzo de una nueva época histórica, en el terreno económico, que estamos viviendo aunque la dimensión del fenómeno es mucho más amplio: se trata de un cambio cultural acelerado, impulsado por  la Revolución Cibernética que está afectando las estructuras sociales tradicionales, como la familia y los valores culturales que le han servido de soporte. A ello se suma la agresión a la naturaleza que es el desafío mayor, en mi modesta opinión, del cambio civilizatorio que ha motivado estos comentarios.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL MERCOSUR - Rastreando sus orígenes


En la Conferencia Monetaria de Bretton Woods, en 1944, Estados Unidos se comprometió a cambiar cada  onza troy de oro (31,10 gramos) por 35 dólares billete. Los Bancos Centrales tomaron este billete como moneda de reserva seguros que tenían un valor equivalente a 0,888 miligramos de oro, metal al que podían acceder en cualquier momento..

Sin embargo, el 15 de agosto de 1971, el Presidente Nixon, en forma unilateral, sin consultar ni informar a ningún gobierno, declaró la flotación del precio del oro y el dólar se devaluó rápidamente. El Sistema Monetario Internacional había quebrado, quedando a merced de la emisión de dólares a voluntad, sin respaldo material alguno, por la Reserva Federal (Banco Central de Estados Unidos).

Los países productores de petróleo, organizados en la OPEP, con amplio peso de los países árabes, elevaron en octubre de 1º73 los precios del petróleo, tomando como referencia esa devaluación y colocaron esos enormes ingresos en los bancos norteamericanos.

Los países no productores de petróleo vieron cómo se triplicaba su factura de este producto y los bancos, repletos de dinero, acudieron “en su auxilio”. En Estados Unidos y Europa se estancó la economía y aumentó la inflación. En América Latina, las dictaduras militares instaladas por Estados Unidos para aplastar cualquier intento de revolución social y que suponían que bastarían los productos del agro y del subsuelo para sostenerse, se encontraron con un fenómeno económico que no estaba en sus planes.

Pero la Escuela de Economía de Chicago, dirigida por Milton Friedman, tenía la solución: la reducción a un mínimo del Estado, otorgándole todo el poder y la libertad al mercado. En estas condiciones, los  préstamos de los bancos extranjeros pondrían en marcha la economía, con una seguridad ajena a todo riesgo económico y político. El propio Friedman se trasladó a Santiago, invitado por Pinochet, para dirigir esta experiencia mientras su Escuela de Chicago preparaba a jóvenes economistas latinoamericanos en la doctrina neoliberal que agitaba con entusiasmo las ideas de Adam Smith. Estos “Chicago Boys”, serán los tecnócratas civiles de las dictaduras entre 1973 y 1982.

La economía estadounidense no funcionaba y James Carter perdió su reelección en 1980, a manos del republicano Ronald Reagan que llegó a la Casa Blanca rodeado de “chicaguinos”. El año anterior, en Inglaterra, el electorado le dio la victoria a Margaret Thatcher que fue investida como Primer Ministro dispuesta a demoler lo que quedaba del “Estado de Bienestar” que había montado el Partido Laborista en la postguerra.

Los “chicaguinos” de Reagan eran llamados por la prensa yanqui “economistas del lado de la oferta” (“economists supply side”), opuestos a los neokeynesianos –“economistas del lado de la demanda” (economists demand side”). Querían destruir el prestigio del “New Deal” de Franklin Roosevelt que había sacado a la economía de la Gran Depresión de 1929, mediante la activa intervención del Estado. Sostenían que si se eliminaban las “barreras” fiscales a los inversores, aumentaría la oferta de dinero a bajos intereses, estimulando la producción y la creación de empleo.

Estados Unidos atravesaba una crisis de “estancamiento con inflación” (“stagflation”) y en 1979, un banquero del Chase Manhattan Bank (Grupo Rockefeller), Paul Volcker, fue designado por el Presidente Carter, Presidente de la Reserva Federal. Volker se propuso eliminar la inflación, reduciendo la emisión de dinero circulante. El objetivo fue alcanzado pero provocó un “schok” financiero y económico en Estados Unidos y en los países que estaban endeudados pues, al escasear el dinero, se produjo un aumento abrupto de la tasa de interés que, en 1981 llegaron al 15% anual. Reagan había asumido este año y confirmó a Volcker en el cargo, función que desempeñó hasta 1987.

La recesión no se hizo esperar y en los países latinoamericanos donde los capitales habían ingresado con facilidad por las políticas de los “Chicago Bous”, se produjo una fuga masiva de retorno a EE.UU. que aumentaron los recursos del gobierno y las reservas monetarias, dinero que el Presidente Reagan se proponía invertir en la creación del sistema coheteril extra terrestre, desafío armamentista que la Unión Soviética no estaba en condiciones de afrontar. En otras palabras, mediante este mecanismo, Reagan utilizaba el dinero invertido en los países emergentes para financiar su proyecto de lograr una ventaja militar estratégica decisiva que pusiera de rodillas a la urss.

Las dictaduras militares que, según “Búsqueda”, habían llegado para regenerar a las democracias, perdieron pie. Tuvieron que devaluar las monedas en 1981 y 1982, en algunos casos suspender el pago de la deuda (México, Brasil, Ecuador) y enfrentar la recesión. La crisis económica, la Guerra de las Malvinas y las masivas y organizadas movilizaciones populares las obligaron a entregar el gobierno (Argentina) o encauzar salidas con gobiernos de transición como en Brasil y Uruguay.



                                                                           - II –

El Luego de una elección democrática, Raúl Alfonsín asumió la Presidencia de la República Argentina, el 10 de diciembre de 1983, con un mandato de seis años. Tenía que resolver graves problemas políticos y económicos, internos y externos.

Estados Unidos estaba en el banquillo de los acusados. Había apoyado el golpe de Estado militar de 1976, había respaldado con entusiasmo la política neoliberal de Martínez de Hoz, prometió apoyo al General Leopoldo Galtieri en el operativo de recuperación de las Islas Malvinas (apoyo que luego le retiró) y, finalmente estimuló, con la manipulación del dólar, la fuga de capitales que sumió al país en una profunda crisis.

Alfonsín retomó la línea de política exterior independiente de Yrigoyen y Perón. La OEA, digitada por Estados Unidos, estaba en crisis porque no se pronunció sobre la intervención militar del Reino Unido en las Malvinas; Estados Unidos había abandonado la “Doctrina Monroe” que inspiraba su política hacia América Latina (“Cualquier ataque de una potencia extracontinental contra una República Sudamericana será considerado un ataque contra Estados Unidos”), optando por su apoyo a Gran Bretaña –potencia extracontinental- a cuya alianza en la OTAN le daba prioridad. Por otra parte, Reagan se había propuesto derribar al gobierno revolucionario de Nicaragua, creando una brigada de “contras” en la frontera de Honduras.

El presidente argentino, contando con la presencia en la Cancillería de un activo y hábil diplomático –Dante Caputo-, restableció las relaciones con Cuba, fomentó la creación del “Grupo de Contadora” como alternativa a la desprestigiada OEA, para impedir la acción de los “contras” y abordó el tema de la deuda que afectaba a todos los países latinoamericanos.

Los días 21 y 22de junio de 1984 se reunieron en Cartagena de Indias, 11 países sudamericanos, representados por sus Cancilleres y Ministros de Economía, bajo la presidencia del mandatario colombiano, Belisario Betancur. Esos países, fueron: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

La idea argentina era constituir un “Club de Dudores”, como grupo de presión para negociar con los bancos, países acreedores y el Fondo Monetario Internacional, de modo que reconocieran que vista la magnitud del endeudamiento de América Latina. no eran viables las “fórmulas ortodoxas” de austeridad que frenaban el desarrollo y volvían permanente el endeudamiento. Era necesaria una quita importante del capital y de los intereses.

Esta propuesta había sido elevada, meses antes, al Grupo de los 7, reunido en Londres, de los países más industrializados, sin una respuesta favorable, pues insistían en las recetas recesivas del FMI y la obligación de pagar toda la deuda con sus intereses. No rechazaba la negociación pero esta debía ser bilateral, país por país.  Frente a esta posición intransigente, el Encuentro de Cartagena, mostró la distancia de diversos países de la posición argentina que la mayoría acepto, iniciáncose una negociación caso por caso..

El consenso alcanzado se limitó a establecer un régimen de seguimiento colectivo y consultas. México tuvo que devaluar el peso en agosto de 1976 para obtener préstamos del FMI y los bancos. Los restantes países latinoamericanos, siguieron el mismo caminon, renovando deuda con intereses más altos, recibiendo “fondos frescos” (más deuda) y aplicando medidas recesivas Para pagar. La propuesta alfonsinista de unirse para tener más fuerza en la negociación, había fracasado. El gobierno puso en marcha una reforma monetaria –Plan Austral- para combatir la inflación situada en un 2% mensual (26,8% anual). Se basaba en una “terapia de Schock”: devaluación y congelación de precios y salarios. Mantuvo el crédito a la producción, produciéndose una importante expansión del dinero circulante. El año siguiente se liberaron los precios y salarios y se disparó nuevamente la inflación, sumándose la fuga de capitales atraídos por los altas tasas de interés de Estados Unidos.

Al fracasar el proyecto de “Club de Deudores”, Alfonsín buscó otro camino que será más largo para alcanzar la integración. En marzo de 1985, asumíó la Presidencia de Brasil, José Sarney, dejando atrás 21 años de dictadura militar. El retorno del país vecino a la democracia y el peso de las fuerzas nacionalistas en el nuevo gobierno, motivaron al gobierno de Buenos Aires a proponer al gigante del norte un plan de integración económica bilateral.


                                                                    - III –

Los presidentes Alfonsín y Sarney se encontraron en Foz de Iguazú, el 30 de noviembre de 1985, en la inauguración del puente binacional, “Tancredo Neves”, nombre acordado por ambos gobiernos en homenaje al presidente de la transición que no pudo asumir por padecer una grave enfermedad, sustituyéndolo el Vice Sarney. Neves murió un mes más tarde de la fecha en que debía comenzar su mandato.

Pero el encuentro presidencial tuvo un alcance mucho más amplio que la instancia ceremonial. En la Declaración final trazaron las líneas generales de una política binacional, de proyección continental, que se iría procesando en los años siguientes. El Numeral 7, realiza el diagnóstico de la situación: “Los presidentes coincidieron en el análisis de las dificultades por las que atraviesa la economía de la región, en función de los complejos problemas derivados de la deuda externa, del incremento de las políticas proteccionistas en el comercio internacional, del permanente deterioro de los términos del intercambio, y del drenaje de divisas que sufren las economías de los países en desarrollo”.

El numeral siguiente agrega: “Concordaron igualmente en cuanto a la urgente necesidad de que América Latina refuerce su poder de negociación con el resto del mundo, ampliando su autonomía de decisión y evitando que los países de la región continúen vulnerables a los efectos de políticas adoptadas sin su participación. Por ello, resolvieron conjugar y coordinar los esfuerzos de los respectivos gobiernos para la revitalización de las políticas de cooperación e integración entre las naciones latinoamericanas”.

Y el Numeral 18 de la “Declaración de Iguazú” concluye: “Dentro de ese espíritu expresaron su firme voluntad política de acelerar el proceso de integración bilateral. En armonía con los esfuerzos de cooperación y desarrollo regional, expresaron su firme convicción de que esta tarea debe ser profundizada por los gobiernos con la indispensable participación de todos los sectores de sus  comunidades nacionales, a quienes convocaron a unirse a este esfuerzo, ya que cabe también a ellos explorar nuevos caminos en la búsqueda de un espacio económico regional latinoamericano”.

La semilla del MERCOSUR estaba sembrada pero ambos países no pudieron instrumentarlo de inmediato; el voluminoso endeudamiento los acosaba; la recesión, el desempleo y el déficit fiscal aumentaron mientras la inflación se disparó, perdiendo ambos Estados la capacidad de controlarla, sin sacrificar a la población de menores recursos.

El Mercado Común del Sur fue creado por el Tratado de Asunción, el 26 de marzo de 1991. Los presidentes firmantes fueron: Carlos Saúl Menem, por Argentina; Fernando Collor de Mello, por Brasil; Andrés Rodríguez, por Paraguay y Luis Alberto Lacalle Herrera, por Uruguay.

El instrumento jurídico había sido creado pero la puesta en práctica de sus objetivos fue muy lento en esa década. En 1991 se produjo la desintegración de la Unión Soviética quedando los países subdesarrollados a merced del capital financiero cuyo motor principal se encuentra en Wall Street. Dos años depués, los banqueros llegaron en Washington a un “Consenso” de políticas económicas que exigirían a todos los países que solicitaran préstamos o requirieran inversiones directas y de portafolio: ajuste fiscal, privatización de las empresas públicas, flexibilización laboral y apertura irrestricta al ingreso y salida de capitales, entre otras medidas. La prioridad era pagar la deuda y el FMI, con la colaboración de las Calificadoras de Riesgo se encargó de monitorear el cumplimiento de estas reglas.

Los cuatro países del MERCOSUR se sometieron a las exigencias anteriores. En 1999, Brasil devaluó; Argentina le siguió en  enero del 2002 y Uruguay seis meses después, multiplic´nadose la deuda en moneda extranjera. La causa principal, fue la gran especulación con el movimiento de capitales “calientes” que comenzó en 1997 en los llamados “Tigres Asiáticos”  (Thailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas, Taiwán. Hong Kong y Corea del Sur. En 1998, la crisis alcanzó a Rusia. El Primer Ministro de Malasia, Mohamed Mahathir, culpó al mega especulador húngaro-estadounidense, George Soros, de ser responsable de la fuga masiva de capitales que obligaron a una devaluación en cadena de sus monedas.

Sin embargo, Malasia dio al mundo un ejemplo aleccionador. Rechazó el “salvataje” propuesto por el FMI, sobre la base de sus “planes de ajuste” y adoptó un severo control de cambios, deteniendo la fuga de capitales. Las medidas dieron resultado y en un año, Malasia se recuperó, mientras que los otros países afectados de la región, vieron la multiplicación de sus deudas, una prolongada recesión y una mayor dependencia del capital especulativo.


                                                                             - IV –

El Tratado de Asunción establece, para el período de transición de tres años, los siguientes objetivos (Art. 51): a) un Proglrama de Liberación Comercial; b) la coordinación de políticas macroeconómicas; c) un arncel externo común; la adopción de acuerdos sectoriales con el fin de organizar la utilización y movilidad de los factores de producción  y alcanzar escalas operativas eficientes.

En los hechos, en ese momento, era una “declaración de buenas intenciones”, porque cada país, con un insoportable endeudamiento, había recurrido al Fondo Monetario Internacional que había adoptado las “recomendaciones” del Consenso de Washington..

Argentina y Brasil realizaron una reforma monetaria para “contener la hiperinflación”. El primero “ató” el peso al dólar, con una conversión  fija de 1 x 1”. El Banco Central era privado de su potestad de crear dinero, condición que quedaba sjupeditada al ingreso de dólares de modo que si los dólares se fugaban, el país quedaría sin circulante. (Presidente Carlos Menem, Ministro de Economia Domingo Cavallo).

Brasil, por su parte, implementó el “Plan Real” que entró en vigencia el 1º de julio de 1994. La moneda tradicional, el “Cruceiro” fue sustituida por el “Real”. El plan era progresivo y había comenzado en junio del año anterior, con un ajuste fiscal y privatización de empresas del Estado. Le siguió la instrumentación de una “unidad reajustable de valor” (URV), “atada” a la cotización del dólar. Los precios y salarios se reajustaban por el valor de esa unidad. La tercera etapa fue la eliminación del cruceiro a razón de 2750  por cada “Real” estando limitada su emisión al nivel de reservas internacionales (Presidente Itamar Franco, Ministro de Economía Fernando H. Cardoso). Como Argentina, si los dólares se fugaban, se reducía al nivel existente el circulante en moneda nacional).

Em Uruguay, el gobierno del Dr. Luis Lacalle Herrera impulsó una  Ley de Ajuste Fiscal, con severa restricción de los salarios y aumento de impuestos, así como una política cambiaria constituida por dos bandas, una comercial donde el precio del dólar era preanunciado y una banda libre, regulada por la oferta y la demanda. Lacalle suprimió, además, los Consejos de Salarios e intentó vender empresas públicas, propósito que fracasó por el resultado adverso del Plebiscito del 13 de diciembre de 1992.

Julio María Sanguinetti, en su segundo período presidencial -1995-2000-, continuó con la política de “ajuste fiscal” teniendo como prioridad el pago de la deuda externa.

Paraguay, el cuarto miembro del MERCOSUR, para ingresar a esta organización tuvo que librarse del dictador Alfredo Stroessner y esta tarea la cumplió, en febrero de 1989, su consuegro el General Andrés Rodríguez, mediante un incruento Golpe de Estado Militar. Curiosamente, el ex dictador fue exiliado en Brasilia, bajo la protección del gobierno brasilero. Rodríguez llamó enseguida a elecciones, alcanzando la Primera Magistratura, ahora con la etiqueta de presidente constitucional.

La economía tuvo un repunte en los dos primeros años pero la crisis en sus dos vecinos gigantes, contrajo su comercio agroganadero y la gigantesca corrupción hizo el resto. Desaparecieron las reservas de oro sin que hasta hoy se sepa que pasó con 8 mil quilogramos del preciado metal. En 1993, Rodríguez llamó a elecciones resultando triunfante su candidato, el Ingeniero Juan Carlos Wasmosy, presidente del consorcio paraguahyo que participó en la construcción de la Represa Binacional de Itaipú.

Wasmosy contó con el asesoramiento del economista “Chicago Boy” Hernán Buchi, de la Escuela Económica (Neoliberal) de Chicago que implementó el plan económico del dictador chileno Augusto Pinochet. Puso en marcha la privatización de las emoresas públicas pero pronto salieron a luz los negociados del propio Wasmosy y el círculo íntimo de familiares y empresarios que lo rodeaban. En esta pelea por el botín, dividió a su partido, el Colorado, perdiendo el respaldo parlamentario. La economía y las finanzas se desplomaron, y solo un sinfín de maniobras políticas le permitieron llegar al término de su mandato, en 1998.

Los “planes de austeridad” impuestos por el Consenso de Washington y monitoreados por el FMI, síndico del capital financiero occidental dominante, ampliaron la brecha social en América Latina entre ricos y pobres. El 27 de febrero de 1989 se produjo en Caracas un estallido social, cuando el recién posesionado Presidente, Carlos Andrés Pérez, que había llegado a ese cargo con un amplísimo respaldo popular, prometiendo resolver la crisis económica que le habían dejado sus predecesores, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi (abultado crecimiento de la deuda externa, elevado déficit fiscal e inflación)), decidió aplicar un “paquete económico de shock”, preparado por el FMI, que tocaba todos los aspectos claves de la economía y las finanzas: liberación de precios, control de sueldos y salarios, cambio único libre y flotante, eliminación de aranceles a las importaciones, liberación de las tasas activas de interés, reducción abrupta del déficit fiscal con aumento del precio del petróleo y de las tarifas públicas incluyendo el transporte urbano e interestatal.

El 27 de febrero, el gobierno decretó el aumento, por tres meses, en un 30% de los derivados del petróleo y un 30% las tarifas de transporte, anunciando que, al cabo de este plazo, los aumentos serían del 100%. En forma espontánea, decenas de miles de pobres de las estribaciones montañosas que rodean a Caracas, se volcaron a las calles y hasta el 8 de marzo tuvieron en jaque a la policía y al ejército que salió a reprimir con todos sus medios. Fue una masacre que el gobierno estimó en 270 muertos pero que fuentes extraoficiales sitúan, entre muertos y desaparecidos, más de 3000 víctimas.

Este baño de sangre, realizado para satisfacer “las obligaciones” con la especulación financiera internacional, impactó en la conciencia de vastos sectores sociales, incluyendo a las Fuerzas Armadas. Entre los represores se encontraba un joven oficial de la Brigada de Paracaidistas, el Teniente Coronel Hugo Chavez Frías que, junto con otros compañeros de armas decidieron derrocar al Presidente Pérez. Este intento fue el 4 de febrero de 1882, El Golpe fracasó; Chávez asumió toda la responsabilidad y fue encarcelado. Estuvo dos años sin ser juzgado y el 17 de marzo de 1994, por indulto del Presidente Rafael Caldera, recobró la libertad. Durante este tiempo, su prestigio había crecido exponencialmente entre los pobres de su país y al abandonar la prisión se dedicó a la actividad política, fundó el Movimiento Quinta República, obteniendo –la coalición de izquierda que encabezaba-, una aplastante victoria en las elecciones del 6 de diciembre de 1988, logrando el 56’5% de los votos emitidos. Asumió la Presidencia de Venezuela, el 2 de febrero de 1999.

Durante la campaña electoral, Chávez había prometido la reforma de la Constitución de 1961, si obtenía la victoria. Logrado el triunfo, el 25 de abril convocó un referéndum constituyente que fue aprobado por el 81% de los votos sufragados. La Asamblea Nacional Constituyente aprobó una nueva Constitución que fue ratificada por referéndum, el 20 de noviembre de ese año, por un 71% de los votos.

El nuevo texto constitucional establece la República Bolivariana de Venezuela, amplía los derechos individuales –políticos, económicos, sociales y culturales-, crea un Poder Ciudadano, introduce “Referéndums revocatorios” en la mitad de todos los mandatos ejecutivos, crea una sola Cámara –la Asamblea Nacional-, las “leyes habilitantes” y un programa económico que declara propiedad de la nación los recursos del subsuelo, plataforma marítima y  contrario al interés social la existencia de latifundios. En la misma línea, la Constitución incluye en el TITULO VI (DEL SISTEMA SOCIOECONOMICO -Capítulo I) una serie de principios sobre el Régimen Socioeconómico y la Función del Estado en la Economía. El artículo 299, expresa como definición general: “El régimen socioeconómico de la República Bolivariana de Venezuela se fundamenta en los principios de justicia social, democratización, eficiencia, libre competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad, a los fines de asegurar el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad. El Estado conjuntamente con la iniciativa privada promoverá el desarrollo armónico de la economía nacional con el fin de generar fuentes de trabajo, alto valor agregado nacional, elevar el nivel de vida de la población y fortalecer la soberanía económica del país, garantizando la seguridad jurídica, solidez, dinamismo, sustentabilidad, permanencia y equidad del crecimiento de la economía, para garantizar una justa distribución de la riqueza mediante una planificación estratégica democrática, participativa y de consulta abierta”.

Es un cambio radical de las constituciones liberales que si bien fueron extendiendo, con el tiempo, los derechos políticos, económicos y sociales, no le dieron el sustento de una plataforma económica que, en la realidad haga posible la existencia de aquellos derechos.

La fecha del ascenso de Chávez a la Presidencia -2 de febrero de 1999-, es clave para comprender todo un movimiento que se extiende por América Latina y el Caribe, (Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Guyana), destinados a romper la dependencia del capital financiero vía deuda externa, proceso o “nueva Época en la cual nos encontramos.

Con las diferencias que tienen las estructuras económicas de cada país, pueden señalarse algunas características comunes: reducción de la deuda externa, defensa y explotación por el Estado de los recursos estratégicos, distribución del ingreso acompasando el crecimiento económico, atención preferente a la educación y la salud, control macroeconómico dentro de límites manejables (déficit fiscal y déficit comercial) política exterior independiente, participación democrática del pueblo, protección de los sectores más débiles de la sociedad, reconocimiento y desarrollo de las culturas originarias, entre otras políticas que se han impulsado, en los países nombrados, en estos 14 años.

En este contexto, el MERCOSUR comienza a andar, aunque la ausencia de una “coordinación macroeconómica” entre sus meimbros, como lo establece el Tratado de Asunción provoca tensiones internas por las prioridades que cada país le otorga a los sectores motores de su economía. La incorporación de Venezuela, en junio de 2012, y la próxima de Bolivia, irán ampliando los vínculos económicos, comerciales, financieros, sociales y culturales que fortalecerán la presencia de América Latina en una estructura global multipolar de intensa competitividad económica, tecnológica y cultural.