Ruiz Pereyra Faget
Después de la Primera Guerra Mundial, y especialmente después de la Segunda, el dólar se impuso en el mundo. Como moneda, es la expresión más abstracta del poder económico de Estados Unidos de América y su unidad de medida.
Hasta ahora, de las crisis económicas y financieras, había salido airoso, mientras las demás economías del mundo y sus monedas, se sometían a su imperio. En 1929,, tuvo su primera prueba y en 1934 el Presidente Roosevelt lo devaluó para estimular las exportaciones y los demás países tuvieron que seguirlo para que sus producciones pudieran competir con la norteamericana. La Segunda Guerra Mundial, le devolvió y acrecentó su vitalidad.
Con este poder, Estados Unidos creyó que podía comprar todas las demás monedas del mundo haciendo realidad el “Sueño Americano” –que mereció en 1900 el burlón comentario de Rodó- de pretender convertirse en los “romanos” de nuestra época. Pese al gran poder logrado en los Acuerdos de Bretón Woods, en 1944, donde quebró definitivamente a la libra esterlina, el dólar no pudo alcanzar su objetivo porque, como el Aprendiz de Brujo, desató fuerzas contrarias que no pudo controlar. En poco más de diez años, Japón, Alemania y Francia, se convirtieron en serios competidores mientras el oro pasaba a raudales de Fort Knox a los Bancos Centrales de esos países. A ello se agregó el colosal aumento del gasto militar. Aparecieron los déficits “Gemelos” (fiscal y cuenta corriente) que Estados Unidos cubrió “graciosamente” con emisión de su propia moneda. Esta situación no podía durar y en agosto de 1971, Nixon abandonó unilateralmente la paridad fija de 35 dólares por onza troy a la que se había comprometido en Bretton Woods, dejando que el precio del oro lo fijara el mercado. Su precio, en diez años se fue a 800 dólares pero aun así, el Presidente Ronald Reagan utilizando el privilegio del Bamco de la Reserva Federal de manipular la tasa de interés, la aumentó al 20% provocando una gigantesca corrida de todos los depósitos de dólares del mundo hacia Estados Unidos, ocasionando en esta forma el hundimiento de las balanzas de pagos de los demás países y multiplicando las deudas externas, agujero que fue llenado con dólares del FMI y de la banca privada enriquecida con los petrodólares.
Desde hace 20 años se incorporó China como gran competidora en el mercado mundial. Para ello, abrió sus fronteras a las transnacionales y adoptó un tipo de cambio fijo que ha mantenido hasta hoy con leves modificaciones. La gran burbuja especulativa que estalló en Estados Unidos en el último trimestre del 2008, empobreció a la población hasta niveles que no se conocían desde 1929. Pese a los billones de dólares que el gobierno ha volcado para “estimular” la recuperación (la mayor parte fue a los bancos fundidos y no al consumo), el desempleo sigue creciendo, superando ya el 10% de la fuerza laboral activa.
Y aquí llega la sorpresa mayúscula que llena de estupor, aun a los desprevenidos: el imperio quiere que China lo salve sobrevaluando su moneda (mientras la Casa Blanca devalúa la suya!)–que unos estiman en un 25% y otros en un 40%- para que las mercancías norteamericanas puedan ingresar al mercado chino. El Fondo Monetario Internacional lo acompaña en el reclamo.
Fastidiados por la parsimonia china y la cercanía de las elecciones parlamentarias intermedias, los legisladores de la cámara baja sancionaron un proyecto denominado “Ley de reforma monetaria para el comercio justo” que autoriza al gobierno a aplicar aranceles compensatorios por la presunta diferencia cambiaria.
Hay que evitar una guerra de divisas, advierte el FMI, ignorando sus culpas como gran síndico del capitalismo norteamericano. Ello es cierto pero la solución ya la expusieron los países del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en su reunión de Ekaterimburgo, en junio del año pasado. Estados Unidos tiene que admitir que su moneda ya no puede ser reserva universal ni el FMI, con su actual integración, su síndico. Una nueva estructura monetaria y financiera internacional tiene que surgir que responda a la actual relación de fuerzas y que tega un control efectivo sobre el movimiento especulativo de divisas. Bretton Woods hace tiempo que murió y el sistema monetario que creó es hoy una ficción.
Estados Unidos se ha lanzado a una batalla comercial con China que, por primera vez en su historia, la tiene perdida antes de librarla. A pesar de ciertas declaraciones, no tendrá ningún apoyo real internacional. Hasta Japón lo ha abandonado y ello es explicable porque en una época en que se profundiza la crisis sistémica del capitalismo anglo-euro-norteamericano que ha ejercido la hegemonía durante más de cuatro siglos, sucesivamente, el potencial del gigantesco mercado chino, sea, por lo menos, una primaria tabla de salvación, si es que hay salvación.
viernes, 8 de octubre de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
ESTADOS UNIDOS: "ESTA NO ES UNA RECUPERACIÓN"
Por Paul Krugman*
¿Cuál será el contenido del gran discurso que pronunciará el presidente de la FED, Ben Bernanke, el viernes en Jackson Hole , Wyoming ? ¿Va a mencionar nuevas medidas para impulsar la economía? Manténgase en sintonía.
Pero ya podemos, seguramente, predecir lo que él y otros funcionarios van a decir en dónde estamos en este momento: que la economía sigue recuperándose, aunque más lentamente de lo que quisieran. Por desgracia, eso no es verdad : esta recuperación no es , en ningún sentido lo que importa. Y los responsables políticos deberían estar haciendo todo lo posible para cambiar ese hecho.
El pequeño fragmento de la verdad en es el hecho de que el PIB sigue en aumento: ya no estamos en una recesión clásica, en la que todo se cae. Pero ¿y qué?
La pregunta importante es si el crecimiento es lo suficientemente rápido para reducir el desempleo que está por las nubes. Necesitamos un 2,5 por ciento sólo para evitar que aumente el desempleo y un crecimiento mucho más rápido para ponerlo bajar significativamente. Sin embargo, el crecimiento que se registra en algún lugar es entre el 1 y el 2 por ciento, con una buena probabilidad de que se desacelerará aún más en los próximos meses. ¿Puede realmente mejorar la economía con un PIB disminuyendo?¿A quién le importa? Si aumenta el desempleo para el resto de este año, lo cual parece probable, no importa si los números del PIB son ligeramente positivos o ligeramente negativos..
Todo esto es obvio. Sin embargo, los responsables políticos lo niegan. .
Después de su última reunión de la Reserva Federal, que consideró la política monetaria , la FED emitió un comunicado declarando que "prevé un regreso gradual a niveles más altos de utilización de los recursos" – Ninguna mención sobre el desempleo . Nada de lo que aportan los datos apoya ese tipo de optimismo. Mientras tanto, Tim Geithner, el secretario del Tesoro, dice que " estamos en el camino de la recuperación . " No, no lo estamos.
¿Por qué las personas que conocen mejor la realidad económica la endulzan? La respuesta me da pena decirlo, es que eluden asumir toda responsabilidad sobre la situación
En el caso de la FED, admitiendo que la economía no se está recuperando pondría a la institución bajo presión para que haga más. Y hasta ahora, al menos, la FED parece que tiene más miedo a la posible pérdida de su perfil si se trata de ayudar a la economía y por el mayor consumo del pueblo norteamericano no hace nada, conformándose con una recuperación que no es tal.
En el caso de la administración Obama, los funcionarios parecen poco dispuestos a admitir que el estímulo original era demasiado pequeño. Es cierto que fue suficiente para limitar la profundidad de la depresión - un análisis reciente de la Oficina de Presupuesto del Congreso dice que el desempleo probablemente haría alcanzado los dos dígitos sin el estímulo - pero no era lo suficientemente grande para reducir el desempleo de manera significativa.
Ahora, es discutible que incluso a principios de 2009, cuando el presidente Obama estaba en la cima de su popularidad, no podía haber conseguido un plan más grande en el Senado. Lo que es seguro es que ahora no podía lograr aprobar un estímulo suplementario. No obstante, los funcionarios podrían, con considerable justificación, jugar un papel preponderante argumentando la falta de recuperación al obstruccionismo republicano. Pero ellos han elegido, en cambio, mostrar caras sonrientes en un panorama sombrío , no convenciendo a nadie. Y el resultado probable , es que en noviembre – la victoria de los obstruccionistas - paralizará la política en los años venideros .
Entonces, ¿qué deberían estar haciendo los funcionarios , además de decir la verdad sobre la economía?
La FED tiene una serie de opciones. Puede no solo comprar más a largo plazo deuda pública y deuda privada , sino que puede bajar las tasas de interés a largo plazo , anunciando su intención de mantener los tipos bajos a corto plazo; asimismo puede elevar su objetivo a medio plazo para contener la inflación, lo que hace menos atractivo para las empresas retener su dinero sin invertir. Nadie puede estar seguro del éxito de estas medidas, pero es mejor intentar hacer algo que podría no funcionar, que invocar excusas mientras los trabajadores sufren.
La administración tiene menos libertad de acción, ya que no puede conseguir una legislación con el bloqueo republicano . Pero todavía tiene opciones. Puede renovar enérgicamente su infructuosa tentativa para ayudar a los deudores hipotecarios con problemas . Se puede utilizar Fannie Mae y Freddie Mac, que son prestamistas patrocinados por el gobierno , para diseñar la refinanciación de las hipotecas que ponga dinero en las manos de las familias estadounidenses - sí , aunque griten los republicanosporque de todos modos lo están haciendo. Por último, se puede tomar serio frente a China por su manipulación de la moneda : ¿cuántas veces han repetido los chinos la promesa de cambiar sus políticas, para a continuación, renegar . ¿No ha llegado el momento de que la administración actúe?
¿Cuál de estas opciones deben seguir los responsables políticos ? Si fuera por mí , todas ellas.
Sé lo que algunos apostadores tanto en la Reserva Federal, como en la administración que van a advertir sobre los riesgos de hacer algo poco convencional. Pero ya hemos visto las consecuencias de apostar a lo seguro, y esperar que las cosas ocurran por sí mismo y hemos caido en lo que parece cada vez más un estado permanente de estancamiento y desempleo elevado. Es hora de admitir que lo que tenemos ahora no es la recuperación , y hacer todo lo posible para cambiar esa situación .
*Fuente: The New York Times
Viernes, 27 de agosto de 2010.
Trad. RPF.
¿Cuál será el contenido del gran discurso que pronunciará el presidente de la FED, Ben Bernanke, el viernes en Jackson Hole , Wyoming ? ¿Va a mencionar nuevas medidas para impulsar la economía? Manténgase en sintonía.
Pero ya podemos, seguramente, predecir lo que él y otros funcionarios van a decir en dónde estamos en este momento: que la economía sigue recuperándose, aunque más lentamente de lo que quisieran. Por desgracia, eso no es verdad : esta recuperación no es , en ningún sentido lo que importa. Y los responsables políticos deberían estar haciendo todo lo posible para cambiar ese hecho.
El pequeño fragmento de la verdad en es el hecho de que el PIB sigue en aumento: ya no estamos en una recesión clásica, en la que todo se cae. Pero ¿y qué?
La pregunta importante es si el crecimiento es lo suficientemente rápido para reducir el desempleo que está por las nubes. Necesitamos un 2,5 por ciento sólo para evitar que aumente el desempleo y un crecimiento mucho más rápido para ponerlo bajar significativamente. Sin embargo, el crecimiento que se registra en algún lugar es entre el 1 y el 2 por ciento, con una buena probabilidad de que se desacelerará aún más en los próximos meses. ¿Puede realmente mejorar la economía con un PIB disminuyendo?¿A quién le importa? Si aumenta el desempleo para el resto de este año, lo cual parece probable, no importa si los números del PIB son ligeramente positivos o ligeramente negativos..
Todo esto es obvio. Sin embargo, los responsables políticos lo niegan. .
Después de su última reunión de la Reserva Federal, que consideró la política monetaria , la FED emitió un comunicado declarando que "prevé un regreso gradual a niveles más altos de utilización de los recursos" – Ninguna mención sobre el desempleo . Nada de lo que aportan los datos apoya ese tipo de optimismo. Mientras tanto, Tim Geithner, el secretario del Tesoro, dice que " estamos en el camino de la recuperación . " No, no lo estamos.
¿Por qué las personas que conocen mejor la realidad económica la endulzan? La respuesta me da pena decirlo, es que eluden asumir toda responsabilidad sobre la situación
En el caso de la FED, admitiendo que la economía no se está recuperando pondría a la institución bajo presión para que haga más. Y hasta ahora, al menos, la FED parece que tiene más miedo a la posible pérdida de su perfil si se trata de ayudar a la economía y por el mayor consumo del pueblo norteamericano no hace nada, conformándose con una recuperación que no es tal.
En el caso de la administración Obama, los funcionarios parecen poco dispuestos a admitir que el estímulo original era demasiado pequeño. Es cierto que fue suficiente para limitar la profundidad de la depresión - un análisis reciente de la Oficina de Presupuesto del Congreso dice que el desempleo probablemente haría alcanzado los dos dígitos sin el estímulo - pero no era lo suficientemente grande para reducir el desempleo de manera significativa.
Ahora, es discutible que incluso a principios de 2009, cuando el presidente Obama estaba en la cima de su popularidad, no podía haber conseguido un plan más grande en el Senado. Lo que es seguro es que ahora no podía lograr aprobar un estímulo suplementario. No obstante, los funcionarios podrían, con considerable justificación, jugar un papel preponderante argumentando la falta de recuperación al obstruccionismo republicano. Pero ellos han elegido, en cambio, mostrar caras sonrientes en un panorama sombrío , no convenciendo a nadie. Y el resultado probable , es que en noviembre – la victoria de los obstruccionistas - paralizará la política en los años venideros .
Entonces, ¿qué deberían estar haciendo los funcionarios , además de decir la verdad sobre la economía?
La FED tiene una serie de opciones. Puede no solo comprar más a largo plazo deuda pública y deuda privada , sino que puede bajar las tasas de interés a largo plazo , anunciando su intención de mantener los tipos bajos a corto plazo; asimismo puede elevar su objetivo a medio plazo para contener la inflación, lo que hace menos atractivo para las empresas retener su dinero sin invertir. Nadie puede estar seguro del éxito de estas medidas, pero es mejor intentar hacer algo que podría no funcionar, que invocar excusas mientras los trabajadores sufren.
La administración tiene menos libertad de acción, ya que no puede conseguir una legislación con el bloqueo republicano . Pero todavía tiene opciones. Puede renovar enérgicamente su infructuosa tentativa para ayudar a los deudores hipotecarios con problemas . Se puede utilizar Fannie Mae y Freddie Mac, que son prestamistas patrocinados por el gobierno , para diseñar la refinanciación de las hipotecas que ponga dinero en las manos de las familias estadounidenses - sí , aunque griten los republicanosporque de todos modos lo están haciendo. Por último, se puede tomar serio frente a China por su manipulación de la moneda : ¿cuántas veces han repetido los chinos la promesa de cambiar sus políticas, para a continuación, renegar . ¿No ha llegado el momento de que la administración actúe?
¿Cuál de estas opciones deben seguir los responsables políticos ? Si fuera por mí , todas ellas.
Sé lo que algunos apostadores tanto en la Reserva Federal, como en la administración que van a advertir sobre los riesgos de hacer algo poco convencional. Pero ya hemos visto las consecuencias de apostar a lo seguro, y esperar que las cosas ocurran por sí mismo y hemos caido en lo que parece cada vez más un estado permanente de estancamiento y desempleo elevado. Es hora de admitir que lo que tenemos ahora no es la recuperación , y hacer todo lo posible para cambiar esa situación .
*Fuente: The New York Times
Viernes, 27 de agosto de 2010.
Trad. RPF.
sábado, 14 de agosto de 2010
LA PRÓXIMA GUERRA
Con este título, el diario “The Washington Post”, en su edición del 16 de setiembre de 2007, publicó un comentario del General ® Wesley Clark, ex comandante norteamericano de la OTAN durante la agresión a Yugoslavia, en el que analiza las declaraciones, realizadas 6 días antes, por el General David Petraeus, jefe de las tropas norteamericanas en Iraq, ante el Comité de Defensa de la Cámara de Representantes de su país, en las que advirtió que la guerra se ganaría solo si se atacaba a Irán. El militar se situaba en esta forma en la línea sostenida por los halcones de la Casa Blanca, encabezados por el Vicepresidente, Dick Cheney, y el ex Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
El General Ckark discrepaba con su colega argumentando que Estados Unidos seguía cometiendo el mismo error que en Vietnam, Iraq y Afganistán: confiar en su superioridad tecnológica sin considerar la capacidad de resistencia y las represalias de sus “enemigos”.”La guerra no se ganará con la destrucción de una docena de emplazamientos nucleares. Se necesitarán, por lo menos, 21 días de intensos ataques aeronavales y la destrucción de los puestos de comando, emplazamiento de de misiles, radares, aeropuertos y puertos, y aún así sin considerar las represalias de los grupos musulmanes organizados en distintos puntos del Medio Oriente, Europa e incluso en los Estados Unidos. Por otra parte, ¿cómo se podría controlar un vertiginoso aumento de los precios del petróleo?”
“Estados Unidos debe aprender las lecciones de V ietnam, de Iraq y Afganistán”, continuaba el General Clark. La principal es la seguridad de nuestros soldados. La opinión pública de Estados Unidos le retira el respaldo a sus líderes cuando aumenta el derramamiento de sangre de sus combatientes. Clark recogía los resultados de las elecciones legislativas de noviembre de 2006 donde la guerra en Iraq fue el tema principal de la campaña y el Partido Demócrata logró una amplia victoria pasando a controlar cómodamente la Cámara de Representantes al comprometerse, aus candidatos, a poner fin a la guerra de Iraq, promesa que no ha cumplido aún.
La derrota del Partido Republicano por 10 millones de votos, provocó la renuncia del “Halcón Nº 2”, el Secretario de Defensa, Rumsfeld, y su sustitución por Robert Gates, un senador republicano, partidario de las negociaciones diplomáticas con Irán y Siria para reducir la tensión en el Medio Oriente. Gates era autor, junto con el ex Secretario de Estado de Bush (padre) James Baker, de un documento en el que se oponían a la extensión de la guerra en esa región.
A estas opiniones debe agregarse la de Zbegnew Brezinski, uno de los más influyentes estrategas del imperialismo norteamericano, lo que mostraba que la estructura de poder dominante en Estados Unidos aparecía dividida. La victoria de Obana en las presidenciales de 2008, confirmaban aparentemente la tendencia opuesta a la guerra de Iraq y menos su extensión a Irán.
Sionismo y capitalismo
El Sionismo es el movimiento iniciado en el trasmontar del siglo XIX y XX, por la comunidad judía de Occidente, para refundar el Estado de Israel que había existido dos mil quinientos años antes y cuya independencia y la emigración de su pueblo había sido impuesta por las distintas dominaciones que controlaron Palestina. Este objetivo fue alcanzado cincuenta años después del Congreso fundacional de Basilea, realizado en agosto de 1897, a poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Es un hecho inédito en la historia sólo explicable por la existencia de poderosos intereses económicos y geopolíticos. El propio pueblo judío es un hecho excepcional en la historia porque de ello se trata cuando se comprueba que fueron capaces de mantener la identidad nacional durante siglos de peregrinaje por distintas tierras. No hay duda que la religión ha jugado un papel determinante en la conservación de esa identidad a la que se fue agregando el comercio de bienes y de dinero siendo fundamental su papel en la formación del capitalismo moderno. Este poder, que era importante en la Baja Edad Media y que Shakespeare inmortalizó en”El Mercader de Venecia”, se fue agigantando con la formación de los imperios coloniales de Holanda e Inglaterra. En la segunda mitad del siglo XIX, el imperialismo inglés impone su hegemonía en el mundo y banqueros como Rothschild no solo conquistaron la plenitud de derechos civiles y políticos sino, incluso títulos nobiliarios. En el otro lado del Atlántico otra figura emblemática del capitalismo monopolista norteamericano, John Rockefeller, será el pionero de la industria petrolera.
En 1914, al comenzar la Primera Guerra Mundial, la influencia de la banca judía era decisiva en Inglaterra y Estados Unidos, y por otras razones, su papel era muy importante en los cuadros revolucionarios del Partido Comunista Bolchevique que, en noviembre de 1917, puso en marcha en Rusia, la construcción de un Estado Socialista. En consecuencia, no es de extrañar que en 1947, hayan coincidido Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética en la creación del Estado de Israel, un proyecto de dominio geopolítico del Medio Oriente, que fue elaborado por el Sionismo, que tuvo en el Barón Lionel Walter Rothschild y en el Primer Ministro inglés, David Lloyd George, sus adalides principales, pese a la advertencia de Gandhi que, en carta a Albert Einstein le expresó que los árabes palestinos no aceptarían nunca abandonar tierras que trabajaban durante siglos para proporcionarle espacio a un Estado artificial. Y, lamentablemente, el Mahatma Gandhi tenía razón.
Si bien Israel aceptó la partición de Palestina, resuelta por las Naciones Unidas, en 1967 a raíz de su victoria en la Guerra de los Seis Días, ocupó el territorio asignado por la ONU a los palestinos y se ha negado a entregarlo, poniendo condiciones inaceptables que aquellos y la organización internacional han rechazado con ka excepción de Estados Unidos.
El capitalismo sionista es la estructura superior y más poderosa del capitalismo occidental. Sus centros nerviosos están en Nueva York y Londres, su organización coordinadora es el “Grupo de los 7” y sus instrumentos ejecutores el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que fueron creados en Bretton Woods, en 1944, por dos exponentes del sionismo –Henry Morgenthau y Harry White-, Secretario y Subsecretario del Tesoro de Estadis Unidos, respectivamente. De este modo, Estados Unidos, Inglaterra e Israel integran una férrea alianza estratégica –económica, financiera y política que ha dominado la política mundial en toda la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo actual.
Objetivo central: el control del Medio Oriente
Dos grandes estrategas de esta política han sido el sionista alemáu, Henry Kissinger, y el sionista polaco, ya mencionado, Zbegnew Brzezinski, ambos nacionalizados norteamericanos.
Este último escribió un libro, en el 2001, que ilustra esta estrategia y que significativamente tituló “El Gran Tablero Mundial”.El autor considera que Estados Unidos tiene una oportunidad histórica excepcional: su primacía en todo el mundo y, para mantenerla, dependerá de su capacidad para controlar el gigante euroasiático constituido por cuatro zonas: Europa Occidental, Medio Oriente, Asia Central y Europa Oriental-Rusia. Para mantener su hegemonía en los próximos 30 años, Estados Unidos y Europa Occidental deberán controlar los inmensos recursos energéticos del Medio Oriente y Asia Central, impidiendo el acceso a ellos de China, cuyo poder mundial decisivo, en el largo plazo, es inevitable.
Sin embargo, esta estrategia es muy anterior a Brzezinski. La elaboró el imperialismo inglés a comienzos del siglo XX cuando aparecieron los primeros pozos petrolíferos en la región y la puso en marcha al obtener, en 1920, el “Mandato” de la Sociedad de las Naciones para “administrar Palestina durante 25 años” al desintegrarse el imperio turco a raíz de su derrota en la Primera Guerra Mundial. El imperio británico se extendió desde Egipto hasta el Indostan y Hong Kong, comprendiendo Palestina, la actual Jordania, Irak, Kuwait y el régimen títere de Irán a cuyo monarca había colocado en el trono en 1941. Tenía, además, el control del Mar Rojo y del Golfo Pérsico y las vías marítimas del Mediterráneo (Estrechos de Gibraltar y Canal de Surez) y el sur de África.
El despertar del nacionalismo árabe
La victoria de la Unión soviética sobre el nazifascismo en 1945, cambió la relación de fuerzas en el mundo. Los imperios coloniales de Gran Bretaña, Francia y Holanda, quedaron debilitados y permanecieron en pie dos grandes superpotencias con sistemas sociales antagónicos: la URSS y Estados Unidos. Los imperialistas ingleses fueron perdiendo progresivamente sus colonias: Palestina, India y Paquistán. A partir de 1952, estallaron rebeliones nacionalistas que fueron derribando a los gobiernos títeres de Egipto, Iraq e Irán que les habían entregado a Inglaterra las riquezas del subsuelo. La orientación de los nuevos gobiernos nacionalistas fue el rescate para la nación de esos recursos para posibilitar el desarrollo económico independiente con los propios medios que la geografía y la naturaleza les había proporcionado. En esta política fueron apoyados por la Unión Soviética.
Con la desintegración de esta última, en 1991, esa relación de fuerzas de equilibrio mundial se rompió dejando como única superpotencia, en el escenario mundial, a Estados Unidos. Es en esta nueva situación geopolítica que nace la teoría de Brzezinski de recolonizar el Medio Oriente y Asia Central, con el apoyo de la OTAN y con el papel activo de su cabecera de puente en la región: el Estado de Israel. Este plan lo inició Estados Unidos, con la Primera Guerra del Golfo contra Iraq (1990-91) después de su fracaso de derrocar al régimen musulmán de Irán que había derribado al Shah Mohammed Reza Pahlevi,, en 1979, servidor de los intereses petroleros ingleses y comparador del más sofisticado armamento norteamericano.
Otro sionista, el Profesor Samuel Huntington, que trabaja para la CIA, edulcoró esta política imperialista, con el nombre de “Teoría del Choque de Civilizaciones”. Para Huntington, la civilización occidental es heredera de las “luces” que ha proporcionado a la humanidad principios éticos y derechos universales. Mientras que los países “emergentes” (ex colonias o ex títeres) se han refugiado en sus religiones y culturas antiguas con valores arcaicos que consideran superiores y que desprecian esa universalidad laica ética y jurídica de la civilización occidental. Por lo tanto, el choque entre ambas concepciones es inevitable. El fundamentalismo islámico, cuyo portaestandarte es la República Islámica de Irán es, actualmente, el enemigo principal de la civilización occidental. “El terrorismo es su arma de combate” y Occidente debe defenderse”, es la conclusión de Huntington..
En estos términos plantea el imperialismo los conflictos actuales aunque su fragilidad es notoria. Por ello s las grandes cadenas monopólicas satelitales de información, y sus filiales locales, crean diariamente centros de atención diversionistas para mutilar o frenar el avance liberador de las conciencias políticas de los pueblos que aun continúan sojuzgados.
Y este avance las conciencias políticas y la resistencia de los pueblos a la opresión es la lección de Vietnam y de Iraq, lección que según algunos norteamericanos, los grupos de poder, incluyendo a los militares, no han aprendido.
El General Ckark discrepaba con su colega argumentando que Estados Unidos seguía cometiendo el mismo error que en Vietnam, Iraq y Afganistán: confiar en su superioridad tecnológica sin considerar la capacidad de resistencia y las represalias de sus “enemigos”.”La guerra no se ganará con la destrucción de una docena de emplazamientos nucleares. Se necesitarán, por lo menos, 21 días de intensos ataques aeronavales y la destrucción de los puestos de comando, emplazamiento de de misiles, radares, aeropuertos y puertos, y aún así sin considerar las represalias de los grupos musulmanes organizados en distintos puntos del Medio Oriente, Europa e incluso en los Estados Unidos. Por otra parte, ¿cómo se podría controlar un vertiginoso aumento de los precios del petróleo?”
“Estados Unidos debe aprender las lecciones de V ietnam, de Iraq y Afganistán”, continuaba el General Clark. La principal es la seguridad de nuestros soldados. La opinión pública de Estados Unidos le retira el respaldo a sus líderes cuando aumenta el derramamiento de sangre de sus combatientes. Clark recogía los resultados de las elecciones legislativas de noviembre de 2006 donde la guerra en Iraq fue el tema principal de la campaña y el Partido Demócrata logró una amplia victoria pasando a controlar cómodamente la Cámara de Representantes al comprometerse, aus candidatos, a poner fin a la guerra de Iraq, promesa que no ha cumplido aún.
La derrota del Partido Republicano por 10 millones de votos, provocó la renuncia del “Halcón Nº 2”, el Secretario de Defensa, Rumsfeld, y su sustitución por Robert Gates, un senador republicano, partidario de las negociaciones diplomáticas con Irán y Siria para reducir la tensión en el Medio Oriente. Gates era autor, junto con el ex Secretario de Estado de Bush (padre) James Baker, de un documento en el que se oponían a la extensión de la guerra en esa región.
A estas opiniones debe agregarse la de Zbegnew Brezinski, uno de los más influyentes estrategas del imperialismo norteamericano, lo que mostraba que la estructura de poder dominante en Estados Unidos aparecía dividida. La victoria de Obana en las presidenciales de 2008, confirmaban aparentemente la tendencia opuesta a la guerra de Iraq y menos su extensión a Irán.
Sionismo y capitalismo
El Sionismo es el movimiento iniciado en el trasmontar del siglo XIX y XX, por la comunidad judía de Occidente, para refundar el Estado de Israel que había existido dos mil quinientos años antes y cuya independencia y la emigración de su pueblo había sido impuesta por las distintas dominaciones que controlaron Palestina. Este objetivo fue alcanzado cincuenta años después del Congreso fundacional de Basilea, realizado en agosto de 1897, a poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Es un hecho inédito en la historia sólo explicable por la existencia de poderosos intereses económicos y geopolíticos. El propio pueblo judío es un hecho excepcional en la historia porque de ello se trata cuando se comprueba que fueron capaces de mantener la identidad nacional durante siglos de peregrinaje por distintas tierras. No hay duda que la religión ha jugado un papel determinante en la conservación de esa identidad a la que se fue agregando el comercio de bienes y de dinero siendo fundamental su papel en la formación del capitalismo moderno. Este poder, que era importante en la Baja Edad Media y que Shakespeare inmortalizó en”El Mercader de Venecia”, se fue agigantando con la formación de los imperios coloniales de Holanda e Inglaterra. En la segunda mitad del siglo XIX, el imperialismo inglés impone su hegemonía en el mundo y banqueros como Rothschild no solo conquistaron la plenitud de derechos civiles y políticos sino, incluso títulos nobiliarios. En el otro lado del Atlántico otra figura emblemática del capitalismo monopolista norteamericano, John Rockefeller, será el pionero de la industria petrolera.
En 1914, al comenzar la Primera Guerra Mundial, la influencia de la banca judía era decisiva en Inglaterra y Estados Unidos, y por otras razones, su papel era muy importante en los cuadros revolucionarios del Partido Comunista Bolchevique que, en noviembre de 1917, puso en marcha en Rusia, la construcción de un Estado Socialista. En consecuencia, no es de extrañar que en 1947, hayan coincidido Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética en la creación del Estado de Israel, un proyecto de dominio geopolítico del Medio Oriente, que fue elaborado por el Sionismo, que tuvo en el Barón Lionel Walter Rothschild y en el Primer Ministro inglés, David Lloyd George, sus adalides principales, pese a la advertencia de Gandhi que, en carta a Albert Einstein le expresó que los árabes palestinos no aceptarían nunca abandonar tierras que trabajaban durante siglos para proporcionarle espacio a un Estado artificial. Y, lamentablemente, el Mahatma Gandhi tenía razón.
Si bien Israel aceptó la partición de Palestina, resuelta por las Naciones Unidas, en 1967 a raíz de su victoria en la Guerra de los Seis Días, ocupó el territorio asignado por la ONU a los palestinos y se ha negado a entregarlo, poniendo condiciones inaceptables que aquellos y la organización internacional han rechazado con ka excepción de Estados Unidos.
El capitalismo sionista es la estructura superior y más poderosa del capitalismo occidental. Sus centros nerviosos están en Nueva York y Londres, su organización coordinadora es el “Grupo de los 7” y sus instrumentos ejecutores el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que fueron creados en Bretton Woods, en 1944, por dos exponentes del sionismo –Henry Morgenthau y Harry White-, Secretario y Subsecretario del Tesoro de Estadis Unidos, respectivamente. De este modo, Estados Unidos, Inglaterra e Israel integran una férrea alianza estratégica –económica, financiera y política que ha dominado la política mundial en toda la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo actual.
Objetivo central: el control del Medio Oriente
Dos grandes estrategas de esta política han sido el sionista alemáu, Henry Kissinger, y el sionista polaco, ya mencionado, Zbegnew Brzezinski, ambos nacionalizados norteamericanos.
Este último escribió un libro, en el 2001, que ilustra esta estrategia y que significativamente tituló “El Gran Tablero Mundial”.El autor considera que Estados Unidos tiene una oportunidad histórica excepcional: su primacía en todo el mundo y, para mantenerla, dependerá de su capacidad para controlar el gigante euroasiático constituido por cuatro zonas: Europa Occidental, Medio Oriente, Asia Central y Europa Oriental-Rusia. Para mantener su hegemonía en los próximos 30 años, Estados Unidos y Europa Occidental deberán controlar los inmensos recursos energéticos del Medio Oriente y Asia Central, impidiendo el acceso a ellos de China, cuyo poder mundial decisivo, en el largo plazo, es inevitable.
Sin embargo, esta estrategia es muy anterior a Brzezinski. La elaboró el imperialismo inglés a comienzos del siglo XX cuando aparecieron los primeros pozos petrolíferos en la región y la puso en marcha al obtener, en 1920, el “Mandato” de la Sociedad de las Naciones para “administrar Palestina durante 25 años” al desintegrarse el imperio turco a raíz de su derrota en la Primera Guerra Mundial. El imperio británico se extendió desde Egipto hasta el Indostan y Hong Kong, comprendiendo Palestina, la actual Jordania, Irak, Kuwait y el régimen títere de Irán a cuyo monarca había colocado en el trono en 1941. Tenía, además, el control del Mar Rojo y del Golfo Pérsico y las vías marítimas del Mediterráneo (Estrechos de Gibraltar y Canal de Surez) y el sur de África.
El despertar del nacionalismo árabe
La victoria de la Unión soviética sobre el nazifascismo en 1945, cambió la relación de fuerzas en el mundo. Los imperios coloniales de Gran Bretaña, Francia y Holanda, quedaron debilitados y permanecieron en pie dos grandes superpotencias con sistemas sociales antagónicos: la URSS y Estados Unidos. Los imperialistas ingleses fueron perdiendo progresivamente sus colonias: Palestina, India y Paquistán. A partir de 1952, estallaron rebeliones nacionalistas que fueron derribando a los gobiernos títeres de Egipto, Iraq e Irán que les habían entregado a Inglaterra las riquezas del subsuelo. La orientación de los nuevos gobiernos nacionalistas fue el rescate para la nación de esos recursos para posibilitar el desarrollo económico independiente con los propios medios que la geografía y la naturaleza les había proporcionado. En esta política fueron apoyados por la Unión Soviética.
Con la desintegración de esta última, en 1991, esa relación de fuerzas de equilibrio mundial se rompió dejando como única superpotencia, en el escenario mundial, a Estados Unidos. Es en esta nueva situación geopolítica que nace la teoría de Brzezinski de recolonizar el Medio Oriente y Asia Central, con el apoyo de la OTAN y con el papel activo de su cabecera de puente en la región: el Estado de Israel. Este plan lo inició Estados Unidos, con la Primera Guerra del Golfo contra Iraq (1990-91) después de su fracaso de derrocar al régimen musulmán de Irán que había derribado al Shah Mohammed Reza Pahlevi,, en 1979, servidor de los intereses petroleros ingleses y comparador del más sofisticado armamento norteamericano.
Otro sionista, el Profesor Samuel Huntington, que trabaja para la CIA, edulcoró esta política imperialista, con el nombre de “Teoría del Choque de Civilizaciones”. Para Huntington, la civilización occidental es heredera de las “luces” que ha proporcionado a la humanidad principios éticos y derechos universales. Mientras que los países “emergentes” (ex colonias o ex títeres) se han refugiado en sus religiones y culturas antiguas con valores arcaicos que consideran superiores y que desprecian esa universalidad laica ética y jurídica de la civilización occidental. Por lo tanto, el choque entre ambas concepciones es inevitable. El fundamentalismo islámico, cuyo portaestandarte es la República Islámica de Irán es, actualmente, el enemigo principal de la civilización occidental. “El terrorismo es su arma de combate” y Occidente debe defenderse”, es la conclusión de Huntington..
En estos términos plantea el imperialismo los conflictos actuales aunque su fragilidad es notoria. Por ello s las grandes cadenas monopólicas satelitales de información, y sus filiales locales, crean diariamente centros de atención diversionistas para mutilar o frenar el avance liberador de las conciencias políticas de los pueblos que aun continúan sojuzgados.
Y este avance las conciencias políticas y la resistencia de los pueblos a la opresión es la lección de Vietnam y de Iraq, lección que según algunos norteamericanos, los grupos de poder, incluyendo a los militares, no han aprendido.
miércoles, 30 de junio de 2010
NI EL G-8 NI EL G-20 ENCUENTRAN SALIDAS A LA CRISIS
Los 7 países capitalistas desarrollados más Rusia y los llamados “emergentes”, que forman parte del Grupo de los 20, se reunieron este fin de semana en Toronto, Canadá, para tratar de encontrar una política común que le permita al capitalismo superar la profunda crisis sistémica que padece, no llegaron a un acuerdo pero sí coincidieron en no agitar demasiado sus diferencias.
Cuatro problemas tenían planteados: 1) la regulación del sistema financiero; 2) la política fiscal; 3) la presunta subvaluación de la moneda de China y 4) la reducción de la deuda pública.
Sobre el primer tema, la iniciativa le correspondió a Alemania pero su propuesta de establecer un impuesto a las transacciones bancarias o el aumento del capital o la creación de un fondo de previsión, fue objetada por Gran Bretaña, Francia y Canadá, entre otros.
Sobre la política fiscal aconsejable, las diferencias fueron notables. Los países de la Zona Euro y Estados Unidos son los que tienen enormes déficits que aumentaron en el 2009, con los “planes de estímulo” para evitar la recesión, cuando estalló la crisis en Wall Street. El comercio internacional se contrajo, las industrias de exportación sufrieron el prolongado impacto, aumentó la desocupación y los subsidios y cayó la recaudación, disparándose el déficit.
Alemania es la principal acreedora de sus socios europeos y la que controla el Banco Central Europeo. Para defender el euro, se negó a seguir concediendo créditos y exigió el reembolso regular del dinero prestado. Grecia fue la prueba de toque, adoptando un drástico plan de reducción de gastos sociales, al que le han seguido España, la propia Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia. La falta de confianza en el éxito de estos planes, por la masiva resistencia social, provocó la caída del euro un 30% en relación con el dólar.
Estados Unidos, apoyándose en el privilegio que tiene la Reserva Federal de emitir dólares sin respaldo, mantiene su política de expandir el déficit fiscal. No obstante, la debilidad estructural del dólar aparece enmascarada por el derrumbe del euro.
Los economistas neokeynesianos defienden esta política aunque saben que sus posibilidades están en una recuperación en el corto plazo pues si se prolonga la recesión ni la deuda ni los déficits gigantescos pueden sostenerse indefinidamente, pues sus bonos de deuda se desvalorizarían y la inflación se haría incontrolable. La deuda pública de Estados Unidos asciende al 90% del PIB y los especialistas estiman que para el 2012, llegará al 110%.
En consecuencia, no sorprende que Estados Unidos ponga el acelerador en su comercio exterior, aprovechando la devaluación de su moneda, para que actúe como motor del resto de la economía ya que la demanda interna está congelada por la deuda de las empresas y las familias que llega al 260% del PIB. Para sus estrategas económicos, el único mercado de consumo salvador, es el chino, pero para ello exigen a China que sobrevalúe su moneda –el yuan renminbi- un 25% (otros plantean el 40%) para que los productos norteamericanos sean competitivos en aquel mercado con los productos similares chinos. El gobierno chino ha expresado reiteradamente que su moneda no está subvaluada pero como gesto de “buena voluntad”, adoptó medidas para reducir un 1% su distancia con el dólar, medida que la Casa Blanca considera harto insuficiente.
En la Conferencia, el Presidente Hu Jintao reclamó una acción activa y coordinada de los países del G-20 para lo cual debe abandonar la actitud pasiva que ha tenido hasta ahora frente a una crisis financiera que es compleja y de larga duración. Tituló su intervención, según la agencia Xinua, “Trabajemos juntos para el futuro”.
El discurso de Hu, que fue aguardado por la Conferencia con gran expectativa, puso el énfasis en tres puntos: Primero, el G-20 debe elaborar una plataforma que sirva de guía para salir de la crisis. Segundo, el G-20 debe acelerar el establecimiento de un “nuevo orden financiero internacional que sea justo, equitativo, inclusivo y bien administrado". Tercero, el líder chino exhortó a promover la "construcción de un régimen comercial global abierto y libre".
El último punto del debate, estrechamente ligado al anterior, fue el del endeudamiento de los Estados, aspecto referido especialmente a la deuda pública de Estados Unidos y a la política que sigue su gobierno. Es un problema que preocupa a China, Japón y Alemania, que son sus principales acreedores., pues de continuar, como anuncian las estimaciones, será inevitable la pérdida de valor de sus bonos y las pérdidas de sus prestamistas resultaría catastrófica. Sin embargo, en esta cuestión, como en otras tres, no hubo acuerdo.
En resumen, la Conferencia fue un fracaso y el termómetro de las bolsas de valores así lo confirman. Las contradicciones intercapitalistas se agudizarán, a pesar del tono de la Declaración final, y el recurso a una guerra, quizás la extensión de la que libra Estados Unidos en el Medio Oriente, empiece a prevalecer en la cabeza de los estrategas imperialistas.
Cuatro problemas tenían planteados: 1) la regulación del sistema financiero; 2) la política fiscal; 3) la presunta subvaluación de la moneda de China y 4) la reducción de la deuda pública.
Sobre el primer tema, la iniciativa le correspondió a Alemania pero su propuesta de establecer un impuesto a las transacciones bancarias o el aumento del capital o la creación de un fondo de previsión, fue objetada por Gran Bretaña, Francia y Canadá, entre otros.
Sobre la política fiscal aconsejable, las diferencias fueron notables. Los países de la Zona Euro y Estados Unidos son los que tienen enormes déficits que aumentaron en el 2009, con los “planes de estímulo” para evitar la recesión, cuando estalló la crisis en Wall Street. El comercio internacional se contrajo, las industrias de exportación sufrieron el prolongado impacto, aumentó la desocupación y los subsidios y cayó la recaudación, disparándose el déficit.
Alemania es la principal acreedora de sus socios europeos y la que controla el Banco Central Europeo. Para defender el euro, se negó a seguir concediendo créditos y exigió el reembolso regular del dinero prestado. Grecia fue la prueba de toque, adoptando un drástico plan de reducción de gastos sociales, al que le han seguido España, la propia Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia. La falta de confianza en el éxito de estos planes, por la masiva resistencia social, provocó la caída del euro un 30% en relación con el dólar.
Estados Unidos, apoyándose en el privilegio que tiene la Reserva Federal de emitir dólares sin respaldo, mantiene su política de expandir el déficit fiscal. No obstante, la debilidad estructural del dólar aparece enmascarada por el derrumbe del euro.
Los economistas neokeynesianos defienden esta política aunque saben que sus posibilidades están en una recuperación en el corto plazo pues si se prolonga la recesión ni la deuda ni los déficits gigantescos pueden sostenerse indefinidamente, pues sus bonos de deuda se desvalorizarían y la inflación se haría incontrolable. La deuda pública de Estados Unidos asciende al 90% del PIB y los especialistas estiman que para el 2012, llegará al 110%.
En consecuencia, no sorprende que Estados Unidos ponga el acelerador en su comercio exterior, aprovechando la devaluación de su moneda, para que actúe como motor del resto de la economía ya que la demanda interna está congelada por la deuda de las empresas y las familias que llega al 260% del PIB. Para sus estrategas económicos, el único mercado de consumo salvador, es el chino, pero para ello exigen a China que sobrevalúe su moneda –el yuan renminbi- un 25% (otros plantean el 40%) para que los productos norteamericanos sean competitivos en aquel mercado con los productos similares chinos. El gobierno chino ha expresado reiteradamente que su moneda no está subvaluada pero como gesto de “buena voluntad”, adoptó medidas para reducir un 1% su distancia con el dólar, medida que la Casa Blanca considera harto insuficiente.
En la Conferencia, el Presidente Hu Jintao reclamó una acción activa y coordinada de los países del G-20 para lo cual debe abandonar la actitud pasiva que ha tenido hasta ahora frente a una crisis financiera que es compleja y de larga duración. Tituló su intervención, según la agencia Xinua, “Trabajemos juntos para el futuro”.
El discurso de Hu, que fue aguardado por la Conferencia con gran expectativa, puso el énfasis en tres puntos: Primero, el G-20 debe elaborar una plataforma que sirva de guía para salir de la crisis. Segundo, el G-20 debe acelerar el establecimiento de un “nuevo orden financiero internacional que sea justo, equitativo, inclusivo y bien administrado". Tercero, el líder chino exhortó a promover la "construcción de un régimen comercial global abierto y libre".
El último punto del debate, estrechamente ligado al anterior, fue el del endeudamiento de los Estados, aspecto referido especialmente a la deuda pública de Estados Unidos y a la política que sigue su gobierno. Es un problema que preocupa a China, Japón y Alemania, que son sus principales acreedores., pues de continuar, como anuncian las estimaciones, será inevitable la pérdida de valor de sus bonos y las pérdidas de sus prestamistas resultaría catastrófica. Sin embargo, en esta cuestión, como en otras tres, no hubo acuerdo.
En resumen, la Conferencia fue un fracaso y el termómetro de las bolsas de valores así lo confirman. Las contradicciones intercapitalistas se agudizarán, a pesar del tono de la Declaración final, y el recurso a una guerra, quizás la extensión de la que libra Estados Unidos en el Medio Oriente, empiece a prevalecer en la cabeza de los estrategas imperialistas.
domingo, 13 de junio de 2010
LOS ORÍGENES DEL DESORDEN FINANCIERO MUNDIAL
Por Aldo Ferrer*
Los problemas actuales en la zona euro, las dificultades de España y Grecia, los ataques especulativos contra divisas y activos financieros, son reveladores de la existencia de desequilibrios profundos en la “macroeconomía” y en las finanzas del sistema global. Es oportuno recordar sus orígenes.
A partir de1945, y en el contexto de la Guerra Fría, los Estados Unidos cumplieron un papel decisivo en la reconstrucción de las naciones que participaron en la Segunda Guerra Mundial, principalmente, de las economías de Europa Occidental y Japón. Inicialmente, los déficits de pagos de esos países con los Estados Unidos fueron cubiertos con programas norteamericanos de ayuda (Plan Marshall) y medidas proteccionistas y de control de cambios de los países deficitarios. El Estado intervino intensamente en el proceso de reconstrucción y, de allí en más, para alcanzar objetivos estructurales deseables, uno de cuyos mayores ejemplos es la política agrícola común de la Unión Europea.
En aquel entonces, la “escasez de dólares” reflejó los desequilibrios de los pagos internacionales de la posguerra. Hacia finales de la década de 1950, la rápida recuperación de Europa y Japón permitió la progresiva liberalización del comercio y el abandono de las restricciones a los pagos internacionales. Debido al papel asumido por el dólar como principal medio de pago y de reservas internacionales, a partir de la década de 1960 los Estados Unidos financiaron en su propia moneda un nivel de gasto que excede el ingreso generado por la producción nacional de bienes y servicios más los ingresos por los capitales norteamericanos invertidos en el resto del mundo.
Desde entonces, se produjo una transformación radical en el comportamiento de los pagos internacionales de la potencia hegemónica y de la economía mundial. La economía norteamericana comenzó a generar crecientes déficits en su balance comercial y en la cuenta corriente del balance de pagos y a perder parte de sus reservas oficiales de oro. Las devaluaciones del dólar respecto de las otras monedas principales no establecieron el equilibrio. La baja propensión al ahorro de la población, las inversiones de filiales de empresas norteamericanas y el déficit fiscal acrecentado por los compromisos militares en el exterior, agravados en situaciones de guerra, como sucedió en Vietnam en 1966-1972 y actualmente en Irak y Afganistán, sostuvieron un enorme déficit a lo largo del tiempo. En definitiva, el país no se vio forzado a ajustar su gasto al ingreso debido a la posición hegemónica de su economía y su moneda en el mercado mundial.
En agosto de 1971, la decisión del presidente Nixon de suspender las ventas de las reservas oficiales de oro fue el final del régimen de tipos de cambios con paridades fijas, inaugurado con los Acuerdos de Bretton Woods. En diciembre del mismo año, los gobiernos de los países centrales establecieron, en el Acuerdo del Smithsonian, el nuevo régimen de paridades flotantes. De allí en más no prosperaron iniciativas para sustituir la creación de liquidez internacional en torno del patrón dólar por medios alternativos, como los derechos especiales de giro y, por lo tanto, de imponer finalmente un proceso de ajuste a la economía norteamericana. El sistema siguió así funcionando con el déficit continuo de los pagos norteamericanos y la acumulación de dólares en el resto del mundo. La consecuente expansión de la liquidez internacional fue ampliada con la acumulación de reservas en los países de la OPEP, después del primer aumento de posprecios del petróleo, a principios de la década de 1970.
La disposición de otros países de absorber papeles de deuda y dólares norteamericanos se explica porque el déficit de los Estados Unidos expande la demanda agregada e impulsa la producción y la acumulación de capital del resto del mundo. Las economías superavitarias, como las de China y Alemania, generan más ahorro del que pueden invertir en virtud de su demanda interna, el cual se expresa en el superávit de sus pagos internacionales. De este modo, la brecha ahorro-inversión en la economía mundial contemporánea contó, desde la década de 1960, con la “respuesta” dada por el déficit de los pagos internacionales de los Estados Unidos. El déficit norteamericano cumplió una función keynesiana de expansión de la demanda agregada, que estimuló el crecimiento de las economías superavitarias.
En definitiva, la población norteamericana sostuvo un nivel de gasto superior a su ingreso, y las economías superavitarias, tasas de acumulación y crecimiento mayores que las posibles en virtud de su demanda interna. En las economías emergentes superavitarias, China en primer lugar, el proceso tuvo lugar en el contexto de la expansión de las actividades de la frontera tecnológica y la profunda transformación de la estructura productiva. A su vez, el aumento de la oferta de manufacturas provenientes de países emergentes de bajos salarios alivió las presiones inflacionarias. América latina también se benefició porque el dinamismo de las economías emergentes de Asia confirió nuevo impulso a la economía mundial y, en los últimos años, contribuyó al aumento de la demanda de alimentos, energía y materias primas, que se reflejó en un sostenido aumento de precios de los commodities. Los desequilibrios macroeconómicos del sistema, el comportamiento de la economía norteamericana y la explosiva expansión de la liquidez y la deuda, provocaron otras consecuencias globales, las cuales desembocaron en la crisis actual. El “ingenio” de los operadores financieros para ocultar los riesgos multiplicó la liquidez más allá de las demandas de la economía real, convirtiendo el sistema monetario en un gigantesco casino.
El sistema global y la ideología dominante se articularon en torno de los intereses del mundo del dinero. La globalización financiera fue facilitada por la revolución informática pero, sobre todo, fue promovida por la desregulación de los mercados, impulsada por los gobiernos de los países centrales, bajo el liderazgo norteamericano. Consecuentemente, el mundo del dinero creció mucho más que la economía real y se convirtió en el espacio dominante del mercado mundial y principal organizador de las reglas de la globalización. La euforia financiera generó niveles insostenibles de deuda, los cuales se difundieron en el sistema global. Los intereses del campo financiero conformaron la ideología dominante en la economía mundial, el neoliberalismo.
El liberalismo clásico promovió la liberación de los mercados reales y monetarios en condiciones de equilibrio macroeconómico. En cambio, el neoliberalismo impulsó la liberalización, aun a costas de tales equilibrios, si el resultado era aumentar la demanda de crédito y las oportunidades de la especulación. De este modo, los países centrales promovieron en las economías en desarrollo rápidas y profundas reformas “estructurales” pro mercado, sin la adecuada evaluación de los costos y beneficios de tales reformas y su impacto sobre el desarrollo y los equilibrios del sistema. Las estrategias desarrollistas que, hasta la crisis de la deuda de los años ’80, habían permitido una respetable industrialización y transformación estructural en buena parte de América latina, fueron sustituidas por un salto al vacío. Los resultados fueron diversos en virtud de las distintas realidades nacionales.
En el conjunto de la región, el período de la hegemonía neoliberal provocó resultados económicos y sociales que comparan desfavorablemente con la etapa anterior. La visión neoliberal explica el apoyo de los mercados y el FMI a políticas de tipo de cambio sobrevaluado, aun cuando, en el mediano y largo plazo, provoque desequilibrios inmanejables y frene el desarrollo. Éste es un fenómeno particularmente observable en los países subdesarrollados especializados en las exportaciones de productos primarios. Las consecuencias de la apreciación del tipo de cambio fueron desestimadas porque aumentaba la demanda de fondos para financiar los crecientes desequilibrios macroeconómicos y las oportunidades de la especulación financiera. Las entradas de capital especulativo reforzaron la apreciación cambiaria. La experiencia argentina, bajo el programa económico del período 1976-1982 y durante la década del ’90, es el más claro ejemplo en esta materia.
En el pasado, el sistema global soportó varios momentos críticos provocados por crisis de deuda de países emergentes, derrumbe de cotizaciones de algunos activos o insolvencia de agentes financieros. Pero todos esos episodios afectaron segmentos parciales del mercado, no se generalizaron a todo el mundo del dinero ni contagiaron severamente a la economía real de los países y al comercio internacional. En cambio, la crisis inaugurada en el 2007, con el derrumbe de las hipotecas subprime norteamericanas, provocó una conmoción que abarcó a la totalidad de los mercados financieros y desencadenó una profunda contracción en la economía real.
En la actualidad, el sistema mundial confronta problemas no resueltos y, en primer lugar, las asimetrías en los niveles de bienestar derivados de la desigualdad en la distribución de los frutos del progreso técnico entre los países y dentro de cada uno de ellos. Los problemas “históricos” de la globalización se entrecruzan ahora con la gran crisis financiera y sus repercusiones en la economía real. En este escenario resaltan tres cuestiones principales. Primero, la inviabilidad de un sistema financiero planetario desregulado, centrado en la especulación. Segundo, la imposibilidad de seguir cerrando la brecha ahorro-inversión a través del déficit externo de los Estados Unidos. Tercero, la emergencia de las grandes naciones de Asia como nuevos protagonistas de las relaciones internacionales. En este desordenado sistema global, nuestro país debe trazar su política económica y fortalecer su libertad de maniobra, para no volver a quedar atrapados en la deuda y la subordinación a la irracionalidad de los mercados.
* Director editorial de Buenos Aires Económico
Fuente: http://www.elargentino.com/nota-94302-Los-origenes-del-desorden-financiero.html
Fuente: http://www.elargentino.com/nota-94302-Los-origenes-del-desorden-financiero.html
domingo, 6 de junio de 2010
URUGUAY Y ARGENTINA ESTRECHAN SUS RELACONES POLÍTICAS Y ECONÓMICAS
Los presidentes de Uruguay y Argentina, José Mujica y Cristina Fernández, asesorados por varios de sus ministros, se reunieron el 2 de junio en la Estancia Presidencial de Anchorena, en territorio uruguayo, para abordar una amplia agenda destinada a relanzar las relaciones entre los dos países, deterioradas después de cuatro años y medio de agria controversia por la instalación de una planta de celulosa cuyos efluentes son arrojados a las aguas del Río Uruguay, limítrofe entre los dos Estados.
Antecedentes
A poco de iniciar su mandato, en el 2005, el Presidente Tabaré Vázquez autorizó el inicio de las obras de la fábrica de celulosa de la empresa finlandesa “Botnia”, en el Departamento de Fray Bentos, en las costas del Río Uruguay. Era la culminación de un proyecto del Partido Colorado –actualmente en la oposición-, apoyado por el Banco Mundial, cuyo primer eslabón fue la sanción de la Ley de Forestación en 1987 y que el Frente Amplio hizo suyo y dio puntillazo final al autorizar la construcción de la planta.
La producción de celulosa, y los presuntos efectos contaminantes de sus desechos, son discutidos por los especialistas y combatida por las organizaciones que defienden la preservación del medio ambiente, como Greenpace. A ello se agrega que Uruguay estaba obligado por el Tratado de 1975 del Río Uruguay, a informar a la Comisión Mixta creada por este documento y atenerse a su dictamen. Este trámite no se cumplió y el fallo del 20 de abril de este año, de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, acaba de confirmarlo.
La decisión del gobierno uruguayo de autorizar la construcción de la planta, provocó la violenta reacción de un sector social de la ciudad argentina de Gualeguaychú, en la Provincia de Entre Ríos, situada en el lado opuesto del río, el que decidió bloquear el puente “General San Martín”, que comunica a la ciudad entrerriana con la ciudad uruguaya de Fray Bentos. Esta reacción fue apoyada por el Gobernador de Entre Ríos e incluso por el entonces Presidente argentino, Néstor Kirchner, en el marco de una campaña electoral.
El gobierno uruguayo protestó por este bloqueo, que en algunos momentos se extendió a los otros dos puentes sobre el mismo río, argumentando que violaba el Tratado del MERCOSUR ya que obstruía el movimiento comercial y de personas entre dos países integrantes del área.
Hubo intentos de encontrar una solución al diferendo. El presidente Vázquez se reunió en Santiago de Chile. el 11 de marzo de 2006, con el Presidente Kirchner y Vázquez hizo un llamado a la empresa Botnia para que suspendiera las obras durante 90 días, para continuar la búsqueda de una salida al diferendo La empresa dijo que no iba a dar este paso y fue apoyada por los partidos de oposición –el Colorado y el Blanco. Vázquez no insistió y, en sus intervenciones públicas, posteriores elevó su tono crítico al bloqueo y a la pasividad del gobierno argentino, creando un clima de “chauvinismo” que tuvo rápido eco a nivel de los medios de prensa y de amplios sectores populares donde subyacen viejas rivalidades originadas en la historia política de ambos Estados y en la esfera deportiva.
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos
A este problema puntual se agregaba otro de importancia estratégica mucho mayor: el camino para la inserción del Uruguay en el mundo.
Los partidos conservadores, Colorado y Blanco, a partir de la dictadura del Coronel Lorenzo Latorre, 1876-1879, el que fue colocado en el poder por los grandes ganaderos exportadores de lana y el gran comercio exportador e importador, alinearon sus relaciones económicas con Inglaterra que pudo concretar el papel de “Estado tapón”, asignado a Uruguay por la “Doctrina Canning” del imperialismo inglés cuyo objetivo era introducir una cuña entre Argentina y Brasil para no perder influencia en la región. Después de la Primera Guerra Mundial, Uruguay buscó ese apoyo externo en el imperialismo norteamericano.
La izquierda uruguaya, históricamente ha sido antiimperialista y en el siglo XX, como toda la izquierda latinoamericana, considera que el imperialismo norteamericano es el enemigo principal de estos pueblos.
No obstante, cuando el Presidente Tabaré Vázquez dio a conocer su gabinete, en febrero del 2005, apareció el nombre del señor Jorge Lepra para el Ministerio de Industrias. Lepra no tenía antecedentes políticos y menos en la izquierda. Se trataba de un ex gerente de la compañía petrolera norteamericana “Texaco”.
Pronto la incógnita quedó develada. Su tarea consistía en instrumentar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, tratado que Uruguay no podía firmar unilateralmente, al margen del MERCOSUR, pues las concesiones arancelarias violaban el Arancel Externo Común. El primer paso lo había dado el gobierno del señor Jorge Batlle (2000-2005), del Partido Ciolorado, que había preparado un Tratado de Inversiones, que envió al Poder Legislativo, en enero de 2005, para que lo pusiera en marcha el Frente Amplio que tenía mayoría absoluta en las cámaras. Es decir, que el conflicto sobre la planta de celulosa sirvió de “cortina de humo”, para una operación mucho mayor: una alianza estratégica con Estados Unidos a contrapelo de la integración continental antiimperialista.
El Presidente Mujica rectifica el rumbo de la política exterior
Durante la campaña electoral, el candidato del Frente Amplio a la Presidencia de la República, dio señales claras en sus viajes a la Argentina y los contactos extra oficiales que mantuvo con las autoridades argentinas, que su intención era recomponer las relaciones con el vecino país y dar un mayor impulso a la integración latinoamericana. Después de asumir, los tres países visitados donde expresó la voluntad política del nuevo gobierno, fueron Argentina, Brasil y Venezuela.
El encuentro presidencial de Anchorena, es el resultado de un trabajo de ambas cancillerías que prepararon una agenda de 27 temas, que expresa la voluntad de los dos gobiernos rioplatenses de seguir el rumbo marcado por la epopeya independentista hispanoamericana cuyo Bicentenario celebran los pueblos este año.
La Declaración de los presidentes Mujica y Fernández, y luego la conferencia de prensa, revelan la intención de abordar en común problemas energéticos, comerciales, militares, el dragado de los ríos fronterizos, y el monitoreo conjunto de la “salud” del Río Uruguay, entre otros. Este último en cumplimiento del fallo de la Corte de La Haya.
El bloqueo de los puentes queda librado a la “persuasión” política y social argentina. La Presidenta Cristina Fernández condenó el bloqueo pero señaló que su gobierno no utilizará la fuerza para reprimir siguiendo la política que ha trazado frente a todo los cortes. Señaló que la oposición de su país quiere empujar a su gobierno a la represión para luego escandalizar cuando aparecen las víctimas.
Los mandatarios se comprometieron a instrumentar en próximas reuniones los proyectos de la agenda concertada.
Ruiz Pereyra Faget
Antecedentes
A poco de iniciar su mandato, en el 2005, el Presidente Tabaré Vázquez autorizó el inicio de las obras de la fábrica de celulosa de la empresa finlandesa “Botnia”, en el Departamento de Fray Bentos, en las costas del Río Uruguay. Era la culminación de un proyecto del Partido Colorado –actualmente en la oposición-, apoyado por el Banco Mundial, cuyo primer eslabón fue la sanción de la Ley de Forestación en 1987 y que el Frente Amplio hizo suyo y dio puntillazo final al autorizar la construcción de la planta.
La producción de celulosa, y los presuntos efectos contaminantes de sus desechos, son discutidos por los especialistas y combatida por las organizaciones que defienden la preservación del medio ambiente, como Greenpace. A ello se agrega que Uruguay estaba obligado por el Tratado de 1975 del Río Uruguay, a informar a la Comisión Mixta creada por este documento y atenerse a su dictamen. Este trámite no se cumplió y el fallo del 20 de abril de este año, de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, acaba de confirmarlo.
La decisión del gobierno uruguayo de autorizar la construcción de la planta, provocó la violenta reacción de un sector social de la ciudad argentina de Gualeguaychú, en la Provincia de Entre Ríos, situada en el lado opuesto del río, el que decidió bloquear el puente “General San Martín”, que comunica a la ciudad entrerriana con la ciudad uruguaya de Fray Bentos. Esta reacción fue apoyada por el Gobernador de Entre Ríos e incluso por el entonces Presidente argentino, Néstor Kirchner, en el marco de una campaña electoral.
El gobierno uruguayo protestó por este bloqueo, que en algunos momentos se extendió a los otros dos puentes sobre el mismo río, argumentando que violaba el Tratado del MERCOSUR ya que obstruía el movimiento comercial y de personas entre dos países integrantes del área.
Hubo intentos de encontrar una solución al diferendo. El presidente Vázquez se reunió en Santiago de Chile. el 11 de marzo de 2006, con el Presidente Kirchner y Vázquez hizo un llamado a la empresa Botnia para que suspendiera las obras durante 90 días, para continuar la búsqueda de una salida al diferendo La empresa dijo que no iba a dar este paso y fue apoyada por los partidos de oposición –el Colorado y el Blanco. Vázquez no insistió y, en sus intervenciones públicas, posteriores elevó su tono crítico al bloqueo y a la pasividad del gobierno argentino, creando un clima de “chauvinismo” que tuvo rápido eco a nivel de los medios de prensa y de amplios sectores populares donde subyacen viejas rivalidades originadas en la historia política de ambos Estados y en la esfera deportiva.
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos
A este problema puntual se agregaba otro de importancia estratégica mucho mayor: el camino para la inserción del Uruguay en el mundo.
Los partidos conservadores, Colorado y Blanco, a partir de la dictadura del Coronel Lorenzo Latorre, 1876-1879, el que fue colocado en el poder por los grandes ganaderos exportadores de lana y el gran comercio exportador e importador, alinearon sus relaciones económicas con Inglaterra que pudo concretar el papel de “Estado tapón”, asignado a Uruguay por la “Doctrina Canning” del imperialismo inglés cuyo objetivo era introducir una cuña entre Argentina y Brasil para no perder influencia en la región. Después de la Primera Guerra Mundial, Uruguay buscó ese apoyo externo en el imperialismo norteamericano.
La izquierda uruguaya, históricamente ha sido antiimperialista y en el siglo XX, como toda la izquierda latinoamericana, considera que el imperialismo norteamericano es el enemigo principal de estos pueblos.
No obstante, cuando el Presidente Tabaré Vázquez dio a conocer su gabinete, en febrero del 2005, apareció el nombre del señor Jorge Lepra para el Ministerio de Industrias. Lepra no tenía antecedentes políticos y menos en la izquierda. Se trataba de un ex gerente de la compañía petrolera norteamericana “Texaco”.
Pronto la incógnita quedó develada. Su tarea consistía en instrumentar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, tratado que Uruguay no podía firmar unilateralmente, al margen del MERCOSUR, pues las concesiones arancelarias violaban el Arancel Externo Común. El primer paso lo había dado el gobierno del señor Jorge Batlle (2000-2005), del Partido Ciolorado, que había preparado un Tratado de Inversiones, que envió al Poder Legislativo, en enero de 2005, para que lo pusiera en marcha el Frente Amplio que tenía mayoría absoluta en las cámaras. Es decir, que el conflicto sobre la planta de celulosa sirvió de “cortina de humo”, para una operación mucho mayor: una alianza estratégica con Estados Unidos a contrapelo de la integración continental antiimperialista.
El Presidente Mujica rectifica el rumbo de la política exterior
Durante la campaña electoral, el candidato del Frente Amplio a la Presidencia de la República, dio señales claras en sus viajes a la Argentina y los contactos extra oficiales que mantuvo con las autoridades argentinas, que su intención era recomponer las relaciones con el vecino país y dar un mayor impulso a la integración latinoamericana. Después de asumir, los tres países visitados donde expresó la voluntad política del nuevo gobierno, fueron Argentina, Brasil y Venezuela.
El encuentro presidencial de Anchorena, es el resultado de un trabajo de ambas cancillerías que prepararon una agenda de 27 temas, que expresa la voluntad de los dos gobiernos rioplatenses de seguir el rumbo marcado por la epopeya independentista hispanoamericana cuyo Bicentenario celebran los pueblos este año.
La Declaración de los presidentes Mujica y Fernández, y luego la conferencia de prensa, revelan la intención de abordar en común problemas energéticos, comerciales, militares, el dragado de los ríos fronterizos, y el monitoreo conjunto de la “salud” del Río Uruguay, entre otros. Este último en cumplimiento del fallo de la Corte de La Haya.
El bloqueo de los puentes queda librado a la “persuasión” política y social argentina. La Presidenta Cristina Fernández condenó el bloqueo pero señaló que su gobierno no utilizará la fuerza para reprimir siguiendo la política que ha trazado frente a todo los cortes. Señaló que la oposición de su país quiere empujar a su gobierno a la represión para luego escandalizar cuando aparecen las víctimas.
Los mandatarios se comprometieron a instrumentar en próximas reuniones los proyectos de la agenda concertada.
Ruiz Pereyra Faget
lunes, 24 de mayo de 2010
EL CAPITALISMO MÁGICO
Marx explicó su naturaleza y desarrollo en el Tomo III de “El Capital”. Le llamó “capital ficticio”- Cuarenta años después, Lenin subrayó su carácter dominante en toda una écoca, monopólico y parasitario- Samir Amin, coincidiendo con Lenin, ha definido la época de comienzos de este Milenio como de “Enfermedad Senil del Capitalismo”. La vida ha confirmado el análisis teórico de Carlos Marx Hoy, nada menos que el “Financial Times!” habla de una “mutación” del sistema, donde la actividad financiera sustituye “mágicamente” el proceso de producción basado en la obtención de plusvalía (D-M-D’ cede su lugar a D-D’, de acuerdo a la tesis marxista).
La solución teórica y práctica
Los economistas del sistema dominante –que es el de la clase dominante- sostienen que con mayores controles del Estado sobre las operaciones financieras, el problema está resuelto. También hay ilusos que defienden la idea de trabar con impuestos la actividad de los especuladores. Tendrían que releer a Marx para conocer la verdad.
La solución, como argumentaban Marx y Lenin, es otra: el derrocamioento de esa clase dominante por una revolución social, pero el camino, como ha demostrado la historia del siglo XX, es muy tortuoso. Entre tanto, marcharemos de crisis en crisis cada vez más profundas. y el antagonismo social y la lucha de las masas oprimidas, será cada vez mayor.
Los cerebros del sistema financiero
El corazón del sistema son los bancos. Cuentan con el respaldo de los bancos centrales. Los bancos nunca pierden: si están al borde de la quiebra saben que tienen al banco central como prestamista de última instancia y crédito muy barato “para que se recuperen”. Los banqueros y los políticos vinculados a las finanzas defienden la “independencia” de los bancos centrales. Es una gran mentira para engañar a incautos. Los presidentes de los bancos centrales en los países capitalistas desarrollados y también en países dependientes, son hombres que han hecho su carrera en la banca privada. Se proclaman “defensores de la estabilidad monetaria” pero, en realidad, fomentan la especulación de los bancos a los cuales están ligados.
Es tal el poder que tienen los bancos centrales –y a través de éstos los banqueros- que a su cargo está toda la política monetaria, incluyendo emisión, tasas de interés, crédito. Dejan al gobierno la política presupuestal que, para que no interfiera la política monetaria, debe asegurar, rigurosamente, el equilibrio entre ingresos y gastos.
En Estados Unidos y en la Unión Europea, se da más crédito a la opinión del presidente de la Reserva Federal y al presidente del Banco Central Europeo, que a los propios gobernantes. Alan Greenspan, presidió la Reserva Federal desde la década de los 80` hasta el 2005. Sus declaraciones ante el Congreso eran recibidas como se provinieran de un oráculo sagrado y las cadenas internacionales de televisión se encargaban de difundirla en todo el mundo para que todos los países ajustaran sus políticas a las previsiones y “consejos” del augur.
En la Unión Europea el asunto es aún más complicado porque, por un lado existe el BCE que dirige toda la política monetaria de los países que la integran y que carecen de soberanía en la materia. El francés J.C. Trichet, que representa a los banqueros alemanes y franceses, es el augur. Detrás de él aparece, en segunda plano, la Canciller de Alemania, Ángela Merkel,
Políticas monetarias y contradicciones
Frente a la crisis económica y financiera que afecta a Estados Unidos, la Unión Europea y el Japón, que aportan el 60% del Producto Bruto Mundial, los bancos centrales siguen políticas monetarias aparentemente distintas aunque, en verdad, están unidas por el mismo objetivo: salvar al capitalismo financiero.
Estados Unidos, que cuenta con el privilegio de una moneda de alcance universal que ha perdido, desde la década de los 70’, todo contacto con la economía real, la política monetaria expansiva y el déficit presupuestal están orientados a debilitar al dólar para hacer su comercio exterior más competitivo y poner límites al crecimiento, hasta ahora imparable, de su déficit de cuenta corriente que es insostenible a largo plazo, según los economistas.
La Unión Europea, por su parte, dirigida por el Banco Central Europeo, exige a los países con grandes deudas y déficits fiscales –que son la mayor parte- que pongan sus cuentas al día, imponiendo una contracción violenta de los ingresos y servicios sociales de los trabajadores. El cálculo de los financistas de que sólo en estas condiciones el BCE podría comprar parte de su deuda, ha fallado porque nadie cree que este plan de “shock” violento pueda resultar sin provocar un estallido social. Y esta desconfianza, en el éxito del “Plan de Estabilización y Crecimiento”, ha provocado la caída del euro, frente al dólar, de un 30% en pocos meses.
El Japón
En Japón, a su vez, padece el estancamiento económico, con altibajos, desde 1987 lo que, en las condiciones actuales del mundo, estaría marcando, también, su inexorable declinación como tercera gran potencia económica.
El imperialismo nipón fracasó en su intento de colonizar a China en el período 1936-1945 y al ser derrotado por el imperialismo norteamericano, en 1945, quedó sometido a las reglas que este le impuso. Su industria automovilística, de transportes y de bienes intermedios, a las que fue incorporando las tecnologías más avanzadas, tuvo como destino principal, el mercado de Estados Unidos. Pero la productividad en la agricultura y en la industria no manufacturera, a cargo de pequeñas y medianas empresas, cuya producción está dirigida al mercado interno, ha sido baja y subsisten por la elevada protección del Estado.
En la década de los 60 la economía japonesa creció a un ritmo febril del 10% anual. En la década siguiente las grandes corporaciones industriales y financieras eran importantes exportadores de capital directo y especulativo. Sus destinos fueron Estados Unidos y países asiáticos como Corea del Sur, Indonesia y Malasia. La rápida acumulación de dinero encontró, en la esfera interna, una vía de aplicación en la especulación inmobiliaria. Ésta se desplomó en 1987, iniciándose una inflexión en el proceso económico, creciendo los gastos del Estado en el salvataje de bancos, subsidios y previsión social.
La competencia de China y otros países asiáticos en las exportaciones al mercado norteamericano, intensificada a partir de los 80, es la causa principal de este estancamiento. No obstante, Japón acumula grandes reservas monetarias que provienen de sus exportaciones y de sus inversiones en el e4xtranjero. El envejecimiento de la población y la inseguridad en el futuro, motiva que los japoneses sean reacios al consumismo, siendo sus cuentas de ahorro muy abultadas. La necesidad de asegurar los servicios sociales básicos y los subsidios a la agricultura han llevado el endeudamiento del Estado al 200% del PIB y al consiguiente déficit fiscal. La política seguida por los gobiernos japoneses para mantener el equilibrio macroeconómico, es la inyección permanente del Banco Central de crédito a los bancos con tasas de interés próximas a cero. Con este dinero, los bancos compran los bonos de deuda del Estado, financiando el déficit presupuestal, modernizan sus plantas industriales exportadoras e invierten en el extranjero, alcanzando así amplios superávits en las balanzas comercial y financiera. La debilidad de su mercado interno y las restricciones del consumo norteamericano, están afectando sustancialmente el éxito de la política seguida en estos últimos veinte años. En el 2009, por primera vez en muchas décadas, la balanza comercial de Japón con Estados Unidos ha sido deficitaria.
Un cambio de época
La inestabilidad de las principales monedas –el dólar, el euro y la libra esterlina- y de las bolsas son jauja para los grandes especuladores financieros, pero también un indicador de la agonía del sistema.
El eje del capitalismo que tuvo como protagonistas principales a Inglaterra, en el siglo ZIX y a Estados Unidos en el siglo XX, al que se sumaron, después de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Europea y el Japón, entra en declinación progresiva y se desplaza hacia Oriente.
En este período se acentuarán las crisis económicas y aumentarán las tensiones políticas. El marco político mundial cuyo escenario principal es la Organización de las Naciones Unidas, será reestructurado, así como el sistema monetario. Pero estos cambios serán tenazmente resistidos por las potencias que hoy tienen la hegemonía
América Latina, por su menor desarrollo relativo y la precariedad de su proceso de integración, tratará de ser dividida por las políticas coordinadas de Estados Unidos y la Unión europea, acompañadas por las oligarquías nacionales que sólo buscan beneficios inmediatos. En consecuencia, no hay que alimentar ilusiones exageradas de sostener que mientras las economías de Estados Unidos, la Unión europea y Japón se hunden, vamos a escapar de la violencia de ese impacto. Brasil será el primero que lo recibirá y tras él le seguirán Argentina y el resto del continente.
Estas son algunas de las lecciones que nos ha ofrecido la convulsa historia contemporánea.
Ruiz Pereyra Faget
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